04 noviembre 2008

Se veía venir… (el Ares y sus problemas, otra vez)

Se veía venir: un estudio independiente realizado por una comisión del Congreso norteamericano ha concluido que el desarrollo del cohete Ares-I de la NASA se enfrenta a un probable retraso de al menos año y medio sobre la última fecha oficial de entrada en servicio (marzo de 2015), la cual ya acarreaba un año de retraso frente a la fecha planteada al lanzamiento del proyecto (2014).

Y no sólo eso, sino que el sobrecoste que supondría intentar evitar este último retraso se elevaría a 7.000 millones de dólares sobre el presupuesto del programa. Eso sólo para meterlo en fechas, sin contar con hipotéticos sobrecostes que puedan aparecer por otras razones.

Entre los problemas encontrados por la comisión en el proyecto, me ha llamado la atención ver que se apunta a “la incapacidad de la NASA para desarrollar y fabricar escudos térmicos efectivos para el Orion dentro de la planificación de desarrollo actual”. Me parece muy fuerte, muy agresivo hablar de la “incapacidad de la NASA”, aunque la frase encaja muy bien con lo que Daniel Marín apuntaba en su blog hace cosa de un mes…

El estudio revela (yo no había encontrado confirmación desde que anuncié aquí que estaba en consideración, hace cosa de un año) que la NASA ya ha renunciado a que el Orión realice un aterrizaje sobre tierra firme, optando por el amerizaje como opción nominal (la tierra firme queda como opción de emergencia, como ocurrió en proyectos anteriores de la agencia). Esto aligera el vehículo, pero impone severas restricciones: por un lado, encarece las misiones debido al mayor apoyo logístico requerido para un amerizaje; y, por otra parte, dificulta enormemente (encareciéndolo también en buena medida) la reutilización de la nave, debido a lo duro de las condiciones marinas (entorno altamente corrosivo). Mala cosa para conseguir un sistema espacial económico.

En respuesta a este informe, el Jefe de Proyecto del Ares I ha declarado en rueda de prensa que “El cohete Ares I es un diseño sólido que no sólo cumple los altos niveles de seguridad requeridos para un vehículo tripulado, sino que está dentro de presupuesto y plazos y cumple los requisitos de prestaciones con margen”. En otras palabras, lo que viene a decir es: “el informe del comité del Congreso es una mentira cochina”. Algo huele mal en todo esto…

Para terminar, por si todo esto fuera poco, la ex-astronauta Eileen Collins, actual miembro (¿o “miembra”?) del Consejo Asesor de la NASA, ha revelado que, entre las opciones en estudio para simplificar el diseño e intentar paliar los múltiples problemas a los que se enfrenta el proyecto (y de los que ya hablábamos últimamente por aquí), se encuentra la de reducir el objetivo del proyecto Constellation a un simple lanzador y vehículo para subir a la órbita terrestre baja, eliminando cualquier capacidad para llevar a cabo misiones lunares (y mucho menos marcianas). Por ahora sólo es una de las opciones a considerar, pero malo es que ya se planteen la posibilidad de renunciar a una de las premisas básicas del proyecto…

Lo dicho: se veía venir…

12 comentarios:

Gabriel Garcia Sagario dijo...

Hola Javier desde hace un tiempo sigo atentamente tu blog. Lo encuentro realmente interesante. Qería mencionar la sorpresa que me causa que la NASA vuelva, aparentemente, a optar por el amerizaje como mecanismo standar de recuperación de las tripulaciones. Tu mencionabas los aspectos estrictamente tecnicos de la opción por el amerizaje. Sin embargo me interesa señalar los aspectos relativos a la seguridad que ello conlleva: sin dudas son mas peligrosos que los aterrizajes. En definitiva es una locura ir a caer en medio del océano no?.
Excelente el blog.

Desde Montevideo, Uruguay,

Gabriel.-

Javier Casado Pérez dijo...

Bueno, no sé qué decirte... Por un lado, si consideramos la posibilidad de caer en un área remota donde los equipos de tierra tarden bastante tiempo en llegar (o incluso en ser capaces de localizarlo, si por ejemplo fallasen los dispositivos de localización y de comunicaciones), sí, siempre es más complicado sobrevivir en medio del océano que sobre tierra firme. Pero teniendo en cuenta otras consideraciones, no veo grandes diferencias en cuanto a seguridad.

