31 mayo 2006

Panfleto Antipedagógico

Permitidme que hoy me separe un poco del tema central de este blog para presentaros, a quien no lo conozca, una obra que considero de un gran interés para los que vivimos en España.

Se trata del "Panfleto Antipedagógico", de Ricardo Moreno, una profunda reflexión cargada de un sentido común aplastante sobre el grave problema que vive la educación pública en España. El autor (catedrático de matemáticas y doctor en filosofía, autor de varios libros y profesor de universidad e instituto) lo escribió como una llamada a toda la sociedad, para ser distribuido libremente por internet, e intentar llamar la atención sobre las raíces del problema en busca de una solución urgente; y fue tan grande el éxito y la difusión que adquirió, que recientemente, algo ampliado, ha sido publicado como libro. El texto, que unos pocos califican de reaccionario, ha recibido los elogios de intelectuales y políticos de izquierda (incluidos relevantes miembros del PSOE), confesándose el propio Ricardo como votante de este mismo partido que en su día inició el cambio educativo cuyas consecuencias hoy vivimos y cuyos errores ninguno de los diferentes gobiernos ha sido capaz de reparar hasta ahora. Pero es que el texto de Ricardo no es político: como decía al principio, es puro sentido común, y éste no entiende de derechas o de izquierdas. Es una llamada, un grito a la reflexión para intentar reparar el inmenso daño que estamos haciendo a las próximas generaciones de este país.

Este blog es un lugar de reflexión y debate sobre la astronáutica y el espacio, sobre la ciencia y la tecnología. Y la ciencia y la tecnología necesitan de unos jóvenes bien formados para seguir progresando adecuadamente en el futuro.

Yo me eduqué en la escuela pública, y estoy orgulloso de la formación que recibí. Hoy, la educación pública en España ha caído hasta niveles vergonzosos. Lo fácil y simplista es achacar el problema a la inmigración; también Hitler achacaba todos los problemas de Alemania a los comunistas y los judíos, consiguiendo así el apoyo de una población deseosa de identificar la razón de sus problemas. Presentar un chivo expiatorio es una solución simplista y populista a la vez. Ricardo Moreno, por el contrario, identifica en su "Panfleto" las verdaderas raíces del problema educativo, que nada tienen que ver con estos comentarios que oímos cada día por ahí. Esas raíces no son tan simples, aunque tras leer el Panfleto aparecen como evidentes; identificarlas es crucial para poder actuar de verdad contra el problema.

25 mayo 2006

¡'Peaso' notición!


AVISO: No se me ofenda nadie, que esto va en tono muy crítico, pero jocoso, y con un lenguaje de charla de café. Así que hale, allá va:

El otro día me encontré con un ejemplo más de los a menudo desastrosos artículos que se publican en la prensa española sobre temas espaciales (y de ciencia, en general).

No revelaré el nombre del periódico (que es un periódico de primera línea, de tirada nacional), ni el del periodista que firmaba el artículo, porque no es relevante: ocurre en todos. Y eso es lo verdaderamente penoso. Porque no estoy pidiendo que los periodistas sean expertos en el tema (aunque los que escriben la sección de ciencia y tecnología deberían tener alguna base un pelín mejor), pero sí que al menos contrasten mínimamente las informaciones, y no cometan errores flagrantes como los de este caso. Y si de algo no sabes, no te lances a la piscina, y no te salgas de la información básica intentando hacer florituras, porque lo más seguro es que la cagues, con perdón. Como en este caso. Recordando la versión jocosa de la letra de un pasodoble: "¿si no sabes torear, 'pá' qué te metes?"

El artículo en cuestión fue publicado el 15 de mayo de 2006, anunciando el concurso lanzado por la NASA para el diseño del futuro módulo de alunizaje que deberá devolver a astronautas americanos a la Luna en la década de 2020, de acuerdo a la "visión" de Bush. Y ahí ya empezamos mal, porque aparece el día 15 como noticia algo que se hizo oficial el día 5. Pero claro, ya sabemos que este tipo de artículos se meten a menudo "de relleno", cuando no hay nada "mejor"... Y prefiero pensar que fue eso, y no que el periodista no se enteró hasta el día 14 de la noticia, porque eso ya sería más grave...

Pero bueno, ¿a quién le importa un desfase de casi dos semanas en noticias como ésta? Total, como si no la publican... Al fin y al cabo, estas noticias parecen cumplir más o menos la misma función que las tiras cómicas o el crucigrama: entretener al respetable. En fin...

