16 septiembre 2008

Las tribulaciones de un administrador en horas bajas (…o cómo mantener la presencia norteamericana en el espacio sin morir en el intento)

El Administrador de la NASA Mike Griffin lo está pasando mal. No es que sienta especial lástima, ya que ése es su trabajo (no pasarlo mal, pero sí gestionar su organización, y ello incluye enfrentarse a los problemas), por el cual le pagan muy bien. Pero está claro que su cuesta abajo en la dirección de la agencia está poniéndose cada vez más empinada. Digo "cuesta abajo" porque ya sabemos que el de Administrador es un cargo político elegido por el presidente, y que con el cambio en la Casa Blanca suele venir un cambio en la dirección de la agencia espacial. Pero sobre todo es cuesta abajo porque, a pesar de los problemas sufridos en los últimos años (escasez de presupuestos, problemas en el desarrollo del Ares...), creo poder decir que nunca se había enfrentado a problemas tan serios como los actuales.

Griffin está jodido. Perdón por la expresión, pero lo está. Y lo ha reconocido casi con todas las letras en un correo electrónico interno enviado su sus más directos colaboradores, que se ha filtrado a la prensa (yo alucino... envías un correo sincerándote a los que consideras tus colaboradores más cercanos, y alguno de ellos va y se lo pasa a la prensa. Pá matarlo, al que haya sido...).

En su correo, Griffin se lamenta amargamente de la situación actual: hay una orden administrativa para retirar el Shuttle en 2010 (Griffin dice que lo que hay no es una decisión técnica o de gestión, sino toda una “jihad” para retirar el Shuttle en esa fecha y dejar languidecer la estación espacial); por otra parte su sustituto, el Ares-Orión, no estará listo hasta 2015 como muy pronto; y la única salida posible, que es enviar a los astronautas americanos entre 2010 y 2015 a la ISS a bordo de la nave rusa Soyuz, está severamente amenazada por la situación en Georgia. Como ya comentamos aquí, la situación actual no es la mejor para pedir al Congreso que apruebe la compra de más asientos en las Soyuz… Griffin se reconoce absolutamente pesimista al respecto, no tiene esperanzas de recibir dicha aprobación por parte del Congreso; una aprobación que, para colmo, debería conseguirse en el curso de las próximas tres semanas por razones de calendario. Y con un Congreso a punto de disolverse y con su atención centrada en los mazazos que la crisis económica está dando al país en los últimos tiempos, no parece que haya mucha receptividad para dedicar la atención a estas cosas del espacio, y menos si ello implica pagar dinero a los “indeseables” rusos. “Los rusos no van a salir de Georgia pronto, desde luego no antes de las elecciones. Y si no lo hacen, el INKSNA [la autorización para comprar asientos en las Soyuz] está muerto antes de nacer”.

Para Griffin, la situación es un callejón sin salida, y pase lo que pase, será malo. Como decía, está convencido de que la solución de alquilar a los rusos su Soyuz está descartada, y las alternativas son a cual peor. A partir de 2011, cuando venza el acuerdo actual con Rusia, los astronautas norteamericanos se quedarán sin acceso a su propia (en parte) estación espacial durante 4 ó 5 años. No sólo los Estados Unidos no tendrían presencia humana en el espacio en ese periodo, sino que serían 4 ó 5 años sin utilizar una infraestructura en la que han invertido 50 millardos de dólares. Ante esta perspectiva, para Griffin está claro que el próximo presidente tomará la decisión de extender la vida del Shuttle más allá de la fecha prevista de retiro en 2010. “Nos dirán que extendamos el Shuttle. No hay otra solución sostenible políticamente”. Según él argumenta, es la salida más sencilla desde un punto de vista político: no cuesta demasiado dinero ni esfuerzo, y permite “salvar la cara” ante la opinión pública. Está convencido de que ésta será la acción tomada por el próximo mandatario estadounidense, sea quien sea.

