09 febrero 2011

¿Resucitará el Ares I?

Es muy pronto para decirlo, pero lo cierto es que la cosa tiene su gracia. Ya sabéis que el Ares I, el cohete que debería sustituir al transbordador para enviar astronautas a la órbita terrestre, agoniza desde que la administración Obama decidiera cancelarlo en base a las conclusiones del informe de la comisión Augustine, encargada de examinar la situación del programa espacial tripulado norteamericano. Pues bien, la cuestión es que ahora hay una propuesta que más o menos resucitaría el mismo concepto de lanzador… pero ejecutado por manos privadas, y rebautizado como Liberty.

Como recordaréis, la decisión tomada por la administración para ahorrar costes (que se habían disparado como si fueran en cohete, y disculpad el chiste fácil) fue cancelar el Ares I (para el que aún se preveía un largo camino lleno de obstáculos y sobrecostes) y a cambio solicitar a la industria privada que ofreciera a la NASA servicios de acceso a la órbita terrestre. Es decir, se abandonaba la idea de disponer de un lanzador propio, y a cambio se decidía incentivar a la empresa privada para que lo desarrollasen ellos y luego vendieran sus servicios, a modo de taxi espacial, a la NASA.

Pues bien, ATK, la fabricante de los aceleradores sólidos laterales del transbordador espacial, que formaban la base del Ares I, ha decidido no resignarse a perder su parte del pastel con la cancelación de este cohete, y ha optado por ofrecer a la NASA un derivado del mismo en colaboración con el gigante espacial europeo Astrium, del grupo EADS (grupo del que forma parte también Airbus, que seguramente os sonará más).

¿Qué ha hecho ATK? Pues nada: ha cogido lo que ya habían desarrollado con la NASA para el Ares I, es decir, un cohete sólido de 5 segmentos derivado de los de 4 segmentos del transbordador, y añadirle la etapa superior líquida faltante, que también formaba parte del diseño del Ares I. Sólo que esa etapa, que antes desarrollaba la NASA en base a un derivado de un antiguo motor J-2 del Saturn V (y, por tanto, de forma ajena a ATK) ahora la desarrollaría Astrium tomando como base el motor Vulcain 2 del Ariane 5.

En otras palabras: ATK se ha buscado un socio para seguir haciendo un Ares I “light” (porque tendrá algo menos de potencia que el original, debido a las menores prestaciones del motor Vulcain 2 frente al J-2X inicialmente previsto) y poder seguir optando así a un jugoso contrato que se le escapaba de las manos.

Claro que esto es una propuesta de una empresa privada más, y ahora le tocará a la NASA revisar las diferentes opciones que le vayan llegando y optar por la que mejor le parezca. Pero la propuesta de ATK no sólo tiene ventajas evidentes para esta empresa fabricante (y de rebote para la europea EADS), sino que también puede resultar atractiva para la NASA: por un lado, se seguiría adelante con el que era el proyecto ya en marcha, con lo que se aprovecharía buena parte del trabajo ya realizado, reduciéndose de esta forma los plazos y es de esperar que los problemas (ya que la mayoría ya habrían aparecido); y por otra parte, la NASA podría aprovechar también con mayor facilidad todas las infraestructuras ya en desarrollo en Cabo Cañaveral para el Ares I. Además, ATK ha jugado la baza internacional al incluir a Astrium, siguiendo así una de las recomendaciones del informe Augustine, la cual quedó también recogida en la declaración de intenciones de la Casa Blanca cuando dio respuesta al futuro de la política espacial norteamericana.

De momento todo esto no es más que una propuesta, y oficialmente no pasará de ahí ya que ni siquiera está formalmente cancelado el Ares I, debido a diversos obstáculos administrativos. Pero de ir adelante y resultar finalmente elegida esta opción, sería paradójico que la NASA cancelase el desarrollo de un determinado cohete, para acabar comprando ese mismo cohete (o parecido) a una empresa externa (porque, aunque antes también lo fabricara ATK, lo hacía como subcontratista de la NASA y el cohete era propiedad de ésta; ahora el cohete sería propiedad de ATK, que se lo alquilaría a la NASA). En fin, qué cosas… En cualquier caso, me parece que en estos momentos intentar adivinar por dónde va a ir el futuro del programa espacial tripulado norteamericano es más difícil que acertar los números de la primitiva… (Imagen: ATK)

2 comentarios:

pasandoporaqui dijo...

Javier, hay una cosa que no entiendo. Los costes de desarrollo son por algun motivo menores en manos de estas empresas?

Es que si no, asumiendo que estas no vayan a perder dinero, a la administracion le saldra el tema por costes+beneficio para un tercero, no?

Javier Casado Pérez dijo...

Ya, tienes toda la razón. No sé, es una cosa algo rara, la verdad. Yo creo que por encima de todo está la filosofía americana del "todo privado, nada estatal", bajo la hipótesis de que cualquier cosa sale más barata si la hace la empresa privada que si la hace el estado...
Por otra parte, se supone que con esta filosofía la NASA se ahorraría los costes de desarrollo, y los diluiría en el tiempo, ya que lo que haría sería comprar servicios. Es decir, la empresa privada debería asumir el desarrollo y luego vender los servicios de su lanzador (a un coste que le permita amortizar el desarrollo y además tener beneficios). De esta forma, el coste para el estado, aunque mayor a la larga, se diluye en el tiempo y se pasa la inversión a la empresa privada. Pero lo cierto es que esto tampoco me lo creo: no me creo que una de estas empresas vaya a asumir los riesgos de una inversión así por las buenas; al final habrá subvenciones, pagos encubiertos... en fin, que al final la empresa privada sacará el dinero para ese desarrollo probablemente también del estado. En fin, estas cosas son muy complejas, pero básicamente estoy de acuerdo contigo.