De todas formas, el tema de las fechas podemos perdonarlo, pero los errores flagrantes en el texto, de ninguna manera. Y me refiero a (cito literalmente) "con la agencia bajo unos brutales recortes de presupuesto, los estadounidenses han decidido aliarse con la agencia espacial china para desarrollar un nuevo vehículo espacial capaz de volver a mandar hombres a la Luna". ¡TOMA YA! ¡QUÉ NOTICIÓN! Pero si ahora resulta que los americanos y los chinos van a ir de la manita a la Luna, como amigos de toda la vida... Hay que jod...

La frasecita demuestra no ya que se haya metido la pata, que se haya interpretado mal alguna lectura, o que de algún modo se haya cometido un error disculpable, como humanos que todos somos. No: la frasecita demuestra que no se tiene ni idea ni del escenario en el que se está moviendo la actividad espacial a nivel internacional, ni del contexto geopolítico en el que se desarrolla esta supuesta cooperación. Y como mínimo, un periodista debería conocer esto último. Y si es que ha malinterpretado una lectura, al menos su contenido debería extrañarle lo suficiente como para buscar confirmación. Pero no, ¿para qué? Si es normalísimo, que los chinos y los americanos vayan a ir juntitos a la Luna, ¿por qué no?

En fin, "pá habernos matao". Sí, estoy de coña, pero es que no es para menos. Pero claro, de algún sitio habrá sacado el angelito esta información, ¿no? Pues sí: del hecho de que recientemente ha habido ciertas reuniones bilaterales China-EE.UU. en las que se ha hablado, entre otros muchos temas, del tema espacial. A primeros de abril, el responsable del programa espacial chino, Luo Ge, visitó los Estados Unidos, y en una reunión con su homólogo Michael Griffin lamentó la cerrazón norteamericana a cualquier cooperación en temas espaciales. Recordando "lo abiertos" (en sus palabras) que encontró a los norteamericanos respecto a una posible cooperación en los años 80 y primeros 90, se encontraba con que "ahora es exactamente lo contrario". Vaya, pues sí que leyendo esto parece fácil interpretarlo como que van a ir juntitos a la Luna, ¿no?

Pero bueno, a lo mejor como a Luo Ge lo dejaron pasar en el aeropuerto, podemos interpretarlo como que las cosas van de maravilla y que los programas espaciales de ambos países van a fundirse en uno...

Claro que a lo mejor estoy exagerando. Puede que el pobre se confundiera con la posterior visita del presidente chino, Hu Jintao, a los Estados Unidos, pocas semanas después (finales de abril). En sus conversaciones con Bush salió (entre muchíiiisimos otros temas, y casi "de refilón") el tema espacial. Y claro, ¿qué van a decir dos políticos profesionales en una visita oficial con las sonrisas puestas en la cara? ¿"Te vas a cag..., cacho cabr..., que voy a llegar a la Luna antes que tú"? Pues no me imagino yo esa frase... Con lo bien que queda decir que a ver si cooperamos un poquito en estas cosas, que mira tú que bien, con lo amigos que somos... Y es que eso fue lo que se dijo. En palabras del secretario de asuntos asiáticos: "El presidente (...) ofreció enviar a China al administrador de la NASA para empezar a hablar sobre exploración lunar con los chinos, para hablar sobre algunas de las cosas que tenemos que hacer en el espacio (por ejemplo, evitar la basura espacial, y otros temas)."

Vale, un estudiante de secundaria podría engañarse leyendo estas palabras, pero un periodista no debería hacerlo. ¿Qué es lo que se dice aquí? Simplemente, que más adelante se mantendrán conversaciones para ver en qué se puede cooperar. Nada más. Se menciona la luna porque queda bien, pero no hay el más mínimo compromiso. Por otra parte, cooperar en la exploración lunar puede significar enviar una sonda de un país con un instrumento científico del otro, punto. Y esto es infinitamente más probable que hablar de mandar astronautas en una misión conjunta. Y eso suponiendo que salga algo en claro de esas futuras conversaciones (a celebrar el próximo otoño), en las que los chinos querrán que los americanos relajen su veto sobre el envío de satélites americanos al espacio, y los americanos quizás cedan algo en ese terreno a cambio de contrapartidas comerciales en algún otro. Y esto debería leerlo entre líneas cualquier periodista que se precie. Y si no, como decía al principio, como mínimo debería extrañarle la hipotética cooperación, lo que debería hacerle investigar un pelín (con un pelín vale, os lo aseguro) para llegar a estas mismas conclusiones.

De vergüenza, la verdad. Porque repito lo que decía el "periodista": "los estadounidenses han decidido aliarse con la agencia espacial china para desarrollar un nuevo vehículo espacial capaz de volver a mandar hombres a la Luna". Tergiversar la realidad es poco. Es que sobran los comentarios...