Pero esta salida es bastante inoperativa en la práctica. Por una parte, porque no permite una presencia realmente efectiva de astronautas norteamericanos a bordo de la estación (luego lo explico), y por otra, porque esto amenazaría seriamente el proyecto del alma de Griffin, la vuelta a la Luna. El Administrador se teme que la decisión de extender el Shuttle se tomará sin que probablemente implique cambios en los presupuestos de la NASA, lo que significa que para sufragar los costes que supone mantener el transbordador en activo, el programa Ares-Orión y su continuación lunar se alargarán de forma indeterminada. Y todos sabemos que si un programa de este tipo no aprovecha el ímpetu inicial y empieza a demorarse en el tiempo, corre grave peligro de terminar olvidado y cancelado.

Como decía, mantener en servicio el Shuttle realmente sirve de poco: si los astronautas norteamericanos quieren pasar largas temporadas en la ISS, como se ha hecho hasta ahora, necesitan de la Soyuz como vehículo de emergencia, aunque hayan subido a la estación a bordo de un transbordador. El Shuttle no puede permanecer amarrado al complejo mucho más de quince días, por lo que, pasado este periodo, los norteamericanos necesitarían contar con la Soyuz como sistema de seguridad, como vehículo de escape para emergencias. Ello les obligaría a reservar asientos en las naves rusas, lógicamente pagando por ellos, lo cual es justamente lo que está pendiente de la aprobación del Congreso que tan incierta se ve a día de hoy. Es decir, aunque no se “compren billetes” de subida en los Soyuz, hay que “comprarlos de bajada”, por si acaso, incluso aunque al final se termine bajando también en otro transbordador. La alternativa es realizar misiones de sólo 15 días de duración, y eso sería poco más que imagen: en ese tiempo, poco puede explotarse el potencial científico de la estación. De hecho, para eso no hace falta estación: ya a bordo del Shuttle se pueden realizar misiones de experimentación en microgravedad por esos cortos periodos de tiempo sin más que equipar la bodega con un módulo laboratorio, como se ha hecho en múltiples ocasiones. Sería bastante absurdo.

Así que Griffin se teme que los políticos le van a obligar (a él o a su sucesor) a mantener en activo el Shuttle para nada (al menos para nada efectivo), amenazando por el camino con cargarse su proyecto fetiche de exploración lunar. “Ellos no ven lo que esto significará para el liderazgo norteamericano en el espacio en el largo plazo. E incluso si lo vieran, tienen un problema en el corto plazo que deben resolver. Volar el Shuttle es la única forma de resolverlo”. Y admite que es una situación que ellos mismos se han buscado, al permitirse depender hasta extremo de los rusos, y al mismo tiempo al no haber puesto en su momento el suficiente dinero como para desarrollar el Ares-Orión en el menor tiempo posible; reconoce también, como ya lo ha hecho en otras ocasiones, que ahora ya es demasiado tarde para acelerar su entrada en servicio, por mucho dinero que se pusiera.

Aunque no lo menciona en su mail, yo añadiría que la situación actual se la buscaron hace ya bastantes años, cuando los Estados Unidos decidieron unilateralmente recortar drásticamente su participación en la Estación Espacial Internacional, cancelando (entre otros) el desarrollo del vehículo de rescate de tripulaciones (CRV) que formaba parte de su aportación al proyecto. Si este vehículo no hubiese sido cancelado para ahorrar costes (cuando ya se había avanzado en su diseño, recordad el X-38, por ejemplo), hoy los norteamericanos no tendrían que alquilar asientos en las Soyuz para evacuaciones de emergencia. El CRV no hubiera servido para subir astronautas a la estación, pero en combinación con una extensión de vida del Shuttle como la que ahora empieza a plantearse, solucionaría el problema.

Pero no, en aquel momento se decidió cancelar el CRV para ahorrar costes, y a cambio se decidió pagar a Rusia para utilizar los servicios de sus naves Soyuz como vehículos de emergencia. Una decisión técnicamente mala: la Soyuz sólo cuenta con tres asientos, mientras que el CRV iba a tener siete; un CRV permitiría, por tanto, evacuar a toda la tripulación de la estación, mientras que con las Soyuz se necesitarían dos vehículos para evacuar a una tripulación reducida de sólo seis miembros. La decisión costó dinero (pago a Rusia por sus servicios, y aumento de costes operativos al precisarse dos vehículos en lugar de uno, con sus dos lanzamientos asociados) y restó operatividad (la tripulación de la ISS quedaba restringida a un máximo de 6 miembros). Y ahora puede costar aún mucho más.

