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05 agosto 2014

Lo han clavado (O sobre cómo se plantean algunas misiones...)

La semana pasada, unos científicos pertenecientes a un grupo consultivo seleccionado por la NASA para dar su opinión acerca de futuras misiones, mantuvieron una de sus reuniones en Washington. Uno de los asuntos estrella fue el debate sobre una “exótica” propuesta de la NASA acerca de traer un asteroide hasta la órbita lunar para luego mandar astronautas a explorarlo (sí, si te suena raro y extravagante, a mí también). Bien, no entraré en más detalles sobre este tema (si habláramos de todas las propuestas más o menos realistas o más o menos soñadoras que salen cada año, no daría abasto a publicarlas en el blog). Pero sí quería hablar un poco sobre estos debates esotéricos, apoyándome en la genial presentación que hizo uno de los miembros de este comité, Richard Binzel, Profesor de Ciencias Planetarias del MIT.

Cuando tomó la palabra, Binzel salió al estrado para presentar su propuesta de exploración: la misión FARCE, Far Away Robotic sandCastle Experiment (Experimento robótico de castillo de arena muy lejano).


(Para los que no andéis muy sueltos con el inglés, al final de esta entrada incluyo la traducción del texto de la diapositiva)

¿Oigo risas? ¿Pero por qué? ¿Hay algo que os choque en esta presentación? ¡Pero si es lo que lleva haciendo la NASA y los diferentes lobbies a favor de la exploración espacial tripulada los últimos 10 años! De hecho, las justificaciones de esta misión del castillo de arena son básicamente las mismas que llevamos oyendo durante años para cualquier otra.

No, no estoy de coña, y es que comparto completamente la ácida crítica realizada por el profesor Binzel: llevamos años escuchando propuestas sin la más mínima base, sean del tipo que sean, en una especie de mundo al revés en el cual queremos justificar de alguna forma poder enviar astronautas a cualquier parte. Porque sí, eso es lo que queremos: fabricar una nave chula, meter astronautas dentro y mandarlos lejos. Luego ya veremos lo que hacen por ahí. Así que habrá que pensar en alguna misión, en algo en lo que puedan entretenerse. Como hacer castillos de arena en algún mundo muy, muy lejano.

Esto es lo que lleva haciendo tanto la NASA como los diferentes grupos de aficionados (desde gente como nosotros hasta fundaciones con presencia institucional) desde hace años: buscar alguna justificación, la que sea, para mantener el sueño que arrancó con la visión de Bush en 2004. Porque lo importante es mandar astronautas allí arriba, tener astronautas volando por el espacio y pisando otros mundos. ¿Cuáles? Jo, yo qué sé… pues Marte, por ejemplo. Y si no se puede, pues la Luna. Y si no, pues un asteroide. O lo que sea, ¿qué más da? Si lo único que importa es verlos en las fotos y en la tele pisando otros mundos. Es excitante. Mola. Eso es lo que queremos. ¡Joder, ¿pero es que no lo ven, que lo demás es accesorio?! ¡Invéntate la excusa que quieras, pero envía astronautas allí arriba ya!

La diapositiva parece absurda, ¿verdad? Pues no lo es mucho más que el proceso que llevamos viviendo en la última década. Y no lo digo ahora, a toro pasado: si leéis mis primeras opiniones sobre la Visión para la Exploración del Espacio, de Bush, hace 10 años decía exactamente lo mismo, porque la directiva de Bush nació justamente con este espíritu: mandemos astronautas por ahí, que es lo vistoso y lo que mola. Ya pensaremos cómo justificarlo científica o técnicamente, seguro que podrán hacer algo útil. Y si no, qué más da: esto mola. Es guay, o “cool”, que somos yanquis. Y punto.

Bush empezó así, con justificaciones sin base alguna en su discurso de lanzamiento de la “visión”. Luego la NASA intentó buscarle algo más de contenido, y empezaron, a toro pasado (las instrucciones de ir ya estaban claras) a ver qué podían hacer si volvían de nuevo a la Luna. Reuniones y más reuniones, todos excitados, diciendo “que vamos a la Luna, venga, vamos a ver qué aprovechamos para hacer”. En fin…

Luego la realidad se impuso: retrasos, problemas técnicos, presupuestos que se disparaban una y otra vez… y llegó la crisis. La visión, a tomar por culo, con perdón. A muchos no nos sorprendió, lo raro hubiera sido verla hacerse realidad (aunque confieso que duró bastante y yo empezaba a tener dudas… si hubieran conseguido avanzar un poco más, hubiera sido más difícil desmontarlo todo luego). Pero era duro renunciar al sueño de ver a astronautas dando saltitos por ahí, así que de nuevo, diferentes comités y grupos y grupúsculos de todo tipo se reunieron una y otra vez a ver qué misión “barata” se les podía ocurrir en la que siguiéramos viendo a los astronautas explorando el espacio.

“Pues ir a la Luna es caro y nos han cancelado el megacohete que lo haría posible, pero con el cohetillo que parece que nos van a dejar construir podríamos ir a un asteroide”. Pues hala, todos con la idea del asteroide. Marte, ni en sueños. Repetir lo de la Luna (no preguntes para qué, aguafiestas) ya también nos lo han jodido. Pero si al menos pisamos un pedrusco… algo es algo… Venga, todos a ver cómo defendemos esto.

Y así llevamos año tras año.

¿Qué tiene esto de malo? ¿Es que no sería útil enviar astronautas a un asteroide? Pues a ver, dejadme que os responda con otra pregunta: ¿sería útil tener en casa un coche que también volara y navegara? Pues sí, claro que sí. Y molaría un huevo, con perdón. Pero, ¿merecería la pena? Valdría un pastizal, y podríamos hacer lo mismo por otros medios (volar en una línea aérea, navegar en un yate alquilado en vacaciones…). ¿Cuántos optaríamos por el supercoche-barco-avión si tuviéramos que pagarlo nosotros, teniendo en cuenta que, realmente, no lo necesitamos, por muy “cool” o fardón que sea?

Pues eso mismo es lo que está pasando, desde mi punto de vista. Y el de Richard Binzel, por lo que veo.

Binzel ha puesto el dedo en la llaga de la forma más visual posible, al parodiar con su diapositiva la forma en que se están haciendo las cosas. Y es que es absurdo decidir primero lo que se va a hacer (enviar astronautas allí arriba) y pensar luego para qué. La ciencia funciona (o debe funcionar) al revés: analicemos qué objetivo científico es realmente interesante, realmente útil para el avance de nuestro conocimiento, y veamos luego la forma de llevarlo a cabo. Sea con astronautas, con robots o con un telescopio. Lo que realmente se necesite. Si conseguimos presupuesto, claro, que esa es otra... Pero así debería funcionar el mundo. Lamentablemente, incluso en las mecas del conocimiento técnico y científico como el MIT, el JPL o la NASA, muchas veces se actúa por otras motivaciones. De forma irracional. Simplemente, porque mola. Aunque no queramos reconocer que ésta es la verdadera motivación.

APÉNDICE: Traducción del texto de la diapositiva

Experimento robótico de castillo de arena muy lejano (FARCE)

Estudio conceptual: Una nave robotizada (A) llega al objetivo. Construye un castillo de arena (B). (Algunos detalles técnicos y de presupuesto omitidos. Pero somos muy listos. Confía en nosotros).

(¡Próximamente!: convincentes animaciones con astronautas)

Desarrollo de tecnologías clave para el vuelo espacial tripulado
·         Superar los retos que suponen las operaciones de precisión en gravedad baja.
·         Opciones flexibles de misión: la Luna, Marte, asteroides.
·         Aplicable a la Defensa Planetaria y Recursos Espaciales.

Involucración de la comunidad científica
·         Selección del lugar y desarrollo de la plataforma instrumental.
·         Oportunidades para socios internacionales.

Compromiso a nivel popular y beneficios para las partes interesadas
·         Educativo: Actividad popular terrestre trasladada al espacio.
·         Concurso de diseño de castillos de arena: ¡Diversión para toda la familia!
·         Oportunidades comerciales, incluido el turismo espacial.
·         Futuros “selfies” con icónicos castillos de arena.

No es una misión científica, pero tiene beneficios científicos claros
·         Comprender las propiedades del regolito en diferentes mundos, incluyendo su profundidad, cohesión y distribución del tamaño de las partículas.
·         Significativos avances en capacidades de toma de muestras científicas.
·         Oportunidad para estudiar las propiedades térmicas del subsuelo.
·         La estabilidad del castillo como prueba del ambiente sísmico.
·         La erosión del castillo revela las condiciones medioambientales locales.

Con capacidad de innovación constante:
Seguiremos haciendo diapositivas hasta  que a alguien le guste algo.

Alternativamente: Apoyar un plan sostenible con objetivos convincentes útiles para el interés nacional por medio de metas cuidadosamente estudiadas y priorizadas.


(¡Bravo, Richard!)

10 marzo 2014

Gravity - La frikicrítica

Un lector de este moribundo blog, aparte de echarme cariñosamente la bronca (exagero) por no escribir en él, me pide mi opinión sobre la película “Gravity”, de Alfonso Cuarón. Y como soy fácil de convencer, pues aquí va mi opinión personal (que es, pues eso: personal).