Claro, que la joya de artículo no se para ahí. Y para terminar de rematarlo, tenemos el último párrafo: “la NASA lleva años intentado elegir el diseño del que será la nave espacial que sustituya a los transbordadores espaciales, que tiene previsto ‘jubilar’ en el año 2010. Pero para llevar hombres a la luna, no sólo hace falta una nave capaz de llegar hasta allí sino también tener un módulo que se pueda desenganchar del vehículo, bajar hasta la Luna y luego volver a elevarse, algo que hasta ahora sólo han hecho el ‘Eagle’ y el ‘Apollo’” (en negrita en el original, no es cosa mía; será que estaba orgulloso de la frasecita).

¿La NASA lleva años intentando elegir el diseño? Hombre, lleva dos años justitos trabajando en el tema, y el diseño básico ya se eligió el año pasado. Pero eso no es lo peor... ni tampoco el uso de la palabra "desenganchar", aunque parezca de redacción escolar... lo peor es el final: "algo que hasta ahora sólo han hecho el Eagle y el Apollo". ¡...oño! Y yo sin enterarme... Si ahora resulta que fueron proyectos distintos...

¿Qué cree el periodista, que son dos tipos de naves? ¿O que sólo llegaron dos misiones a la superficie lunar, y que una se llamaba Eagle y la otra Apollo? Tiene coj... la cosa, con perdón, que ya sé que estoy muy mal hablado hoy. Este tío (o tía) no tiene ni p... idea de lo que está escribiendo, y para eso más valía que se callase, porque cuanto más escribe, más la caga. Porque como decía al principio, no pido que sepa que el nombre del primer módulo lunar era Eagle, y que pertenecía a la misión Apollo 11, que estaba integrada dentro del proyecto Apollo, en el curso del cual 6 misiones llegaron a la superficie lunar... no le pido nada de eso, que sólo nos importa a los cuatro locos por estos temas... pero sí le exijo, porque ése es su trabajo, que si lee algo al respecto, se entere bien de lo que lee antes de intentar repetirlo a su manera y no dando pie con bola.

Bueno, termino ya. Lo malo de esto es que no es un caso anecdótico del que reírse un rato (por no llorar...). Lo verdaderamente triste es que estas situaciones se repiten desgraciadamente con una vergonzosa asiduidad. Y uno puede pensar que, total, no es tan grave, que al fin y al cabo no es un tema tan importante, que lo del espacio es sólo un entretenimiento para leer en el periódico entre guerras, inundaciones y escándalos políticos. Pero no nos engañemos: ¿qué fiabilidad adquieren el resto de artículos tras comprobar el rigor con el que escriben ciertos "periodistas"? Penoso.

No quiero meter aquí a todos los periodistas, ni muchísimo menos. Afortunadamente hay muy buenos profesionales en esto, y quiero pensar que los que actúan con esta flagrante falta de profesionalidad son una minoría. Pero sean o no minoría, creo que hacen mucho daño, al poder desvirtuar el buen trabajo de todos los demás. Por eso, deberían ser sus propios jefes los primeros interesados en acabar con este periodismo de opereta. Creo que es importante.

11 mayo 2006

Von Braun, Abú Graib y Guantánamo

¿Von Braun, Abu Graib y Guantánamo? ¿Qué demonios es esto?, pensareis... ¿Torturas, violaciones de los derechos humanos y guerras mezclados con temas del espacio?

Pues sí, hoy sí. Y es debido a una reflexión que me ronda la cabeza hace tiempo, y a la que no encuentro una respuesta clara, pero que veo muy adecuada para plantear aquí y escuchar las diferentes opiniones al respecto. Por cierto, que lo de elegir Abu Graib y Guantánamo como ejemplos representativos es puramente por razones de actualidad, no por buscar un ataque hacia los Estados Unidos. Tristemente, podrían encontrarse decenas de ejemplos similares repartidos por todo el mundo, aunque es paradójico que sea justamente "el país defensor de la democracia" el que tengamos que poner como mal ejemplo en este caso. Pero en fin, que nos desviamos del tema...

Como seguramente sabéis, la historia de Wernher von Braun tiene luces y sombras. Aunque nadie discute su estatura como ingeniero y, sobre todo, como líder para arrastrar a toda una nación hacia el sueño espacial, también es cierto que sus actuaciones durante la Segunda Guerra Mundial tienen varios puntos negros que son los que queremos debatir aquí.

El más evidente es su papel en la construcción de la tristemente famosa V-2. Comenzar su carrera de éxitos con el desarrollo de un arma letal no resulta una buena publicidad, eso desde luego. Pero personalmente veo aquí mucha hipocresía en las críticas.