Griffin hace también un comentario curioso, que no tiene mucho que ver con el resto, pero que parece reflejar lo ciegos que deben estar algunos norteamericanos con respecto a su papel en la Estación Espacial Internacional. Griffin, sensatamente, intenta quitar la venda a estos ilusos: “No creo que los rusos admitan nunca (ni siquiera creo que ellos se lo crean) que nos necesitan para operar la ISS. Sí, podríamos tomar acciones para secuestrar la ISS, o para impedirles usarla; el tema de la gestión energética, por ejemplo [la mayor parte del suministro eléctrico a la estación proviene del segmento norteamericano]. Pero no tomaremos esas acciones. Hablando en términos prácticos, los rusos pueden sostener la ISS sin tripulación americana siempre y cuando no les saboteemos activamente, lo cual no creo que vayamos a hacer nunca, excepto en caso de guerra. Así que no voy a defender el argumento de que la “dependencia” funciona en ambos sentidos. Nosotros los necesitamos. Ellos a nosotros no.”

Su mail termina expresando claramente su estado de ánimo: “estoy abierto a otros puntos de vista, en parte porque el mío es todo lo pesimista que puede ser”. ¿No os lo decía al principio? Sí, Griffin está jodido. Y el que ha filtrado el mail es un cabrón con pintas… (perdón, no me he podido resistir). (Foto: Eliot J. Schechter/Getty Images)

14 comentarios:

Joan dijo...

Hola,

Por cierto, sabes porque el transbordador no puede estar mas de dos semanas pegado a la ISS?

Saludos,

Anónimo dijo...

Cuando Griffin dice que la Orión no puede acabarse para antes del 2015 ni inyectando una cantidad de dinero infinita, no creo que sea del todo cierto. De acuerdo, él es el jefazo de la NASA, tendrá información que nadie más en el mundo poseerá pero si nos fijamos en lo ocurrido con el proyecto Apollo cuando prácticamente doblaron el presupuesto de la agencia de la noche a la mañana... Creo sinceramente que metiendo pasta a tutiplén pueden terminarlo para bastante antes.

Saludos.

Anónimo dijo...

joan,

la principal limitación proviene de las células de combustible.

un saludo.

Javier Casado Pérez dijo...

Joan: como comentan arriba, la limitación se debe a la capacidad de sostenibilidad de los sistemas del transbordador; por ejemplo, la duración de las células de combustible, encargadas de suministrar energía eléctrica al aparato. En realidad el periodo se podría alargar algo más de 15 días, pero no mucho más. Por ejemplo, equipando la bodega del transbordador con el "módulo de extensión de misión", consumibles adicionales para extender el tiempo en órbita. También no hace mucho se estableció la posibilidad de que el transbordador se alimente de la energía eléctrica de la estación durante su acoplamiento con ella, alargando así la duración de las células. Pero al final, sean 15 días ó 20, hablamos siempre de un tiempo bastante limitado.

Anónimo: yo estoy de acuerdo con Griffin, y no en este proyecto, sino en todos (lo he vivido en varias ocasiones). Es una cuestión de tiempo, del momento en el que se tome la decisión. Hay momentos de un proyecto en los que meter más dinero (es decir, más medios, más gente, etc) puede acelerar considerablemente el proyecto; pero a partir de cierto momento, no hay nada que hacer. Hay procesos industriales que no se pueden acelerar por mucho que pagues; y hay operaciones que no admiten más operarios por encima de un número. PAra diseñar una pieza no puedes poner a 4 personas; para montar un mecanismo de 10 cm, tampoco. Son ejemplos sencillos y simples, pero es la vida real, y ya te digo que sucede en cualquier proyecto: a partir de determinado momento, lo que no se haya hecho ya por acelerarlo, ya no se puede hacer.

monsieur le six dijo...

Evidentemente, es un puro problema de presupuesto, o sea, de dinero.