Por ir al grano, diré que la película me ha gustado. Bastante. Es entretenida, está bien hecha y presta mucha atención a los detalles. Ahora bien, es cine, debemos tener eso claro. Esto es Hollywood, y si queremos disfrutar un poco, deberemos verla con una “mente abierta”. Vamos, que no es que estemos hablando de Star Wars, con sus explosiones sonoras en el vacío y sus rayos láser a los que vemos desplazarse por el espacio, pero tampoco es un documental sobre astronáutica, y se toma sus licencias…

¿Qué licencias son esas? Unas cuantas, y seguro que otras que se me han pasado por alto (tampoco iba a la caza del gazapo, cuando veo una peli por diversión prefiero disfrutar de ella sin más, así que, salvo lo más flagrante, seguro que se me han escapado muchos detalles). Pero la verdad es que no considero que sean errores demasiado importantes, para mí no han afectado al disfrute de la película. Hombre, si acaso, la excursión final de la protagonista desde la Soyuz hasta la estación china Tiangong armada de un extintor la verdad es que sí me pareció excesiva (por decirlo suavemente), pero en fin, lo dejo pasar, supongo que soy muy blando :-)

Bueno, supongo que lo que buscáis es la carnaza, los comentarios de los errores, ¿no? Pues nada, todo sea por la audiencia blogueril. Pero que conste que reitero lo que dije al principio: la peli me ha gustado bastante, y la recomiendo. Si alguien quiere hacer sangre con sus gazapos, es cosa suya…

Si no recuerdo mal, el primero que vi fue en el retorno de Sandra Bullock al interior de la ISS tras su accidentado paseo espacial. Se quita el traje y se queda en camiseta y pantalón corto. Pues bien, esa es la vestimenta habitual dentro de la estación, sí, pero no dentro de un traje espacial en una salida extravehicular de varias horas de duración (de hecho, comentan en algún momento que lleva varias horas fuera, trabajando sobre el Hubble; 4 ó 5, creo recordar. Una duración bastante típica para estas misiones, dato correcto). Al salir del traje, la Bullock debería estar enfundada en el mono interior recubierto de tubitos de refrigeración. Detalle menor, al fin y al cabo, pero bueno, ahí queda para los cazagazapos.

Ah, bueno, antes de eso está uno de los fallos gordos de la peli, que no dudo que fue un gazapo totalmente voluntario y asumido para darle dramatismo al asunto: la pérdida de George Clooney. Por cierto, si alguien no ha visto la peli aún, que conste que a partir de aquí hay bastantes spoilers. Dicho queda.

Me refiero a esa dramática escena en la que la Bullock sujeta por la mano a un Clooney que parece estar cayéndose a un abismo, mientras la propia astronauta está precariamente sujeta a la estación a través de uno de sus pies, enredado en las líneas del paracaídas de la Soyuz (toma ya). Podemos aceptar que los dos hayan llegado a esa situación: movimientos violentos, fuerzas centrífugas, explosiones, etc, los han lanzado alejándolos de la estructura y sólo los cables del paracaídas, enredándose en los pies de la Bullock, consiguen retenerlos. Vale. Pero una vez que ya están así, no pasa nada: ya no actúan fuerzas sobre ellos. Clooney no está tirando de la Bullock, no hay fuerza que tienda a separarlos mientras están sujetos por la mano. Así que da lo mismo que le suelte o no, su vida no depende de eso. Y si le suelta, no tiene por qué alejarse. Igual podría alejarse muy lentamente que acercarse muy lentamente o irse de lado (depende del último leve movimiento que hayan realizado con su brazo antes de soltarse). Los dos podrían haber seguido cogidos y haber vuelto tranquilamente a la estación sin que pasara nada, sin que nadie se sacrificase por el otro. No se estaban cayendo por un abismo y había que aligerar peso: los dos flotaban en el espacio. Pero bueno, ya se sabe: el héroe que dice “suéltame y sálvate tú”, la escena de la separación de las manos y el héroe que “cae” al abismo, etc, etc. Supongo que había que hacerlo... Vale, podrían haber encontrado otra forma más rigurosa de llegar a lo mismo, pero en fin, ya lo dije: esto es Hollywood (y yo, muy blando, también lo dije :-)

Otro detallito de esa escena era algo chocante, aunque no puede decirse que sea un fallo. Me refiero al despliegue del paracaídas de la Soyuz. A priori no parece probable que los impactos de fragmentos de basura espacial puedan provocar el despliegue del paracaídas, aunque no digo que sea imposible. También resulta algo extraño que se produzca “tanto despliegue”; si bien tiene un mecanismo expulsor, durante el descenso a la Tierra es principalmente la atmósfera la que ayuda a desplegar el paracaídas. Inicialmente salta un pequeño paracaídas que actúa como “extractor” del principal. En el espacio exterior, si se acciona accidentalmente el mecanismo, tiendo a pensar que el paracaídas principal no llegaría a salir del receptáculo. Pero bueno, supongo que no es descartable que pudiera llegar a darse un escenario como el presentado, aunque me parece poco probable.

Seguimos. También me parece improbable que Clooney encuentre a Bullock cuando ésta se “pierde” en el espacio. Si ella se aleja tanto que llega a perder de vista la estación, ¿cómo alguien puede encontrarla a ella en la lejanía, sin tener ni siquiera comunicación por radio, ni remota idea de hacia dónde ha salido disparada? Pues anda que no es grande el espacio, y con movimientos “de 6 grados de libertad”… En la parte positiva, todos los movimientos, la representación de las inercias, cuando Clooney la ata a él y empieza a tirar con ayuda de su mochila autopropulsada, me parecieron muy conseguidos.

Las “excursiones” en general: la mitad de la película se la pasan los protagonistas yendo de acá para allá por el espacio. Que si con una mochila autopropulsada, que si con una Soyuz, que si con un extintor… hasta lanzando la cápsula de la Soyuz en plan balístico sin más que apuntar previamente hacia su objetivo. Todo esto parece muy fácil en la película, pero no se cuenta con una cosa: las leyes de la mecánica orbital.

En el espacio, si quieres llegar a un punto situado a pocos metros, no pasa nada, no hay nada que pensar: apuntas hacia allá, te impulsas y listo. Pero si en vez de unos pocos metros hablamos ya de unos cientos, o de algunos kilómetros, la cosa cambia. Y mucho.

No me extenderé sobre ello (los que hayáis leído “Rumbo al Cosmos” habréis visto que le dedico un capítulo/artículo a este tema) simplemente recordar que en el espacio, si aumentas tu velocidad, subes tu órbita, con lo cual reduces tu velocidad de desplazamiento. Y viceversa: si reduces tu velocidad (o te impulsas en dirección contraria a tu desplazamiento en tu órbita), reduces la altura de tu órbita, y empiezas a ir más rápido. Es decir, que cuando en la peli los vemos “apuntando” hacia un objetivo a lo lejos y “acelerando” en esa dirección, en la realidad sólo habrían conseguido alejarse de su objetivo. Para moverse en el espacio hay que dejar la intuición de lado y usar las matemáticas (o un ordenador que nos dé las pautas de navegación, que de las matemáticas ya se encarga él; o sus programadores…).

Junto con “la caída al vacío” de Clooney, la otra licencia “gorda” de la película es la de suponer que en el espacio todo está cerca y a mano. Del Hubble a la ISS, y de ésta a la Tiangong, un paseíto. Vamos, que no sé por qué los chinos no montan una “pijama party” en su estación e invitan a rusos y americanos, para luego devolverles la visita al día siguiente. Total, como ir a por el pan…

La realidad es muy diferente. No es sólo que ambas estaciones estén lejos una de otra y a su vez ambas lejos del Hubble… es que el concepto “lejos” es hasta difícil de aplicar aquí. Casi podría decirse que están en mundos diferentes, para el caso… Porque están en órbitas de diferente altura y diferente inclinación. Con suerte, con mucha suerte, en alguna ocasión se cruzarán a diferentes alturas, y desde una (con suerte y buena vista) podrías ver pasar a la otra por arriba o por abajo en una dirección distinta a la tuya y a gran velocidad, aunque lo normal es que en esos cruces no coincidan en el tiempo. Nada de asomarse a una y ver a la otra inmóvil a lo lejos: para eso deberían describir la misma órbita.

Y, por supuesto, no podríamos ir de una a otra ni con una mochila, ni con una Soyuz. Las necesidades de combustible para realizar el cambio de órbita sospecho que quedarían muy por encima de las posibilidades de la Soyuz. No tengo los datos ni me apetece mirarlo, pero prácticamente seguro. En cualquier caso, aunque fuera posible, no se parecería en nada a la excursioncilla vista en la peli, donde se ve a lo lejos el objetivo, se dice, “ala, vamos p’allá”, se apunta y listos. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

¿Me dejo algo más? Seguramente. Puede que me olvide de algún otro detalle que haya visto, y seguramente hay muchos otros que no vi. Pero vuelvo al principio: ¿y qué? Creo que la película tiene también muchas cosas positivas. Los movimientos en el espacio me han parecido muy logrados. Los detalles visuales de las estaciones y de las naves son una pasada, y, en general, salvo para frikis como nosotros, creo que a casi todo el mundo la película le parecerá muy realista y detallada. Repito que a mí me gustó, y disfruté bastante. En conjunto, valoro más sus aciertos que sus errores. Y creo que al neófito le da una imagen muy veraz de los peligros del espacio, de lo que significa estar allí arriba, de la aventura de la astronáutica. Creo que todo eso vale más que todos los posibles pequeños fallos de realismo que pueda tener la película.

Si no la habéis visto, os la recomiendo.

19 noviembre 2012

Ministerial ESA 2012: España, en caída libre

Se veía venir, pero no por eso deja de ser una situación absolutamente descorazonadora. La inversión española en la ESA baja al 50% de su cifra actual, después de que haya costado décadas alcanzar este nivel (que no es ni más ni menos que el que simplemente nos correspondía en base a nuestro PIB). 

Ya sabéis que la contribución de cada país a la ESA consta de una parte obligatoria, cuyo importe es proporcional al PIB de cada país, más una parte voluntaria, cuyo importe debería ser también proporcional al PIB, aunque en la práctica puede variar entre cero e infinito, por ir a los extremos. Y no, no es mejor ser rácano y no contribuir nada en la parte voluntaria, porque lo que contribuyes repercutirá directamente en los contratos que consigas. Es decir, la contribución a la ESA puede entenderse como una subvención directa a las empresas de alta tecnología de tu país, ya que conseguirán ese importe en contratos con la ESA.

Esto es algo que se ha notado en los últimos años, cuando, tras décadas de contribución por debajo de lo que nos correspondía, alcanzamos por fin en 2008 el nivel proporcional a nuestro PIB (es decir, llegamos simplemente a la media, tras estar permanentemente por debajo; ya hablé sobre ello más extensamente aquí). Esto hizo que aumentara considerablemente la actividad espacial en nuestro país (sí, vale, sigue siendo mínima, pero mucho mayor que hace unos años). Ahora, sólo cuatro años después de conseguir ponernos al nivel que nos correspondía, volvemos a retroceder, ni más ni menos que un 50% en total, a través de un 71,4% de recorte en la aportación voluntaria.