No me estoy refiriendo a la hipotética ventaja de caer sobre un medio más "blando" que el duro suelo. Esto, que sirve para aligerar el vehículo al eliminar la necesidad de un eficaz sistema de amortiguación, no es tan relevante de cara a la seguridad: al fin y al cabo, en un retorno sobre tierra aunque fallase ese sistema (retrocohetes, por ejemplo), el diseño de la nave debería permitir que los ocupantes fueran capaces de sobrevivir al impacto, aunque fuese algo magullados (ejemplos de esto lo hemos tenido en algunos aterrizajes de naves Soyuz a lo largo de la historia). Así que más que de seguridad, esto sería en cierto modo una cuestión de confort (bueno, algo más que eso... digamos de "salud", pero sin llegar a hablar de peligro de muerte).

Pero aparte de esto, el mar puede tener otras ventajas desde el punto de vista de la seguridad: en un descenso de emergencia sobre tierra firme, sin control sobre el punto de aterrizaje, podemos encontrarnos con serios disgustos: ¿qué pasa si la nave cae sobre la empinada ladera de una montaña? ¿si rueda hasta el borde de un barranco, despeñándose decenas de metros? Esto ha estado a punto de ocurrir en alguna ocasión... Y recordemos también el descenso de la Soyuz 23 sobre un lago helado, situación aún peor que sobre el mar, y con los equipos de rescate incapaces de alcanzar la nave...

(Inciso publicitario: Aprovecho para recordar que estos incidentes y muchos otros los tenéis relatados en profundidad en mi libro "Houston, tenemos un problema")

En fin, que no veo tan claro que una opción sea claramente mejor que la otra desde el punto de vista de la seguridad, cada una tiene sus pros y sus contras.
¡Saludos!

Juan Antonio Fernández dijo...

Extrapolando, estamos a comienzo de los 60. En mi opinión, veo bien usar el amerizaje con motivo de no disparar los sobrecostes. Teniendo claro que una vez en marcha, habría que estudiar la posibilidad de aterrizar en seco. Esto ahorraría costes en el mantenimiento del programa (principal verdugo de la lanzadera).

Por otra parte, la pérdida de conocimientos ("cocineros") del programa Apolo es normal, dadas las circunstancias. Me pregunto cuánto habrá que "reestudiar", cuánto dinero y tiempo habrá que reinvertir para reinvestigar esos pequeños detalles no documentados... Se veía venir.

Juan Antonio Fernández
-The Mars Society España-

Javier Casado Pérez dijo...

No veo tan clara la posibilidad de empezar con amerizaje para cambiar a aterrizaje sobre suelo en el futuro. De hecho, la veo bastante improbable, ya que al parecer el motivo para elegir el amerizaje no es un ahorro de costes de desarrollo al prescindir del sistema de amortiguación, sino el ahorro de peso que representa la ausencia de dicho sistema. El origen estuvo en que empezaba a peligrar la capacidad del Ares-I para poner en órbita la nave Orión, y hubo que aligerarla. Por tanto, si en el futuro se implantara el sistema, conllevaría un sobrepeso que probablemente implicaría la necesidad de un lanzador más potente... En otras palabras, creo que no sería una opción viable.
¡Saludos!

Daniel Marín dijo...

Hola. Discrepo con Juan Antonio en que sea normal la pérdida de conocimientos "cocineros";-). Las tecnologías evolucionan, la gente muere, los métodos de producción cambian, sí, en eso estamos de acuerdo. Pero la tecnología de escudos de ablación lleva empleándose décadas en los EE UU, especialmente por los militares en los MIRV (cabezas nucleares), así que realmente no entiendo una pérdida del know-how tan grande.

¡Saludos!

Javier Casado Pérez dijo...

Hummm... Ahí discrepo yo también. Cada misión tiene sus características y sus necesidades, y en concreto los escudos de las cabezas nucleares no tienen nada que ver con los de una misión espacial. Una cabeza nuclear realiza reentradas balísticas a partir de una trayectoria suborbital, mientras que una misión como la del Orión tiene una reentrada con sustentación (aunque debería ser capaz de realizar reentradas balísticas, por seguridad) desde una trayectoria de escape (para misiones lunares o interplanetarias). Cambia el tiempo de exposición, las velocidades, etc, y al final el escudo es diferente.

También podemos decir que la NASA lleva años enviando misiones a Marte que también necesitan estos escudos térmicos, pero estamos en lo mismo: la atmósfera de Marte es muy diferente en densidad y composición (la composición también influye, ya que el 50% del calor generado se debe a reacciones exotérmicas que tienen lugar en el plasma junto al escudo térmico).