La experiencia demuestra que apostar a medias por algo no funciona: o te metes o no te metes, y esto vale para cualquier proyecto. EE.UU. decidió tirar p'alante con la ISS sin demasiada convicción, y ahora se encuentran con que se van a quedar descolgados del proyecto. Como bien señalas, el tema de tener una nave que pueda subir, quedarse acoplada un tiempo importante y bajar, es vital, y ahora mismo la Soyuz es la única capaz de eso. No quisieron invertir, pero tampoco quisieron retirarse, y ahora resulta que o se retiran y pierden la inversión, o meten mucho más presupuesto para seguir "a medias" y siempre dependiendo de otros.

Personalmente, yo no mantendría el transbordador, ya no tiene sentido. Más vale que avancen con el Orion, para tenerlo listo lo antes posible, y mientras tanto, a alquilar asientos. No hay otra.

Javier Casado Pérez dijo...

Totalmente de acuerdo, especialmente con lo último: a alquilar asientos, que no hay otra. Y en la NASA lo saben. Por eso han comenzado una fuerte campaña de presión en círculos del Congreso, intentanto hacer "lobby" con congresistas y senadores afines a sus puntos de vista para defender la aprobación de dicha compra de asientos. Están echando toda la carne en el asador para intentar conseguir convencerlos de que voten que sí... pero como ves, a pesar de todo Griffin lo ve crudo.

monsieur le six dijo...

Sí, la verdad es que están bien jodidos, con perdón, pero la culpa es suya. Para mí todo esto viene de haber apostado por una política errónea en el espacio, desde los tiempos de la competencia Salyut vs. Skylab. Por las razones que fueran, los rusos siguieron apostando por las estaciones espaciales como eje de su estrategia, mientras los americanos las abandonaban y confiaban en un transbordador que en teoría les iba a salir más económico porque es reutilizable. El tiempo ha demostrado que la estrategia correcta era la rusa, porque por muy reutilizable que sea el transbordador, sigue siendo bastante caro, y el aprovechamiento es limitado (sólo mientras dura el vuelo); en cambio, en una estación, los astronautas trabajan permanentemente, no sólo durante el tiempo del vuelo, con lo que se le saca mucho más rendimiento.

Que la astronáutica mundial apostase por el proyecto ISS es precisamente una muestra de que los rusos habían acertado, puesto que a fin de cuentas no es más que un paso más de la MIR. Con la ISS los rusos sólo tenían que seguir haciendo lo de siempre: subir astronautas, dejarlos allá un tiempo haciendo cosas, y bajarlos con las soyuz. Los americanos, en cambio, se encuentran con que de pronto toda su política queda anticuada. Como bien señalas, ¿para qué subir en él a hacer experimentos unos pocos días cuando hay una estación permanente donde hacerlos durante más tiempo? El transbordador pasa entonces a ser una simple nave de carga que no hace nada que no puedan aportar los rusos, mientras que, en cambio, los rusos sí pueden hacer cosas que el transbordador no puede.

Ahora, con la idea de volver a la Luna, creo que vuelven a equivocarse; pero no porque ir a la Luna sea malo, sino porque una vez más, sólo apuestan a medias. Con un presupuesto limitado, apostar por la Luna o por Marte no tiene nigún sentido. ¿Qué van a hacer? ¿Unos cuantos alunizajes más para plantar otra vez la bandera como en el 69? ¿Y luego? ¿Cómo van a establecer una base permanente en la Luna (único proyecto que le daría un sentido a volver allá) si ni siquiera apuestan de verdad por la ISS, que cuesta menos dinero? No, hacer las cosas a medias no sirve. Para eso es mejor ser más conservador y limitarse a mantener la ISS como hace Rusia, o lanzar satélites de vez en cuando como la ESA. Lo mejor que pueden hacer es olvidarse de la Luna de momento y crear una primera versión del Orión que les permita tener algo parecido a lo que los rusos tienen con sus Soyuz. Y a partir de aquí ya hablaremos.

Y de momento, los aficionados a la astronáutica ya podemos olvidarnos de ver un viaje a Marte, por lo menos hasta que seamos ya viejecitos.

Rogan dijo...

Buenas tardes;

¿Podría ser un negocio para los rusos ser el único proovedor de estancias para experimentos en órbita? ¿O hay demasiado implicado como para que pueda llegar a ser rentable de forma directa para la agencia que lo explote?