Por cierto, ¿sabéis a cuánto asciende ese enorme 50% de descenso? Pues a 100 míseros millones de euros. Así de triste e irrisoria es nuestra contribución a una de las industrias de más valor tecnológico. Entre tanto, se regalan cientos de miles de millones a la banca privada para tapar los agujeros creados por su mala gestión. Con lo que se está recortando de nuestra contribución a la ESA apenas dará para pagar la indemnización por despido a algunos de los banqueros responsables de esta situación.

El ministro de industria, José Manuel Soria, ni siquiera asistirá a la Conferencia Ministerial de la ESA a celebrar los días 20 y 21 de este mes. Sin comentarios.

Ya sé que cuando nos están recortando salarios y prestaciones sociales, cuando la educación y la sanidad públicas están seriamente amenazadas, cuando cada vez la edad de jubilación nos queda más lejos y las pensiones son más ridículas, y cuando en nuestro país 1 de 4 personas en situación de trabajar está en paro, esto puede parecer un problema menor. Pero lo cierto es que por este camino sólo vamos al abismo. Parece que ya sólo podemos esperar que el fondo no esté demasiado lejos, aunque me temo que nos vamos a estampar contra él igual.

01 abril 2012

El fundador de Amazon descubre en el fondo del mar los motores del Apollo 11

…y al parecer se dispone a recuperarlos.

Perdonadme la expresión, y disculpadme los que no estéis de acuerdo, pero esto me parece una soberana gilipollez. Vale, seguramente a Jeff Bezos, fundador de Amazon, el dinero le sobra para dedicarse a estos hobbies… y seguramente también hasta tendrá la suerte de recuperar la inversión exponiendo cuatro hierros oxidados y cobrando entrada, o vendiéndoselos a algún museo que también sea tan estúpido como para pagar por ellos. Pero a esto no le veo ningún sentido. Me parece puro fetichismo.

Vamos a ver, no estamos hablando de recuperar restos arqueológicos de gran interés… Se trata de recoger unos motores de un lanzador Saturn V (supongo que son motores F1 de la primera etapa, aunque la nota de prensa que he leído no lo especifica) que llevan ya 50 años bajo el mar, que han sufrido el impacto de su caída desde miles de metros, y que entre ese impacto y la corrosión del medio salino deben estar literalmente “hechos polvo”. Unos motores de los cuales ya existen ejemplares bien conservados en varios museos. ¿Que estos funcionaron en el lanzador que llevó al hombre a la Luna por primera vez, y que por eso valen más que cualquier otro por muy destrozados que estén? Vamos a ver, que se trata de una máquina, da lo mismo que haya funcionado empujando un trasto con personas a bordo o en un ensayo en banco, es la misma máquina. Lo que digo: puro fetichismo.

Ya sé que mucha gente no estará de acuerdo conmigo, lo sé, estas cosas en el fondo son pasionales más que racionales, pero es que no puedo entenderlo. Esto me parece lo mismito que cuando, hace ya quizás 20 años, visité de jovenzuelo el museo del ejército en Madrid y vi expuestos en una vitrina los calzoncillos ensangrentados de no sé qué héroe de no sé qué guerra. ¡Soberana estupidez y mal gusto! Es el mismo fetichismo ridículo que veo con esto.

En fin, hay gente pá tó. Y si les sobra el dinero, al fin y al cabo es suyo. Pero mejor sería que lo invirtieran en algo de mayor provecho…

20 febrero 2012

Se buscan ideas: ¿qué hacemos con la estación espacial?

Interesante, sorprendente y preocupante. Eso me parece el reciente comentario de Bill Gerstenmeier, Administrador Asociado para la Exploración y Operaciones Tripuladas de la NASA, en una conferencia sobre transporte espacial comercial promovida por la FAA (la agencia federal aeroespacial norteamericana). En su discurso, Gerstenmeier ha admitido que la NASA ha invertido enormes sumas de dinero en construir un enorme laboratorio espacial, pero que una vez terminado no saben muy bien qué hacer con él. De hecho, alentaba a que se hicieran propuestas desde el exterior para aprovechar los recursos para la investigación de que dispone la estación. Remarcaba que la NASA paga el vuelo de ida y el de vuelta, así como los enlaces con tierra y otros servicios. Vamos, que casi rogaba que alguien se animara a hacer algo útil con esos millones de dólares en material de alta tecnología que vagan por el espacio.

Como decía al principio, la noticia es interesante porque no siempre se escuchan este tipo de palabras sinceras con autocrítica implícita por parte de altos cargos de la NASA (o de cualquier otro estamento, seamos sinceros, espacial o no, y del país que sea); como noticia, la información resulta de interés. Pero también es sorprendente, no por el hecho de que llevemos décadas oyendo hablar de lo fantástico que sería tener un laboratorio como la ISS en el espacio y las maravillas que se podrían hacer en él (uno ya es relativamente inmune a este tipo de propaganda sensacionalista), sino, sobre todo, porque una de las principales críticas reiteradas a la ISS ha sido siempre la escasez de tiempo que queda para la experimentación después de que los astronautas empleen la mayor parte de su jornada en labores de mantenimiento del complejo o en su propio sostén a bordo. Ahora resulta que, a pesar de que casi no queda tiempo para hacer experimentos, ni siquiera saben qué hacer con esas horas residuales. No me diréis que no es sorprendente… Y, por supuesto, preocupante, y no creo que esto necesite demasiada explicación; que se lleve a cabo un proyecto de esta magnitud, a este coste, en base a que ofrecerá ciertos rendimientos futuros… y resulta que a la hora de la verdad ni siquiera se sabe qué rendimientos pueden ser esos. Sin comentarios…

Los que seguís este blog a pesar de los altibajos en las publicaciones de estos últimos años, recordaréis que no hace mucho ya escribí unos artículos críticos similares sobre la estación espacial (aquí y aquí). En ellos ya presentaba el fracaso que ha representado la ISS desde un punto de vista científico, si bien recordaba que no es éste, a pesar de ser la constante en los discursos justificativos del complejo, el único fin útil de la estación. Pero en aquellos artículos presentaba el fracaso científico en base al hecho de que sólo el 7% del tiempo útil a bordo (o el 3% del tiempo total) se dedicaba a la investigación (5 horas semanales por tripulante, o 30 horas semanales totales). Y ahora resulta que, al menos en la parte de ese tiempo correspondiente a la NASA (no sabemos si ocurrirá lo mismo con los rusos), según se desprende de las palabras de Gerstenmeier sus astronautas casi lo podrían dedicar a rellenar crucigramas, porque no hay experimentos que realizar. Sí, ya sé que esto es sin duda exagerado, y supongo que por ahora no se llega a tanto… de hecho, sé que bastaría una oferta en la web de la NASA abierta a propuestas del público, y en cuestión de horas tendrían centenares; pero supongo que no se trata de tener “algo” que hacer a bordo, sino tener “algo interesante” que hacer a bordo, propuestas científicas serias, tener investigadores haciendo cola para realizar su experimento en el espacio, como uno esperaría que ocurriera... Eso es lo que falta, según se desprende de las palabras de Gerstenmeier. Aunque parezca increíble...

No cabe duda de que todo esto requiere de una profunda reflexión por parte de los protagonistas involucrados. No se trata ya de debatir si merece la pena o no invertir tantos millones de dólares para realizar 30 horas de experimentación semanales; no se trata de decidir si esas horas de experimentación en condiciones irrepetibles en nuestro planeta merecen lo que cuestan o no; no se trata de elegir si esos millones darían más rendimiento científico invertidos en laboratorios convencionales en tierra firme… No, se trata de reflexionar por qué, una vez que se dispone de los medios (independientemente de lo que hayan costado), no se aprovechan. Sin duda, tiene que haber razones de peso: no me imagino que a un científico se le ofrezca la posibilidad de utilizar un laboratorio de última generación en condiciones únicas y simplemente diga “no, gracias, si yo ya estoy aquí muy a gusto con mis probetas”; si eso sucede, tiene que ser por algo. Y debemos analizar por qué, para solucionarlo en el futuro, si es que pretendemos seguir haciendo investigación en microgravedad, sea al coste que sea. De poco serviría solucionar esos problemas de escasez de tiempo disponible o de costes desmesurados de las instalaciones si, una vez supuestamente solucionados, resulta que por alguna otra razón sigue sin ser interesante para los investigadores realizar experimentos a bordo.

Está claro que para conocer las verdaderas causas de este aparente desinterés científico hacia la estación espacial, deberíamos preguntar a los investigadores, pero ya hay quien apunta posibles causas. Una de ellas podría ser el exceso de regulaciones que rigen la experimentación a bordo; los experimentos que deben volar a la estación deben ser sometidos a reglas tan estrictas y a controles burocráticos tan extensos, que puede que a los experimentadores no les compense pasar por ese calvario. Es decir, puede que no sólo las instalaciones del laboratorio salgan caras, sino que su mera utilización también puede resultar excesivamente cara para los usuarios, en costes y tiempo dedicados a vencer esas quizás excesivas (o quizás necesarias, habría que evaluarlo) regulaciones.

Otra posible causa del aparente desinterés (y remarco lo de aparente, ya que quiero creer que si no existieran problemas para ello, habría muchos interesados en aprovechar las excepcionales condiciones de experimentación a bordo del complejo espacial) puede ser la falta de continuidad en la experimentación. Cualquier investigación científica actual no se reduce a un experimento, sino que frecuentemente requiere decenas de ellos, desarrollados a lo largo de un periodo de tiempo más o menos extenso. Un experimento aislado a menudo plantea más interrogantes que respuestas, y si no tiene continuidad, sirve de bastante poco. Y, lamentablemente, la experimentación a bordo suele ser así: lleva meses preparar un experimento para lanzar al espacio; cuando finalmente despega la misión que lo transporta, el experimento se desarrolla a bordo durante los días o semanas que corresponda, y sus resultados vuelven a la Tierra. Entonces toca analizarlos, y, si procede, plantear un experimento de continuación; solicitar hueco para lanzarlo, esperar autorización, preparar de nuevo el material para enviarlo al espacio… En el supuesto de que dicho experimento de continuación tenga lugar, todo el proceso habrá requerido un tiempo tremendamente superior al que tendría la secuencia habitual en un laboratorio terrestre. Pero es que, además, es muy posible que no se consiga un hueco próximo, ya que, salvo en programas de experimentación “oficiales” de la propia NASA, lo “normal” (o lo “políticamente correcto”) es dar oportunidades a diferentes investigadores, no siempre a los mismos. El resultado suele ser un experimento aislado, o casi, lo cual suele restar mucho interés para llevarlo a cabo, especialmente si a eso le sumamos los obstáculos y dificultades que comentábamos más arriba.

