26 junio 2008

Los beneficios de invertir en el espacio

Muchas veces se habla sobre los diferentes beneficios que tiene la inversión en el espacio. Están, por supuesto, los beneficios directos de las actividades comerciales o de aplicaciones (satélites de comunicaciones, turismo espacial…), pero también tenemos los claros beneficios sociales en otros casos, que a menudo pueden suponer también ventajas económicas (satélites meteorológicos, prevención de catástrofes, etc). También están las ventajas otorgadas por los conocimientos científicos en aquellas misiones que tengan la ciencia como objetivo, pero aparte de todos estos beneficios directos, muchas veces se alude también a beneficios indirectos. Habitualmente se habla de los “spin-off”, algo así como “beneficios derivados”, aludiendo a la utilización en la vida cotidiana de tecnologías desarrolladas para el espacio, pero también es frecuente aludir a otro beneficio intangible: la posible motivación que la actividad espacial puede provocar sobre la juventud del país que la lleva a cabo, promoviendo un mayor interés hacia los estudios de tipo técnico o científico, lo cual puede redundar en beneficios para el país. Todo esto ya lo comenté más en profundidad aquí, pero lo que me ha llamado la atención hoy, lo que me ha movido a escribir esta entrada, es que parece que este último beneficio intangible se ha demostrado claramente en los últimos días. Y de forma realmente sorprendente.

Me refiero a los resultados recientemente publicados por la ESA sobre los candidatos que se han presentado a la convocatoria para nuevos astronautas. Se trata simplemente de estadísticas sobre las personas que se han presentado, no se trata de ninguna preselección. Lo que me ha llamado extraordinariamente la atención es que el porcentaje de candidatos por nacionalidades refleja de forma prácticamente exacta el porcentaje de participación de cada país en la ESA. Me parece tremendamente revelador.

No me hubiera extrañado demasiado ver algo así en los resultados finales de la selección, ya que, aunque ésta se basa teóricamente en criterios objetivos, estoy convencido de que los criterios políticos también cuentan al elegir, en forma de cierto nivel de representación de los diferentes países miembros dentro del cuerpo de astronautas de la agencia. Pero aquí no hablamos de eso, aquí no hay ningún filtro impuesto por nadie: los datos muestran simplemente el interés entre la población de cada país por ser astronauta.

Pues bien, como podéis ver en la página de la ESA, el 22% de los candidatos son franceses, el 21% alemanes, el 11% italianos, casi el 10% británicos, y un 9,4% españoles. El ranking es exactamente el mismo que el de los niveles de participación de cada uno de estos países en la agencia. Incluso los valores se aproximan bastante al porcentaje de cada uno de estos países en los presupuestos de la ESA. Impresionante.

¿Qué extraemos de aquí? Pues que lo que en su día planteaba como una posibilidad no demostrable, parece demostrarse: el nivel de involucración de un determinado país en el espacio se refleja de forma directa en el interés de su población por esta actividad. Es decir, la inversión en el espacio se transforma de forma casi directa en interés de las personas por la ciencia y la tecnología espacial. Demostrado.

Bueno, quizás la conclusión no sea tan directamente extrapolable, en realidad. Estos porcentajes de candidatos habría que valorarlos en base a la población de cada uno de estos países. Es decir, deberíamos obtener para cada país el porcentaje de candidatos con respecto a su población, y ver si se mantienen estos resultados, para poder ser rigurosos en las conclusiones. Lo he hecho y sale el siguiente ranking (número de candidatos por millón de habitantes): Francia 29,4, Alemania 21,8, España 17,6, Italia 15,8, y Reino Unido 13,6.

Vemos un curioso cambio, y es que España sube un par de puestos en el marcador (por poco, también es verdad), pero por lo demás se mantiene la tónica general, y sobre todo se mantienen destacados los mismos dos países que también estaban destacados en la comparación anterior, y que también destacan por sus grandes aportaciones a la ESA.

En resumen, creo que las conclusiones se mantienen. Quizás podríamos sacar otra de esta segunda comparativa, aunque los datos no me parecen suficientemente sólidos como para decirlo categóricamente: quizás el hecho de que no existan astronautas ingleses (el Reino Unido no participa en los programas tripulados de la agencia) haga que el interés hacia el espacio en aquel país sea inferior al que hay en España, donde tenemos el referente de Pedro Duque. Puede ser, aunque ya digo que esto habría que tomarlo con pinzas, es sólo una hipótesis.

En cualquier caso, no sé para vosotros, pero para mi esto no hace más que corroborar que la inversión en el espacio es rentable. En todos los sentidos. (Foto: ESA)

2 comentarios:

Redferne dijo...

Una reflexión muy interesante, aunque para medir la aportación de cada país a la ESA no estaría de más compararla con su PIB o algún otro baremo, que iguale un poco el "interés" que pone en la misma cantidad de dinero. Para cosas estadísticas de ese tipo te recomiendo mucho hablar con Josu de www.malaprensa.com.
Me temo que dicha aportación seguro que también tiene importancia si los paises tienen agencia espacial propia o similares ¿no?

Javier Casado Pérez dijo...

La aportación de los países miembros a la ESA se rige por unos criterios que ya comenté aquí (http://fjcasadop.blogspot.com/2007/01/espaa-finalmente-apuesta-por-el-espacio.html), pero que recordaré rápidamente: existen los programas obligatorios, en los que cada país aporta el porcentaje que le corresponde en base a su PIB, y los programas facultativos o voluntarios, en los que cada país puede decidir si participa o no, y en qué cuantía. Hay países que equilibran su participación en ambos tipos de programas, dando como resultado global un porcentaje de participación similar al que les correspondería en base a su PIB, países "rácanos" que aportan poco a los programas facultativos, dando como resultado una participación global inferior a la que les correspondería por su PIB, y países "listos" (sí, los calificativos son completamente subjetivos y tendenciosos, lo sé) que aprovechan los programas facultativos para conseguir una participación global superior a la que les correspondería. No olvidemos que los retornos industriales son proporcionales a la participación, así que una mayor participación suele resultar atractiva para los países "listos".

España ha estado tradicionalmente entre los países "rácanos" (al menos no digo "tontos"), mientras que Bélgica siempre ha sido de los "listos". Como comentaba en el artículo que enlazaba al principio del comentario, afortunadamente desde hace tres años España se ha propuesto alcanzar el nivel que le corresponde en la ESA, y nuestra participación ha ido aumentando en estos años con el objetivo de llegar al nivel que nos corresponde a finales de 2008. No llegaremos a situarnos dentro de los "listos", pero al menos dejamos por fin de ser "rácanos" pasando a "neutros".

¡Saludos!