Lo pregunto al margen de la utilidad social a largo plazo.

Gracias.

Javier Casado Pérez dijo...

Todo depende. Si lo viéramos como un negocio puro (es decir, que la razón de ser de la ISS y las visitas rusas a ella fuera hacer dinero), entonces no. Pero si lo vemos como un "plus", entonces sí.

Quiero decir que la utilización comercial de los servicios de acceso nunca amortizaría lo invertido en la estación. Ahora bien, sí podría hacerse que, olvidado lo que ha costado la estación, dichos servicios fuesen rentables en sí mismos.

Ya en la actualidad los rusos están sacando buen provecho de sus Soyuz alquilando un asiento en cada misión, bien a astronautas extranjeros, bien a "turistas espaciales". La venta de este asiento no llega a pagar la misión, pero sí sufraga buena parte de los gastos.

Ahora bien, si la demanda llevase a la necesidad de enviar una segunda Soyuz, esta vez con dos asientos "de pago" y sólo el tercero ocupado por un cosmonauta ruso (que haría de "chófer"), con lo que los ingresos serían el doble de los actuales, entonces el viaje sí sería rentable por sí mismo. De hecho, hay estudios que plantean misiones turísticas de ese estilo, desde un punto de vista puramente comercial, para obtener beneficios.

Anónimo dijo...

El problema del calendario es que la construcción de una Soyuz tarda 2 años, estamos en 2008, o se compran ahora los lugares para que en 2010 estén las Soyuz listas o se quedan los estadounidenses sin ir a la ISS, si los compran en 2009 viajarían hasta 2011, perderían un año, entre más retracen la decisión más tiempo en tierra se quedan.

Pasandoporaquí dijo...

¿Podría no ser una filtración sino algo intencionado? Quiero decir, si el señor Griffin dijera esto directamente a la prensa, ni tendría la misma repercusión que ha tenido ni probablemente conservaría su puesto.

Javier Casado Pérez dijo...

Quién sabe... Bueno, que ha sido intencionado, para mí es claro: alguien lo ha filtrado intencionadamente a la prensa. Y probablemente con el objetivo de que se sepa la realidad. Ahora bien, que esté el propio Griffin implicado, pues no lo sé. No creo que la situación en la que ha quedado tras la filtración sea muy cómoda para él, aunque también es cierto que a estas alturas de su mandato quizás ya todo esto le importe bastante poco. También podría haber sido alguno de sus colaboradores, con ganas de que todo esto se sepa, y que además no debe sufrir después el "bochorno" oficial. Pero en este caso, por muy loable que sea el fin, me parecería una cerdada (que es lo que indico en el artículo): es muy cómodo conseguir tus fines si el que sufre tus acciones es otro.

Alberto Carrasco Casado dijo...

Y pregunto: ¿Qué papel juega en todo esto el Dragon de SpaceX que está financiando NASA para poder subir astronautas a la ISS? ¿Hasta qué punto confía NASA en este proyecto?

Javier Casado Pérez dijo...

Pues... digamos que tienen sus reservas, como yo. Si bien no es descartable que llegue a desarrollarse con éxito, a día de hoy se ve muy improbable que pueda conseguirse antes de la fecha de entrada en servicio del Orión.
La pregunta podría ser ahora: ¿y para qué van a querer el Dragon, o cualquier otro, una vez que ya esté disponible el Orión? Ahí la respuesta tiene más que ver con la política: la idea, a día de hoy, es que la NASA compre servicios privados de acceso a la órbita baja. SpaceX podría ser uno de los proveedores de dichos servicios, con su nave y su lanzador propios. Se supone que esto debería salirle más barato a la NASA que usar sus propios medios (Ares-Orión), bajo la hipótesis de que la gestión privada suele ser más eficiente que la pública. Así, llegado ese momento la NASA usaría su Orión para misiones "de más enjundia", y compraría los servicios más rutinarios a empresas privadas.
Lógicamente, esto son las intenciones. Veremos en qué queda todo: si se desarrollan esos vehículos privados con éxito, si resultan ser realmente más económicos, y si para cuando esto suceda no han cambiado los objetivos de la NASA o la política espacial del país.