Sea como sea, algo está fallando, de eso no cabe duda. Y se trata de un grave problema, ya que, como recordaba al principio, la investigación científica ha sido siempre el “leit motiv” de la estación espacial internacional. Y aunque ya comentaba en aquel artículo anterior que la ISS proporciona otros rendimientos aparte de la propia actividad científica, está claro que eso no deja de ser un vago consuelo para un proyecto que se estableció en base a una premisa de investigación. Bueno, teóricamente… como casi toda la actividad espacial, las motivaciones reales tuvieron más que ver con la política; pero eso ya lo damos por descontado en este terreno.

¿Cómo resolver esta situación, como paliar los problemas, sean cuales sean, que están provocando este aparente desinterés de la comunidad científica hacia un laboratorio de uso restringido pero con una tecnología y unas condiciones de investigación inigualables? Lo ignoro, pero creo que el problema es lo suficientemente importante, tanto para el presente como para el futuro de la ciencia espacial, como para dedicarle una profunda reflexión por parte de todos los involucrados.

03 enero 2012

Misión Muyposible: Asalto a NPO Energomash

Los últimos fracasos del programa espacial ruso y su repercusión en medios periodísticos parece que han puesto nerviosos a los políticos rusos. Con razón, supongo; hubiera pasado en cualquier sitio. Pero si además de estos fracasos se encuentran con una joven bloguera que se cuela en instalaciones cuasi-secretas al estilo “Misión Imposible de botellón” para luego denunciarlo en su blog, es de esperar que los responsables estén al borde de un ataque de nervios. Aunque quizás deberían preguntarse si toda esta serie de incidentes no serán sino la muestra de una preocupante degradación generalizada en el seno del programa espacial ruso…

En fin, la cuestión es que Dmitri Rogozin, flamante vicepresidente del gobierno ruso para asuntos de defensa, y que también tiene a su cargo la supervisión de la agencia espacial rusa Roskosmos, declaraba a finales de diciembre que era inadmisible la entrada de personas no autorizadas en el interior de instalaciones de la agencia, demandando medidas urgentes para evitar que estas situaciones se reproduzcan en el futuro.

Todo este barullo viene motivado por la entrada de la bloguera Lana Sator con un grupo de compañeros en las instalaciones de NPO Energomash, con nocturnidad, alevosía y armados con cámaras fotográficas y con su ácida pluma (o teclado).


Y es que por si no fuera bastante con los dos fracasos casi consecutivos que tuvieron lugar a finales de 2011 en el programa espacial ruso (la pérdida del satélite de comunicaciones Meridian por un fallo del lanzador, y la de la sonda Phobos-Grunt, que en vez de viajar hasta Marte quedó errante en la órbita terrestre), sólo les faltaba que apareciera esta bloguera publicando unos reportajes y fotografías en los que se exponía la degradación en la que estaban cayendo las instalaciones del programa espacial ruso, sin vigilancia y expuestas a que cualquiera pudiera acceder “hasta la cocina”. Porque realmente, parece que no dejaron sitio sin explorar: talleres, laboratorios, salas de control… hasta subieron al tejado para contemplar las vistas nocturnas de la ciudad. Según parece, los “infiltrados” anduvieron por allí “como Pedro por su casa”; ellos mismos criticaron en su reportaje que fueron capaces de entrar y deambular libremente por las instalaciones durante cinco noches consecutivas, sin tropezarse con ningún vigilante de seguridad ni encontrar ningún sistema de alarma en activo. Aparte de esto, las fotografías tomadas (que podéis contemplar aquí) muestran un más que pobre estado de conservación de las instalaciones, por decirlo de forma suave...

No voy a negar que tenga razón el vicepresidente ruso cuando plantea como inadmisible que personas no autorizadas puedan penetrar tan fácilmente en un centro espacial y militar. Porque el tema cobra aún más relevancia si tenemos en cuenta que NPO Energomash no sólo fabrica sistemas de propulsión para lanzadores espaciales, sino también para misiles estratégicos… Pero aunque sin duda el tema de la seguridad es importante, me temo que lo que más irritó a Rogozin fue que todo esto llegara a los medios.

En fin, es lo que tiene la libertad de prensa. Está claro que en tiempos soviéticos estas cosas no pasaban...

21 marzo 2011

La luna gigante... y las tonterías que se oyen

De nuevo, como ocurre a menudo cuando los medios generalistas se ponen a dar noticias científicas, en los últimos días estamos escuchando montones de tonterías sobre la Luna. Bueno, en realidad montones no, sólo una: que la Luna está en su posición más cercana a la Tierra en los últimos 18 años.

Pero alma de cántaro, vamos a ver… si la Luna da una vuelta a la Tierra cada 28 días, si describe una órbita completa alrededor de nosotros en menos de un mes… ¿cómo es posible que ahora esté más cerca que en los 18 años anteriores? ¿No se repetirá esta cercanía cada 28 días, y no cada 18 años?
Pues sí: la Luna sigue una órbita ligeramente elíptica alrededor de nuestro planeta, que la pone a veces en su posición más alejada (apogeo) y 14 días después en su posición más cercana a nosotros (perigeo). Y vuelta a empezar.

Así que, de más cercana que nunca, nada. Pero algo debe haber para haber hecho saltar la noticia, ¿no?

Pues sí, pero no tiene nada que ver con supuestas cercanías fuera de lo corriente: lo que pasa es que esta vez ha coincidido el punto de máximo acercamiento a la Tierra (perigeo, ese que se repite cada 28 días) con la fase de luna llena. Y eso es lo que sólo ocurre de vez en cuando, la coincidencia exacta de ambos fenómenos.

Pero vamos, que tampoco es para tanto… que sí, que si hacemos coincidir una luna llena “exacta” (llena-llena de verdad, sin que le falte ni una rodajita mínima por ningún lado) con el punto exacto del perigeo, la probabilidad de que coincidan es bajísima. Pero si dejamos un margen de unas cuantas horas (que nadie va a notar), esta coincidencia se produce mucho más a menudo. De hecho, en 2008 tuvimos una coincidencia muy similar a la actual, con un desfase entre luna llena y perigeo de 4 horas. En la de ayer, la diferencia fue casi nula, menos de 1 hora. Pues vale, pues me alegro. Como curiosidad teórica, bien. Pero vamos, que el que se perdiera el espectáculo del sábado no sólo lo puede volver a intentar hoy (vale, a la luna ya le faltará una rodajita, no será completamente llena, pero bueno…) sino que puede esperar a la próxima casi-coincidencia entre luna llena y perigeo, que tendrá lugar… el próximo 17 de abril. Vale, no coincidirán exactamente por 20 horas, pero… ¿creéis que se va a notar? Ya os digo yo que no.

En cualquier caso, siempre es una buena ocasión para disfrutar de una visión especialmente bella de nuestro satélite. ¿Verdad que está chula la Luna?

01 marzo 2011

Especulación en el espacio

¿Quién ha dicho que el terreno de la especulación es exclusivo de las bolsas de valores o los negocios inmobiliarios? También hay quien especula con “terrenos” en el espacio. Y no me refiero a vender parcelitas en la Luna o Marte, sino a algo mucho más intangible: se trata de parcelitas orbitales.

No os digo nada nuevo si recuerdo que nuestra vida moderna depende en gran medida de los satélites: llamadas telefónicas, retransmisiones por radio y televisión, o el pronóstico del tiempo, por decir los casos más sencillos, dependen en gran medida de estos aparatos. Y en estos tres casos concretos (aunque no son los únicos), los satélites que lo hacen posible son satélites geoestacionarios, situados en una órbita ecuatorial a unos 36.000 km de altura. Se trata de una órbita muy exclusiva y muy deseada, lo que hace que a día de hoy esté ya bastante saturada. Esto es así hasta el extremo de que se ha establecido un organismo internacional encargado de regular el uso de dicha órbita geoestacionaria, concediendo permisos de uso de su espacio. Y aquí es donde entran los especuladores…

Efectivamente, si yo consigo de ese organismo el permiso para ubicar un determinado satélite en un punto dado de la órbita geoestacionaria, luego puedo alquilar el uso de ese espacio a otras compañías interesadas en explotarlo. Dado que los tratados internacionales conceden derechos de uso a los países que puedan necesitarlo en base a unos ciertos criterios, algunos de esos países que realmente no necesiten ese espacio para un satélite propio (generalmente países pequeños y poco desarrollados) pueden vender luego esos derechos a terceros más desarrollados y ávidos de explotar la banda geoestacionaria.

Es el caso, por ejemplo, de Tonga. Sí, un pequeño archipiélago perdido en la Polinesia, en medio del Pacífico, con sus reyes aborígenes, sus collares de flores, sus jóvenes nativas de bonitos pechos y faldas vegetales… vale, vale, me dejo de tópicos, pero ya os hacéis una idea…

Pues bien, en 1980 un americano espabilado acudió a la familia real de Tonga para proponerles un plan: según los acuerdos internacionales, a Tonga le correspondía un espacio en la órbita geoestacionaria, siempre que demostrase que estaba en condiciones de utilizarlo. Si se podía convencer al organismo responsable de esto último, se entraría en posesión de un hueco de alto valor estratégico en la órbita geoestacionaria, por estar en una posición idónea para las comunicaciones entre Asia y América.

El americano y la casa real tonguesa (o tongana, o como se diga) montaron una compañía que bajo el nombre de Tongasat se suponía que ofrecería servicios de telecomunicaciones, para lo cual se solicitaron siete espacios en la órbita geoestacionaria, que le fueron concedidos entre 1991 y 1992. Pero para “probar” que se estaba en condiciones de utilizarlos, había que poner en órbita algún satélite, algo para lo cual aquel país no tenía ni la necesidad, ni las ganas de invertir el dinero necesario. Pero si no se hacía algo al respecto, si Tonga no demostraba que estaba en condiciones de utilizar las ubicaciones concedidas, dicha concesión podría terminar revocándose.