Evidentemente, los conocimientos existen: quien sabe hacer un escudo para unas condiciones, debe saber hacerlo para otras. Y estoy seguro de que en la NASA "saben" hacerlo. Lo que pasa es que una cosa es saber cómo llevar a cabo un programa de desarrollo para crear algo "nuevo" (o al menos nuevo para el equipo actual, que es el caso), y otra cosa es echar mano de lo que ya se aprendió en su día, ahorrándose mucho tiempo y dinero. Eso es lo que falta.

Otra cosa es que sea o no asumible, o criticable, la pérdida de esa experiencia...

juan antonio fernández dijo...

Genial, todos discrepamos con todos (esto me gusta ;-)

Daniel, no digo que la pérdida de conocimientos sea normal. Digo que es normal en este caso (el del Apolo).

Javier, entiendo la opción del amerizaje. Supongo que la opción de amerizar será más barata a largo plazo que la de realizar modificaciones en el diseño del Ares-I para incluir más peso.

Juan Antonio Fernández
-The Mars Society España-

Javier Casado Pérez dijo...

A largo plazo, la opción del amerizaje es más cara que el aterrizaje sobre tierra firme, se encarece el coste por misión. Pero sí, por supuesto es mucho más barato eso que modificar el lanzador para aumentar su potencia de forma que pueda asumir ese sobrepeso; eso sí que sería carísimo.

Fernando dijo...

Yo la verdad es que no veo tan normal esa pérdida de información.

Primero, porque supongo que habrá un edificio entero lleno de documentos técnicos sobre los Saturn (p. ej.), que alguien podría tener a bien releerse. Pero es que además, estamos hablando de hace 40 años: muchos de los que participaron como jóvenes, ahora serán experimentados ingenieros.

La verdad es que es un tema que siempre me he preguntado: si ya se ha hecho, cómo es que ahora no puede repetirse.

Javier Casado Pérez dijo...

No es que se haya perdido la información, sino la experiencia. Es decir, los documentos seguro que están, habrá planos, etc, pero falta el conocimiento de los detalles, lo que sólo se aprende con la práctica a base de errores. Y eso es lo que les toca repetir... los errores, hasta acertar.

Por poner un ejemplo sencillo, volviendo a la receta y los cocineros: por mucho que tengas escrita la receta, si has perdido al cocinero que la inventó tendrás problemas en duplicarla. ¿Cuánta sal le echas? ¿Cómo de espesa debe quedar la salsa? ¿Se hace mejor en sartén o en cacerola? La receta te dice lo fundamental, pero esos detalles se aprenden únicamente de la experiencia, probando. Si el que sabía hacerlo no te lo cuenta, te toca experimentar hasta acertar con el punto...

En cuanto a que esos ingenieros seguirán por allí, me temo que muchos no. La "desapolinización", como la llama Daniel, costó su puesto a millares de técnicos. Y muchos de los que quedaron ya se habrán jubilado, han pasado 40 años...

Anónimo dijo...

Creo sinceramente que los EEUU en este tipo de empresas no carecen precisamente de experiencia por mucho que halla cambiado la época.

Como indicas Javier es cierto que tendrán que volver a cometer errores para solventar problemas, pero serán NUEVOS problemas.

Me explico. Por ejemplo por mucho tiempo que halla pasado, me juego lo que sea a que los filtros de aire de los módulos de mando y servicio tendrán (esta vez sí) la misma forma. Este tipo de problemas "severos" junto con muchísimos más estarán en la mente de todo ingeniero del proyecto Orión. ¿Qué saldrán otros problemas a lo largo del programa? Claro que sí, pero NUEVOS.

Saludos.

Javier Casado Pérez dijo...

Sí, estoy de acuerdo. Y de hecho, en cada nuevo desarrollo siempre aparecen nuevos problemas, eso siempre es así en este mundillo. De lo que hablábamos antes era únicamente del escudo térmico del Orión; que también estoy convencido de que no valdría con copiar idénticamente el del Apollo, porque el perfil de la misión también es ligeramente distinto, cambia el tamaño, han cambiado los procesos de fabricación, etc. Simplemente hacíamos referencia al problema que supone haber perdido mucho "know how" con los expertos que han abandonado la agencia sin traspasar sus conocimientos a las nuevas generaciones. Una cosa son las "lecciones aprendidas", como lo de los filtros, otra cosa son los consejos de la experiencia, como cuando a alguien se le ocurre hacer algo nuevo, y el experto le dice: "no sigas por ahí, eso lo intentamos en el 63 y no funcionó porque...". Esas cosas son las que se han perdido en buena medida, y a menudo no están escritas en ningún sitio. Como decía al principio, no es exclusivo de la NASA, pasa en todos lados.