Un breve apunte para deciros que acaba de ser publicado el informe definitivo de la Comisión Augustine sobre el futuro del programa espacial norteamericano. Bajo el pomposo título “En busca de un programa espacial tripulado digno de una gran nación”, y con un comienzo que muestra una fotografía a toda página de Kennedy con el pie de su famosa frase “Elegimos hacer estas cosas no porque sean fáciles, sino porque son difíciles”, el informe se extiende a lo largo de 157 páginas, aunque su esencia se queda en aproximadamente la mitad. Acabo de empezar a leerlo, y últimamente no ando sobrado de tiempo, así que no sé lo que tardaré en hacerlo, pero ya comentaré por aquí mis opiniones al respecto cuando lo termine. Entre tanto, los interesados lo podéis consultar aquí.Como digo, estoy al comienzo de mi lectura, y de momento estoy en la parte de “la paja”, del relleno, que tanto gusta en estos informes realizados al otro lado del Atlántico (personalmente prefiero los informes que van al grano sin perderse en vaguedades), pero hay una cosa que ya me ha llamado la atención. Varias veces he comentado por aquí (y no soy el único, por supuesto) lo “peculiar” que resulta plantear un programa tripulado lunar que no intenta avanzar sobre lo ya realizado en los años 60, sino que es básicamente una repetición, en su contenido y casi en su tecnología, de lo que se hizo hace 50 años. Pues bien, en una de sus páginas el informe recoge la evidencia de que incluso en el seno de la propia NASA hay opiniones para todos los gustos, desde defensores acérrimos del programa en su configuración actual, hasta gente que se siente incluso “avergonzada” de lo que se está haciendo: “Como americano, que la NASA se involucre en una retro-reedición del programa Apollo para volver a la Luna 50 años después de la primera vez que enviamos gente allí, es humillante”, declaraba uno de los entrevistados por la comisión. No quiere decir que todo el mundo en la agencia piense igual, pero es significativo: en los 60, prácticamente toda una nación apoyaba sin reservas el compromiso de su presidente de poner un hombre en la Luna en el plazo de una década. En la actualidad, ni siquiera en el seno de la propia NASA hay una postura común frente al nuevo reto. Mal comienzo para retomar un programa espacial ambicioso…