Pues nada: se compra un satélite viejo y listos, pensaron los especuladores de Tongasat. De modo que en 2002 compraron un satélite de comunicaciones obsoleto, el Comstar 1D, lanzado en 1981 y ya totalmente desfasado por aquel entonces, y lo rebautizaron como Esiafi 1. Tongasat ya tenía un satélite. Que sirviera para algo era lo de menos…

En su web, Tongasat ofrece los servicios de este satélite (algo que claramente nadie está interesado en comprar a día de hoy, dada su obsolescencia… si es que aún funciona), a la vez que anuncian que se hayan en posesión de 9 ubicaciones en la órbita geoestacionaria, varias de ellas desocupadas, y que “estarían encantados de explorar los posibles usos de los huecos no utilizados con potenciales clientes”. ¿Quién dijo que para la especulación inmobiliaria era necesario tener terrenos? (Foto: Hughes)

21 enero 2011

¿Para qué sirve la ISS? – Segunda parte

En el anterior artículo exponíamos la triste realidad de la Estación Espacial Internacional si la comparábamos con lo que se esperaba de ella y que, aún hoy en día, se sigue esperando oficialmente: que sea un importante laboratorio científico en microgravedad. Lo cierto es que, según indicábamos en la primera parte de este artículo, menos del 7% de las horas de trabajo de la tripulación se dedican en la actualidad a la ciencia. En esta segunda parte exploraremos qué sentido puede tener la ISS si eliminamos el argumento científico.

Aparte de la ciencia…

Sin duda, hay otros beneficios derivados de la construcción y la presencia de una estación espacial en órbita terrestre, aunque, como ocurre siempre, lo difícil será evaluar si estos beneficios merecen el dinero invertido. Pero repasemos algunos de ellos.

1. Aprender a operar en el espacio. Sí, parece mentira, pero después de 50 años subiendo al espacio, aún no tenemos claro cómo desenvolvernos en él durante poco más de unas semanas o meses. Las estaciones espaciales siguen dependiendo de aportes periódicos no sólo de consumibles como agua, oxígeno, comida o combustible, sino también de repuestos para aparatos vitales que periódicamente se averían. Hablar de una misión a Marte en estas condiciones, con astronautas que pasarían más de dos años sin recibir ningún suministro de la Tierra, suena aún a utopía. Por otra parte, está claro que todavía no entendemos bien la problemática de vivir en el espacio, como este mismo artículo está dejando patente: queremos hacer ciencia en la ISS y no podemos porque hay que dedicarse a otras cosas que no estaban previstas. Está claro: en cuanto a operatividad en el medio espacial, aún nos queda muchísimo por aprender, y la ISS es un buen campo de pruebas para ello.

2. Estudiar el comportamiento del cuerpo humano en el espacio. Aunque no quede apenas tiempo para realizar experimentos científicos en la estación espacial, lo cierto es que sí hay un experimento que se está llevando a cabo de forma continuada cada vez que una tripulación sube a la órbita terrestre: se trata del análisis del comportamiento del cuerpo humano en el medio espacial. En este sentido, los astronautas son conejillos de indias sometidos al escrutinio de un sector del mundo médico cada vez que suben al espacio. Sin embargo, debemos ser un poco críticos con esto: aunque no tengo conocimientos médicos, y aunque no descarto que la repetición una y otra vez del mismo experimento pueda suministrar de vez en cuando algún resultado interesante, lo cierto es que estamos ante eso, una repetición del mismo experimento sin que cambien las condiciones en las que se lleva a cabo. Llevamos 50 años estudiando el comportamiento del cuerpo humano en el espacio, y lo cierto es que desde los tiempos de la Mir no se ha evolucionado demasiado en este aspecto: los récords de permanencia en el espacio se establecieron en aquella famosa estación rusa, y el tiempo de permanencia de las tripulaciones en la ISS está muy alejado (menos de la mitad) de la duración de aquellas longevas misiones. En estas condiciones, dudo que se esté incrementando apreciablemente el conocimiento médico si la investigación está estancada en unas condiciones de experimentación inamovibles desde hace ya décadas. La ISS nos proporciona el potencial de seguir avanzando en esta investigación, pero parece que por alguna razón no existen grandes motivaciones para hacerlo.

3. Desarrollo tecnológico. ¿Qué significa esto? Pues ni más ni menos que la exploración espacial en su conjunto, y en particular el caso que nos ocupa, la ISS, es una excusa perfecta para seguir avanzando en el desarrollo tecnológico de nuestra sociedad. En otras palabras: que embarcándonos en estos proyectos, nuestras empresas avanzan, aprenden y se desarrollan cada vez más, haciéndose ellas y los países en los que se encuentran más competitivos. Como a menudo nos recuerdan algunos defensores de la actividad espacial, el dinero invertido en esta área (dinero público en su abrumadora mayoría, exceptuando los satélites comerciales y poco más) no es dinero tirado a la basura o a las inmensidades del espacio: es dinero público que va a las empresas para que ellas saquen adelante los proyectos; son las empresas las que fabrican los módulos de la ISS, los equipos que hay en su interior o las naves y lanzadores que la mantienen. Trabajando en estos proyectos, las empresas avanzan, se desarrollan, mantienen puestos de trabajo y enriquecen al país. Por tanto, invertir en el espacio es invertir en nuestras industrias más punteras y en el desarrollo de un sector de alta tecnología que haga al país más competitivo. Todo esto es así, y es cierto. Ahora bien… siendo críticos, esto también lo podríamos conseguir con otros proyectos de alta tecnología que quizás pudieran dar más réditos. Es decir, si bien es cierto que el mero hecho de llevar a cabo un proyecto de estos, aunque el proyecto sea inútil, es útil en sí mismo, siempre será mejor invertir en algo que dé resultados “útiles”, y así ganaremos doblemente. Por lo tanto, este argumento es válido, pero por sí solo no sirve para defender la ISS, la actividad espacial, o cualquier otra actividad que se nos ocurra, porque siempre podrá argumentar alguien que existe otro proyecto igualmente tractor de la industria que pueda tener resultados más positivos.

En resumen: está claro que, aunque la Estación Espacial Internacional no esté dando los resultados científicos esperados, no por ello deja de tener utilidad. Pero esto no debe servirnos de consuelo o de justificación de la triste realidad: que en relación a su función principal (o, al menos, la más anunciada como tal) podemos decir con rotundidad que a día de hoy ha resultado un fracaso. Para investigar 30 horas por semana no necesitábamos un macrocomplejo lleno de módulos laboratorio como la ISS: una pequeña estación como la Mir hubiera sido perfectamente válida para ello… y quizás no me equivoque si aventuro el hecho de que la mayor simplicidad de unas instalaciones más pequeñas reducirían asimismo las horas de mantenimiento, redundando incluso en una mayor producción científica. Y el resto del dinero invertido en el proyecto podría haberse invertido en misiones de exploración interplanetaria, por ejemplo, manteniendo así los réditos antes comentados de cara a la industria y al desarrollo tecnológico en general, con una mayor productividad científica.

En fin, esperemos que esto nos sirva para aprender de cara al futuro y no repetir los mismos errores. Porque hay otra cosa que no debemos olvidar: para poder aprender y avanzar, también hay que equivocarse.

18 enero 2011

¿Para qué sirve la ISS? – Primera parte

Es la vieja pregunta. Desde que se pusiera en el espacio su primer componente, hace ya 12 años, han sido bastantes las voces críticas que se han preguntado para qué invertir miles de millones de dólares en un proyecto como éste, sin beneficios claros.

La respuesta casi siempre ha sido la misma, aunque con ligeros cambios con el paso del tiempo: inicialmente, la ISS iba a ser un fantástico laboratorio con condiciones únicas, en el que se desarrollarían nuevos medicamentos y materiales que revolucionarían nuestra vida en la Tierra. Con el paso de los años, cuando este discurso empezó a ser claramente poco creíble dadas las evidencias, se suavizó el mensaje eliminando la absurda parte que convertía la ISS en una fábrica de última generación en órbita terrestre, para dejarlo simplemente en un laboratorio de investigación, manteniendo, eso sí, el mensaje de la importancia de un centro de investigación con unas condiciones de experimentación irrepetibles sobre nuestro planeta.

Entre las protestas de los más críticos y las respuestas grandilocuentes y de contenido cambiante, la realidad era que la ISS poco a poco iba tomando forma. Muy poco a poco, sí, porque los recortes presupuestarios, los problemas con los transbordadores (especialmente el parón en la construcción provocado por el accidente del Columbia) y los problemas y retrasos de todo tipo, la realidad es que la finalización de la estación, que inicialmente estaba planificada para unos pocos años, ha llevado en la práctica más de una década. Doce años durante los cuales la estación ha ido envejeciendo sin ni siquiera estar completada, mientras era ocupada por sucesivas tripulaciones que dedicaban la mayor parte de su tiempo al propio mantenimiento de la estación, y muy poco o casi nada a la experimentación científica para la cual se suponía que se había ideado el complejo.
Esta situación ha sido criticada en ocasiones incluso por los propios astronautas, frustrados a veces por lo infructuoso de su trabajo. Lo cual ya de por sí es noticia; no sólo porque es muy poco frecuente que un astronauta arriesgue su carrera criticando a quien le da de comer, sino también porque, en una profesión tan vocacional, muchas veces la ambición del astronauta medio es subir al espacio sin importarle lo que tenga que hacer allí (esto lo ha confesado en sus memorias algún que otro astronauta norteamericano, comentando que suele ser el sentir general). Por eso, cuando Pavel Vinogradov expresó tan claramente sus críticas al proyecto a la vuelta de su última expedición a la ISS, en 2006, éstas resultaron especialmente relevantes para los que las escuchamos. Aunque, lamentablemente, tuvieran poca repercusión…

De todas formas, para una gran parte de estas críticas ha habido durante años una buena excusa: con tripulaciones de sólo tres miembros (el máximo posible en una estación inconclusa que funcionaba a medio gas) era imposible llevar a cabo un programa de experimentación decente, ya que los astronautas estaban saturados de trabajo simplemente intentando mantener en funcionamiento el complejo. Cuando se aumentase el número de tripulantes hasta el máximo previsto de seis, se decía, la situación cambiaría radicalmente, para bien de la ciencia.