¿Construyó Von Braun la V-2 con la intención de usarla como arma de guerra, o fue sólo una mala utilización de sus habilidades por parte de otras personas? Durante años se ha defendido lo segundo, entre otras cosas porque los Estados Unidos tenían que justificar de alguna forma que quien habían llevado "a casa" y convertido en ciudadano norteamericano era en realidad una "buena persona". Y lo cierto es que es un hecho aceptado que Von Braun se alió con los militares como única salida para financiar sus deseos de desarrollar cohetes para ir al espacio; eso es algo que nadie discute. Ahora bien, el mismo Von Braun reconoció en alguna carta a sus críticos que, cuando tu país está en guerra, estés o no de acuerdo con el gobierno, deseas ayudar a defenderle. Y esto me parece lógico. ¿Que Von Braun era un oportunista con pocos escrúpulos, dispuesto a trabajar para el ejército para lograr su objetivo? Probablemente podamos decirlo así. ¿Que no se sentía especialmente mal desarrollando un arma para atacar Inglaterra? Hombre, Inglaterra les bombardeaba a ellos cada dos por tres, ¿quién no iba a sentir justificada la respuesta?

De todas formas, decía al principio que estas críticas al creador de la V-2 me parecen una hipocresía. Y es que si en vez de haberlo hecho en Alemania lo hubiera hecho en Inglaterra o los Estados Unidos, estoy seguro de que no le habría criticado nadie por diseñar un arma. Seamos serios... ¿Se ha criticado a los creadores de la bomba atómica, infinitamente más letal que las V-2? Al contrario, casi siempre se ha intentado justificarlos por diferentes vías. ¿Y qué decir de los miles de ingenieros que por todo el mundo diseñaban bombarderos pesados para atacar ciudades? ¿También ellos son criticables? Porque murieron muchísimos más civiles por bombardeos que por las V-2. No es que defienda la creación de nuevas armas, pero atacar a Von Braun por ello me parece hipócrita, y más en el contexto en el que se desarrollaban los acontecimientos.

Pero no era éste el principal motivo de esta disertación, ni del provocador título de este escrito. Se trata de una parte aún más oscura en la vida del ingeniero alemán: su indirecta implicación en crímenes de guerra, en lo que posteriormente se llamó crímenes contra la humanidad, en las instalaciones secretas de fabricación de las V-2.

Miles de prisioneros murieron en las fábricas subterráneas de fabricación de estos cohetes, en Mittelwerk. Trabajando en condiciones infrahumanas, subalimentados, hacinados en condiciones de frío y humedad, con una absoluta falta de higiene y unas pésimas condiciones de vida, explotados hasta la extenuación, los prisioneros eran tratados como esclavos en condiciones que recuerdan a los campos de exterminio de judíos.

Von Braun no dirigía la fábrica: él estaba en la parte de I+D, podríamos decir, desarrollando los cohetes. La producción la dirigían otros. Pero estaba al tanto de lo que pasaba. En alguna visita a la fábrica fue testigo de las inhumanas condiciones de trabajo de los prisioneros. Y no hizo nada por evitarlo.

Todo esto se ha conocido hace relativamente pocos años. A los Estados Unidos no les interesaba revelar estos puntos oscuros de la vida de su acogido, así que se ocultó a la opinión pública. Bien es cierto que el ejército y el FBI investigaron en su momento estos hechos, de cara a evitar que un criminal de guerra se les colara en el país y alguien pudiera echárselo en cara en el futuro, y le hallaron no culpable. Pero también es cierto que, una vez conocidos los hechos, muchas han sido las voces que han criticado la actuación del ingeniero durante la guerra.

El núcleo del debate es éste: ¿hasta dónde se puede o se debe criminalizar a Von Braun por estos hechos? El no dirigía la fábrica, ni tenía ninguna relación directa con ella. Además, hay que ponerse en contexto: la Alemania nazi, las SS controlando la fábrica de las V-2... ¿podía Von Braun hacer algo? ¿era razonable intentar hacerlo?

Son preguntas difíciles. Aunque Von Braun no tenía relación directa con la fábrica, no cabe duda de que era una persona con una cierta influencia, y si bien podemos dudar si cualquier intento de actuar hubiera tenido algún efecto real, al menos podría haberlo intentado. Por otra parte, hay que entender que intentar enfrentarse a las SS hubiera podido ser una acción arriesgada, más propia de un héroe, y nadie ha dicho que Von Braun lo fuera. Aunque quizás podría haber actuado de alguna forma sutil para intentar cambiar las cosas...