Hubo que esperar hasta mayo de 2009 para que, finalmente, la tripulación de la estación espacial creciera hasta su máximo previsto de seis astronautas. Aunque no eran los siete tripulantes que se preveían en el proyecto inicial, antes de que los recortes presupuestarios obligasen a cancelar cierto número de módulos y vehículos que debían dar soporte al complejo, parecía una tripulación adecuada para que por fin la ciencia llevada a cabo en la estación tuviese un lugar preeminente en las operaciones a bordo.

La dura realidad

A día de hoy, en cambio, la realidad parece ser muy distinta. Año y medio después de que las tripulaciones de la estación crecieran hasta los seis miembros, y con ellas lo hicieran también las expectativas de un trabajo científico digno, nos encontramos con una declaraciones del astronauta Scott Kelly, comandante a bordo de la ISS, donde expresa su confianza en que “Ahora que ya tenemos tripulaciones de seis miembros, vamos a intentar destinar una media de 30 horas a la semana a diferentes investigaciones científicas”. 30 horas por semana repartidas entre toda la tripulación. Impresionante. Para una jornada laboral terrestre típica, esto supondría un 12,5% del tiempo de trabajo dedicado a la ciencia; pero si recordamos que la jornada efectiva de un astronauta es de 12 horas diarias durante seis días por semana, el porcentaje cae hasta un ridículo 6,9% de su tiempo de trabajo dedicado a la ciencia. Si creemos las declaraciones de los que siempre nos han dicho que el fin de la ISS es la investigación científica, deberíamos concluir que estas cifras en manos de cualquier gestor competente significarían el cierre inmediato.

Probablemente hay muchas razones y de relevante peso para que ésta sea la realidad a bordo de la Estación Espacial Internacional, pero ello no es óbice para que presentemos la evidencia de que, como laboratorio de investigación, el proyecto prácticamente se pueda calificar de fracaso. Un complejo en el que se han invertido miles de millones de dólares (no se han publicado datos exactos, pero las estimaciones lo cifran entre los 35.000 y los 160.000 millones de dólares) para dar, doce años después de su arranque, una producción científica de 30 horas semanales, es algo para lo que prácticamente no existen calificativos. Teniendo en cuenta que cualquier investigación moderna requiere miles de horas de trabajo en laboratorio para dar algún fruto, por mínimo que sea… ¿qué podemos esperar de los experimentos realizados en la ISS? Pues me temo que lo que hemos venido viendo hasta ahora: prácticamente nada.

¿Quiere esto decir que el dinero invertido en la estación espacial ha sido dinero tirado a la basura? No, por supuesto. Todo el dinero que se ha invertido en la estación espacial, como cualquier inversión en astronáutica en general, o de forma más amplia en ciencia y tecnología, tiene sus réditos, que luego mencionaremos brevemente. Pero eso no quiere decir que haya sido la forma más efectiva de invertir esos miles de millones. Desde luego, si mantenemos el argumento de la ciencia para justificar la estación, la ruina es evidente: con ese dinero podrían mantenerse decenas de laboratorios terrestres con una producción científica (al menos en horas de investigación) extraordinariamente mayor. Por supuesto estos laboratorios terrestres no podrían nunca realizar los experimentos que se pueden llevar a cabo en la ISS gracias a sus condiciones de microgravedad, pero parece difícilmente justificable que 1 hora de investigación en microgravedad sea más importante que 1000 horas de investigación en la Tierra (la proporción es hipotética, pero no creo estar exagerando en absoluto, si pensamos en lo que se podría hacer en nuestro planeta con el coste de la estación; probablemente me quedo corto).

Está claro que la justificación científica de tener unas instalaciones como las de la Estación Espacial Internacional en órbita terrestre no parece sostenerse en absoluto. La pregunta ahora sería… ¿existe alguna otra justificación para mantener la ISS y una presencia humana continuada en el espacio? ¿O todo esto no es más que un absurdo sinsentido, aunque quede muy bonito en las fotos?

Para no demorar más la publicación de esta entrada, y dado que no tengo demasiado tiempo para escribir últimamente, hablaremos sobre todo esto en una segunda parte de este artículo.

05 enero 2011

Constellation, en estado vegetativo

El programa Constellation agoniza. “¿Pero no había muerto ya?”, os preguntaréis muchos. Bueno, sí… pero no. Parece uno de esos pacientes en coma vegetativo, que se sabe que nunca despertarán pero que muestran una mínima actividad cerebral y se mantienen con vida únicamente gracias las máquinas a las que están conectados, y que la legislación impide desactivar. Pues algo muy, muy parecido es lo que le está pasando al programa Constellation.

Como todos sabéis, el presidente Obama canceló el programa hace ya unos cuantos meses, pero desde entonces se encontró con una fuerte oposición por parte de algunos sectores del Congreso, que se oponían a la pérdida de puestos de trabajo en sus jurisdicciones que supondría la cancelación del programa. De este modo, a pesar de que el presidente había decidido no gastar ni un dólar más en un programa cancelado, estos congresistas se acogieron a triquiñuelas legales para impedir formalmente la cancelación del programa hasta que entrase en vigor un nuevo presupuesto para la NASA aprobado por el Congreso, lo cual debía suceder en octubre del año que acaba de terminar.

Sin embargo, la situación se agravó cuando, llegado el momento, ese mismo Congreso decidió no aprobar un nuevo presupuesto para 2011, sino extender el de 2010 hasta marzo, forzando de hecho a la NASA a mantener activo el programa cancelado por el presidente.

Lo absurdo de la situación es que ahora la NASA se ve obligada a invertir cerca de 500 millones de dólares más en mantener activas durante estos meses las actividades en torno al Ares I y la nave Orión, a pesar de que se sabe que gran parte de este dinero será dinero tirado. Porque si bien la nave Orión puede tener aún alguna esperanza de sobrevivir de alguna forma a su muerte definitiva, aunque sea pasando por un profundo rediseño, lo cierto es que en el Ares I ya no cree nadie.

En un contexto en el que, como expuso claramente la comisión Augustine encargada de analizar la situación de la agencia espacial norteamericana, la NASA no cuenta con un presupuesto suficiente para desarrollar el que debería ser el sustituto del transbordador espacial, que será dado de baja este año, nos encontramos con que parte de ese escaso dinero debe desperdiciarse en mantener artificialmente con vida a un proyecto clínicamente muerto. A qué absurdos nos lleva a menudo la política.

02 febrero 2010

Vaguedad y contundencia. El futuro de la NASA

Vaguedad y contundencia. Con estas dos palabras en principio tan antagonistas es como se me ocurre definir el resumen del presupuesto de la NASA para los próximos 5 años. Vaguedad llevada al extremo cuando uno lee cosas como “Inversiones significativas y sostenidas en desarrollo de tecnología transformativa y demostraciones de tecnología de vanguardia para perseguir nuevas aproximaciones a la exploración espacial”. (El que haya pillado algo, que me lo diga). Y contundencia, en cambio, cuando se presenta sin ningún tapujo la “cancelación del programa Constellation”, en palabras textuales. Nada de un cambio de objetivos, nada de un cambio de rumbo, nada de un cambio de arquitectura… cancelación, pura y dura, de la totalidad del programa. Así, con claridad, sin ningún tipo de maquillaje ni concesiones a la retórica, para que no quepan dudas.

La “visión” de Bush-hijo termina así como anteriormente lo hiciera la iniciativa similar de Bush-padre o como han terminado muchas otras políticas de exploración espacial desde la finalización del proyecto Apollo: en la papelera. La gran diferencia era que hasta ahora bastaban papeleras normales; en el caso del programa Constellation, necesitarán una gigantesca papelera al tratarse del único de estos megaproyectos que ya contaba con hardware construido, habiéndose llegado incluso a realizar un primer vuelo de pruebas de un prototipo parcial del Ares I. Había que echarle narices (por no decir otra cosa) para cargarse de un plumazo un programa en un estado ya tan avanzado y con tantos millones de dólares invertidos. Pero en el desastroso estado en el que se encontraba el programa probablemente había que hacerlo. Y se ha hecho.

El presupuesto es el reflejo de la respuesta de la Casa Blanca al informe de la Comisión Augustine encargada de examinar la situación actual y hacer propuestas para el futuro del programa espacial norteamericano. Y, aunque a primera vista quizás no lo parezca, se trata de un presupuesto que recoge muchas de las sugerencias realizadas por la comisión. Sin embargo, y esto es lo que más llama la atención, no ha recogido la propuesta más llamativa, la que parecía ser el centro de todo el estudio realizado por el grupo de expertos: no se sustituyen los cohetes Ares I y Ares V del programa Constellation por una nueva arquitectura o filosofía de exploración; simplemente, se cancelan. Nada de Ares V Lite, nada de “opción flexible”, nada de grandes planes para el futuro. Se recogen las recomendaciones de la comisión que para muchos quedaban semiocultas entre las más llamativas propuestas del informe: el énfasis en el desarrollo de nuevas tecnologías y la expresión de la voluntad de buscar más en profundidad la colaboración internacional para nuevos proyectos (esto es poco más que una mera declaración de intenciones vacía). Esto, y la recomendación de apoyarse en el sector comercial para dar apoyo a las actividades tripuladas en el espacio es lo que se recoge del informe Augustine. Todas las elucubraciones sobre los nuevos cohetes que utilizará la NASA se quedan en… nada.

En el pequeño círculo que formamos los aficionados y los directamente involucrados en las actividades de la NASA las reacciones han sido múltiples y, en general, tremendamente negativas. Fuera de este pequeño círculo, por lo demás, el mundo sigue su curso y la gente de a pie ni se ha enterado… ni le importa.

Lo que podría resultar tremendamente curioso si se analiza con frialdad es que las reacciones sean tan negativas cuando se publica un presupuesto que aumenta la asignación económica a la NASA para los próximos 5 años en 6000 millones de dólares. En una etapa de crisis económica, el presupuesto de la NASA no sólo no disminuye, sino que aumenta. Pero sin embargo, su programa estrella ha sido cancelado. Para la mayor parte de los entusiastas del espacio, y para todos los involucrados en el programa Constellation que verán desaparecer no sólo su bonito proyecto sino también en muchos casos su puesto de trabajo, todo lo demás no importa.

La reacción es lógica, y no por esperada esta decisión deja de ser un jarro de agua fría para todos los que esperábamos poder ver algún día al hombre “hacer cosas de verdad” en el espacio, al igual que lo vieron nuestros padres a finales de la década de los 60. Y es que daba igual que en el fondo a algunos el programa Constellation nos hubiera parecido un planteamiento equivocado desde sus comienzos: una cosa es el corazón y otra la razón. Y si bien la razón nos decía a muchos que era absurdo empeñarse en volver a la Luna sin motivo, el corazón estaba emocionado por la lejana posibilidad de que pudiese hacerse realidad. Lejana, sí, porque como no me he cansado de repetir en este blog desde el discurso de Bush de enero de 2004, siempre ha estado por ver que realmente el programa Constellation llegase más allá de la órbita terrestre, a pesar de sus intenciones. La posibilidad de que ocurriera algo parecido a lo que finalmente ha ocurrido ha estado muy presente desde el mismo discurso de George Bush, porque realmente nunca ha habido ningún motivo sólido respaldando a este programa más allá de las palabras de un presidente y el entusiasmo de un pequeño grupo de aficionados. Pero también es cierto que pocos esperábamos a estas alturas un portazo tan rotundo.

Ésa ha sido realmente para mí la única pequeña sorpresa del presupuesto de la NASA recién publicado, que es otra forma de decir “la decisión tomada por la Administración Obama para el futuro de la NASA”, ya que el presupuesto no es sólo una asignación económica, sino una declaración de la política a seguir por la agencia en los próximos 5 años. La sorpresa ha sido el completo desmantelamiento del programa Constellation y la declaración sin ambages de este punto; mientras los más optimistas esperaban una directa adhesión a alguna de las propuestas de la comisión Augustine, como la declaración de construir un Ares V Lite en vez de un Ares V o de perseguir la “opción flexible” en lugar del viaje a la Luna, los más pesimistas (¿o realistas?) esperábamos una respuesta ambigua en la que se cambiase la arquitectura a utilizar para el envío de astronautas a la órbita terrestre y se dejase el resto abierto para el futuro. Es decir, yo esperaba que se construyese la nave Orión y que se fabricase algún lanzador para enviarla al espacio, fuese de tipo comercial como recomendaba la comisión, o fuese el propio Ares I dado el avanzado estado de su desarrollo a día de hoy. Respecto al resto, no tenía la más mínima esperanza, pero al menos contaba con esto. La sorpresa ha sido que ni esto se mantiene.

Efectivamente, cuando se dice que se cancela el proyecto Constellation es que se cancela todo lo que abarcaba el proyecto Constellation. Ni Ares I, ni Ares V, ni Orión. Ni Luna, ni asteroides, ni etéreos puntos de Lagrange. No digamos ya Marte y derivados… Ni módulos de descenso, ni módulos vivienda para la superficie de la Luna, ni rovers para desplazarse de un sitio a otro por nuestro satélite. Nada, del contenido del proyecto Constellation no queda nada. Cero. Desde hoy, se quedó en los sueños, quizás algo megalomaníacos, de Bush-hijo y del entusiasta y polémico Michael Griffin, además de en las esperanzas de miles de aficionados a nivel mundial (triste tener que decir miles, y no millones).

Vale, olvidémonos de que un frío 14 de enero de 2004 Bush nos dejaba boquiabiertos con unas declaraciones grandilocuentes para el futuro de la NASA. Vale, todo fue un sueño, borrémoslo. Pero entonces… ¿ahora qué? Bien, podríamos decir que más de lo mismo, pero es que no puede ser más de lo mismo: el Shuttle se acaba. El transbordador tiene los días contados, su retiro se debía producir este mismo año y como mucho se retrasará a comienzos del año próximo si los imprevistos impidieran terminar en 2010 las cinco misiones que tiene asignadas, pero después… se acabó. Los Estados Unidos se quedarán sin vehículo para subir a sus astronautas al espacio. Serán una potencia espacial sin nave espacial. Esto es lo que en principio significa que ni siquiera se mantenga el desarrollo de la nave Orión. Sorprendente.

Aunque más que sorprendente quizás deberíamos decir osado. Porque lo cierto es que no se renuncia explícitamente a disponer de un vehículo de transporte de tripulaciones, sino que se decide pasar este desarrollo a la industria privada. E incluso eso se hace sin objetivos claros: es posible que los detalles se establezcan en futuros contratos o peticiones de oferta, pero por ahora no hay fecha establecida ni requisitos fijados para un vehículo de estas características. Se establece que se subcontratará a la industria privada, y se asigna un presupuesto, pero poco más. Se reconoce así indirectamente que habrá que hacer un vehículo, pero cuál, cómo y para cuándo es algo que queda en el aire. Y se tira a la basura todo lo que se había hecho alrededor de la nave Orión, en lugar de intentar adaptarla a un nuevo lanzador, como muchos esperábamos. ¿Por qué? Es innegable que la Orión tenía problemas, que se venían mostrando al exterior los últimos años en forma de imparable sobrepeso. Intuyo que estos problemas unidos a un diseño y tamaño que probablemente se contemplen ahora como exagerados para simplemente subir hombres a 400 km de altura habrán podido ser las causas de esta cancelación. Pero como decía, su abandono ha sido quizás lo más sorprendente… y osado.

En el fondo, algo parecido ocurre con el lanzador: se pasa a la industria privada, pero no hay más datos. Supongo que ahora le toca a la NASA hacer su trabajo, establecer especificaciones y términos para las peticiones de oferta que deberá lanzar a la industria para la realización tanto del vehículo como de su lanzador. Puesta a cero de nuevo, volver a empezar. Y todo esto, con el Shuttle a un año de dejar de volar. No me gustaría estar en el pellejo de los astronautas norteamericanos en estos momentos: más les vale empezar a buscar dónde dar conferencias. Aunque, como dijo Bogart, “siempre nos quedará Moscú” (bueno, más o menos). Señores de Energiya, denle a la manivela de fabricar Soyuzes, parece que van a hacer falta…

En fin, ¿qué sacamos en claro, finalmente, de esta nueva política-presupuesto de la NASA, siendo objetivos? Primero, se abandona por parte de la agencia el desarrollo de vehículos tripulados y lanzadores, actividades que se derivan a la empresa privada. La NASA no sólo subcontratará la fabricación de ambos (cosa que, en realidad, habían hecho siempre) sino que ahora se subcontratan los servicios; no se pide que nos fabriquen un coche para comprarlo, se pide que nos preparen un taxi para llamarlo cuando lo necesitemos. Un cambio revolucionario en la forma de trabajar.

Por supuesto, se decide mantener la ISS al menos hasta 2020; abandonarla justo cuando se acababa de terminar era absurdo e indefendible, y no creo que nadie en su sano juicio se lo plantease como una opción realista. Por lo demás, se habla de incrementar las actividades científicas y de exploración no tripulada del espacio, así como las inversiones en investigación aeronáutica. En el fondo, una vuelta a la NASA pre-Bush, antes de que todas estas actividades sufrieran un severo recorte presupuestario para derivar fondos al programa Constellation. Se hace también especial hincapié en el desarrollo de nuevas tecnologías de diferente tipo (propulsión, repostaje en órbita y otras) que puedan resultar de utilidad para una futura exploración espacial más eficiente y efectiva (los estudios dirigidos hacia futuros lanzadores pesados también entran aquí, de forma algo vaga). Lo malo de estas declaraciones es que suelen resultar demasiado indefinidas, e incluso una vez puestas en marcha, a menudo son actividades que terminan perdiéndose en vagas elucubraciones que consumen presupuesto año tras año sin grandes resultados y sin objetivos concretos salvo que se gestionen muy bien, que no es fácil. Pero sin duda se trataba de algo necesario, y de algo que vengo repitiendo desde que empecé a escribir sobre estos temas: para llegar a una exploración espacial tripulada eficaz y continuada debemos centrarnos antes en el desarrollo de nuevas tecnologías e investigación de base que nos permitan solucionar los grandes problemas que hoy impiden que este sueño se lleve realmente a cabo; específicamente, buscar la solución (o al menos algún paliativo) al grave problema de los elevados costes de acceso al espacio, entre muchas otras investigaciones igualmente necesarias. Lo malo es que se trata de un proceso lento y nada vistoso, pero es la única forma de que algún día nuestros nietos puedan llegar a ver aquello con lo que nosotros soñamos: fotos del hombre sobre otro cuerpo del Sistema Solar que no daten del siglo pasado.

En fin, quitémonos la venda de los ojos. La vida sigue, y en el fondo ha ocurrido lo que tenía que ocurrir. Ha habido alguna sorpresa adicional por ese osado y arriesgado cambio de rumbo que supone derivar una gran responsabilidad del programa espacial norteamericano a la empresa privada (algo que en el fondo tampoco es tanta sorpresa, porque era una posibilidad conocida), pero poco más. En el fondo, la novedad es más bien un cambio de gestión y administrativo, aunque sin duda pueda tener consecuencias operativas si sale mal. Pero el resto era algo que estaba cantado hace tiempo, por mucho que nos duela reconocerlo. Y es que a todos nos habría gustado ver a un astronauta dando saltitos sobre la Luna. Aunque en el fondo supiéramos que no tenía demasiado sentido…

Para los interesados, aquí van los enlaces a la información más relevante:

El resumen del presupuesto
El discurso del Administrador Bolden explicándolo

24 diciembre 2009

Según un juez español, el derecho de libertad de prensa no cubre a Internet

Los que me seguís hace tiempo sabéis que, aunque suelo tratar bastantes temas de política espacial desde un punto de vista de opinión, no suelo meterme en otros temas de política general, que considero al margen de la temática de este blog. Sin embargo, al igual que hice con la denuncia del recorte de la inversión estatal en I+D, hoy volveré a hacer una excepción para tocar un tema que creo que nos incumbe directamente a todos los que escribimos en Internet.

Y es que, según una sentencia del juez Ricardo Rodríguez Fernández, Internet no es un medio de comunicación social, y por tanto no está cubierto por el artículo 20 de la Constitución Española, relativo a la libertad de expresión y de prensa. Cito textualmente una parte del artículo publicado hoy por El País sobre este tema:

La resolución siembra dudas sobre el encaje constitucional de los medios digitales, cuya labor informativa no estaría amparada por la protección que otorga el derecho fundamental a la información, según la sentencia. El artículo 20 de la Constitución define ese derecho como la facultad de "comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión". Sin embargo, la protección constitucional de ese derecho "se refiere a los medios de comunicación social" entre los que la sentencia cita expresamente "la televisión, la radio o la prensa escrita". Internet no entraría en esta categoría y por lo tanto no merecería esa consideración porque, según el magistrado, "no es un medio de comunicación social en sentido estricto, sino universal".

Independientemente del resto de la sentencia, que condena a dos periodistas por destapar unos casos de corrupción política, me parece extremadamente grave lo expresado acerca de la no cobertura de la libertad de información y de expresión en Internet. Se supone que España es un estado democrático de derecho, pero tras leer estas palabras uno se pregunta qué nos diferencia de China. Sinceramente, espero que el recurso a esta sentencia ponga las cosas en su sitio de forma tajante, porque si no, cualquiera de los que nos sentimos libres para decir lo que pensamos desde esta magnífica plataforma que es Internet podríamos acabar un día entre rejas. ¿Surrealista? ¿Tercermundista? Más bien, simplemente vergonzoso.

Lo dicho, felices fiestas, aunque cosas como éstas intenten amargárnoslas.

11 septiembre 2009

Buena respuesta de Mike Griffin a la Comisión Augustine

Tengo que reconocer que me ha sorprendido la respuesta que Griffin, el antiguo Administrador de la NASA hasta la llegada de Obama a la presidencia, ha dado al informe previo presentado por la Comisión Augustine. Y me ha sorprendido para bien.

La primera sorpresa ha sido parcial, y ha sido el hecho de encontrarme con la réplica por su parte. Muy típico de él, en ese sentido no es sorprendente: como ya dije hace algún tiempo, este hombre no se calla ni debajo del agua. Pero después de que hace unos meses hiciera públicas sus recomendaciones a la comisión (algo pasadas de rosca en sus formas, desde mi punto de vista), yo esperaba que ahora tuviera la “elegancia” de aceptar las conclusiones calladito, aunque no le gustaran. Pero no, eso era pedirle demasiado a Griffin…

Así que reconozco que cuando he leído lo de la réplica, he empezado a partirme de risa por dentro, esperando encontrarme con una rabieta más digna de una pelea de verduleras (y no me refiero a las dignas mujeres que nos venden las verduras). Esperaba eso, un espectáculo bochornoso y risible, pero no, ésa ha sido la verdadera sorpresa: la respuesta de Griffin ha sido bastante contenida e inteligente, y con mucho más peso en su corta extensión que todo el informe de la comisión. Desde mi punto de vista, en las formas, Griffin ha ganado por goleada, lo cual no era muy difícil, ya que, como comenté en la entrada anterior, el informe de la comisión es bastante deplorable en este sentido.

Es imposible saber desde fuera quién tiene razón, pero si de un debate político se tratara, diría que Griffin ha ganado por goleada. Porque Griffin presenta datos frente a las vaguedades de la comisión, contraataca con hechos frente a simple bla-bla-bla. Por supuesto, esto no quiere decir que tenga razón, pero el hecho de dar datos concretos (sin entrar en si son o no precisos) frente a vaguedades, le hace ganar muchísima credibilidad frente a un espectador externo. De eso era de lo que tanto me quejaba yo respecto al informe de la comisión: puede que haya sólidos datos detrás (esperaremos al informe final para saberlo), pero no lo demuestran, todo son vaguedades. Griffin se aprovecha hábilmente de ello, insinuando incluso que la comisión no da datos porque realmente no los tienen, insinuando que las opciones y recomendaciones presentadas no se han hecho en base a un análisis “profesional”; no sé si es cierto o no, pero desde luego ya dije que la impresión de falta de profesionalidad en la redacción del informe era clara, y Griffin se aprovecha de ello para ganar claramente de cara a la galería. Aunque sin datos objetivos por ambas partes para un observador imparcial, es imposible saber quién tiene razón.

No toda la carta de Griffin es un ejemplo de buen hacer, también hay que decirlo. En ocasiones se excede en algún comentario, o argumenta desde puntos de vista más “filosóficos” o “políticos” que técnicos, aprovechando también para intentar confundir al lector a su favor. Un ejemplo claro de esto es cuando ataca la opción presentada por la comisión de utilizar lanzadores comerciales en lugar del Ares I para subir astronautas a la órbita terrestre. Atacando duramente la recomendación de la comisión de pasar esos servicios al “sector comercial”, Griffin eleva el tono para contestar: “¿Qué sector comercial? En estos momentos, la única opción ‘comercial’ claramente disponible es el Ariane 5”. Ya sabíamos por su carta anterior que Griffin no quiere ni oír hablar de que la NASA no tenga su propio cohete para enviar a los astronautas al espacio, teniendo que usar cohetes de Boeing, Lockheed u otros; para él es casi un axioma de fé, aunque por supuesto no hay razones técnicas a favor o en contra, las únicas razones podrían ser estratégicas, políticas, o “filosóficas” (aunque no digo que no puedan tener su importancia). Pero la airada respuesta de Griffin no es más que un intento de liar la cuestión: acude al purismo del término “comercial” para dejar fuera al Delta IV Heavy y al Atlas 5 (los lanzadores en consideración para sustituir al Ares I), ya que estos lanzadores, aunque privados, no están completamente abiertos al mercado comercial: hoy en día, su único cliente es el ejército. Pero esto no quiere decir que no se pueda ampliar el abanico de clientes para incluir a la NASA. Aquí Griffin juega con los matices para hacer un pequeño engaño a su favor; desde luego, el tío vale para político.

Pero, aunque hay algún otro breve comentario donde se excede un poco, como he dicho me ha sorprendido la contención, contundencia e inteligencia del texto de Griffin en su conjunto. Ataca los puntos débiles del informe de la comisión sin piedad, y lo cierto es que se lo han puesto “a huevo”, con perdón. Por ejemplo, cuando el informe habla de la posibilidad de utilizar múltiples lanzamientos de lanzadores medios para llevar a cabo misiones de espacio profundo, lo cual requeriría, entre otras cosas, la creación de depósitos de combustible en órbita baja. En mi entrada anterior, aunque pasé sobre ello de puntillas, ya calificaba yo estas opciones de “poco realistas”, pero Griffin aprovecha para arremeter contra ello, con razón. Para mí, es un error de principiante presentar una opción tan claramente atacable por cualquiera con conocimientos técnicos del tema en un informe serio. Por muy sólido que sea el resto, si la cagas claramente en un punto y tu oponente aprovecha para meter el dedo ahí y hurgar, puede echar por tierra todo el buen hacer del resto del trabajo; es un fallo de ingenuos.

En uno de sus comentarios, Griffin dice exactamente lo mismo que decía yo en mi entrada anterior: en referencia a las diferentes opciones presentadas, de la forma en que están presentadas, “es imposible realizar comparaciones sólidas de coste/calendario/prestaciones/riesgo entre ellas”. Es la pura verdad, aunque yo aún confío en que esto se mejore en el informe final; si no, mala cosa. En cualquier caso, es un mal comienzo.

Otra ejemplo de duda clara expuesta por Griffin es la opción del Ares V Lite como lanzador único frente al Ares I más el Ares V. La comisión alega vagamente en su informe una mayor economía de esta opción, y Griffin ironiza que dónde está esa economía, argumentando además que la NASA hizo muchos estudios comparativos en su día y la opción AresI+Ares V era la más económica. Yo espero que la comisión tenga datos para respaldar su afirmación, pero como su informe previo sólo dice vaguedades, uno se queda con la duda. Éste era uno de los puntos a los que me refería yo en mi entrada anterior cuando decía que también tenía dudas sobre “el fondo” del informe, pero que esperaría a ver el informe final (esperando que incluyese esos datos) para pronunciarme. Y es que, a priori, no es tan claro que dos lanzamientos de un lanzador casi-pesado sean más económicos que un lanzamiento de un lanzador medio más un lanzador pesado. Sin un estudio detallado es imposible elegir: en el primer caso, se abaratan costes de desarrollo al diseñarse un solo modelo en lugar de dos; pero los costes de desarrollo son costes no recurrentes (se pagan sólo una vez), y a largo plazo lo importante son los costes recurrentes (los que se pagan con cada lanzamiento), y en este sentido parece que lanzar dos lanzadores pesados pueda ser más caro que lanzar uno pesado y otro ligero. Pero, por otra parte, usar dos lanzadores iguales puede bajar también esos costes recurrentes debido a la comunalidad, tanto en la fabricación en serie como en el mantenimiento y la operación… En fin, que son muchos parámetros a considerar, no es algo tan evidente que una opción sea mejor que la otra, se necesitan estudios comparativos detallados. Griffin juega con la ventaja de poder decir que ha hecho esos estudios, y con la credibilidad de que la NASA estuvo un tiempo decidiendo la mejor configuración, por lo que es lógico que dichos estudios existan; la comisión quizás los haya hecho, pero nada en lo que han publicado hasta ahora lo demuestra. Salvo que reaccionen rápido y puedan contrarrestar con datos los ataques de Griffin y otros que puedan venir, lo cierto es que la falta de profesionalidad en la forma de su informe, de la que tanto me quejé, les ha hecho quedar ahora en una posición débil, desde mi punto de vista.

La cosa tiene su importancia: al parecer, no sólo yo he quedado impresionado por la contundencia y fundamento de la carta de Griffin, sino que el Congreso de los Estados Unidos ha recibido la misma impresión. Hasta el punto de que la semana que viene habían convocado a Charles Bolden, Administrador de la NASA, para una audiencia en el Congreso, y ahora esa comparecencia se ha retrasado para llamar en su lugar a Michael Griffin. Interesante, ¿verdad?

Ya sé que soy rarito, pero yo disfruto con estas “peleas” como si se tratase de un programa del corazón para frikis. Vamos, muchísimo más divertido que ver a la Belén Esteban y la Mª José Campanario tirándose de los pelos, dónde va a parar…

(Si queréis leer completa la réplica de Griffin a la comisión, la tenéis aquí.)