Lo cierto es que no hizo nada. Sabía lo que pasaba y no hizo nada. Eso es lo que puede criticársele. Y lo que muchos le critican hoy día.

¿Qué tiene que ver esto con Guantánamo y Abu Graib? Pues bien, son dos ejemplos en los que, sin llegar a los extremos nazis, también se están perpetrando crímenes contra la humanidad. Torturas físicas y psicológicas, violaciones de los derechos humanos... En Abu Graib, algunos responsables directos han sido castigados tras filtrarse a la prensa los hechos. En Guantánamo, aparte de declaraciones de algunos testigos, no hay fotos, así que no hay pruebas directas, y no ha habido castigados. Pero en ambos casos, hay cientos de personas que conocen lo que está pasando, y no hacen o no han hecho nada por evitarlo. Soldados y oficiales de diferente rango, y hasta políticos. Algunos pocos lanzan voces de protesta, pero decenas y cientos de personas que están siendo testigos directos de las torturas, aunque no participen en ellas, están callados, aunque probablemente muchos de ellos lo contemplen asqueados. Y aquí ni siquiera hablamos de complejos controlados por las SS. Aquí los que no hablan lo hacen simplemente por no crearse problemas, por no hacer peligrar un puesto de trabajo o un posible ascenso.

Y sin embargo, estas personas pasarán por su vida sin que nadie nunca les eche en cara no haber hecho nada por evitarlo. Se ha castigado a torturadores de Abu Graib, y quizás algún día se haga con Guantánamo. También se castigó a los responsables de la factoría de Mittelwerk. Pero en el primer caso, parece que con castigar a los que salieron en las fotos está todo hecho. En el segundo, parece que cualquiera que hubiera visto a un prisionero es un culpable moral. Parece que el punto de vista es bastante diferente en cada caso.

No intento defender a Von Braun. De hecho, ya digo que llevo tiempo dándole vueltas, y no sé cómo definir su actuación desde un punto de vista moral. Que muchos hubiésemos hecho probablemente lo mismo no significa que esté bien hecho. Tampoco sabemos, y nadie podrá saberlo nunca, si internamente estaba asqueado o no por lo que veía. Sinceramente, no sé qué pensar. Pero si sé que lo mismo hacemos cientos o miles de personas día a día cuando vemos algo reprobable y simplemente miramos hacia otro lado.

Creo que es un complicado tema éste, y por eso, más que nunca, me gustaría conocer vuestras opiniones. Aquí podéis dejarlas. (Foto NASA)

18 abril 2006

Pontes y Duque: ¿Astronautas o turistas?

Acaba de finalizar la Misión Centenario a la Estación Espacial Internacional, en la que ha debutado el primer astronauta brasileño, Marcos Pontes. Y lo leído sobre esta misión (opiniones de dentro y fuera de Brasil, y de dentro y fuera de la "comunidad espacial") me recuerda enormemente a lo vivido durante la Misión Cervantes en 2003, cuando el español Pedro Duque realizó una similar visita de corta duración a esta misma estación espacial.

En ambos casos, los respectivos gobiernos han pagado a la agencia espacial rusa (Roskosmos) por un asiento a bordo de sus naves Soyuz para enviar al espacio a sus astronautas. Y en ambos casos han surgido voces que han comparado este hecho con el turismo espacial, en el que potentados privados ofrecen cifras similares a Roskosmos para disfrutar de las vistas desde el complejo orbital, en misiones de idéntico perfil y duración.

Lo cierto es que para Roskosmos no hay grandes diferencias entre llevar un pasajero u otro: ellos ofrecen el servicio a quien quiera pagarlo, sean particulares o naciones, siempre y cuando, naturalmente, se cumplan los requisitos médicos y de entrenamiento requeridos. Que el viajero dedique su tiempo a hacer experimentos o fotos, dependerá ya de en qué quiera emplear cada uno su tiempo y su dinero.

Pero es evidente que hay diferencias. Tanto Marcos Pontes como Pedro Duque u otros casos similares, son astronautas profesionales, que suben al espacio con una misión para desarrollar. Puede discutirse si dicha misión merece o no lo que se paga por ella, o si su misión real es científica o simplemente política y propagandística, pero lo cierto es que no suben para disfrutar de las vistas y de la sensación de ingravidez (aunque, evidentemente, es innegable que disfrutarán de ambas, y que muchos les envidiamos por ello, aunque sepamos que están realizando un trabajo). Ponerles al mismo nivel que un turista espacial es claramente erróneo e injusto.

Las visitas como las de Pontes o Duque, al igual que las de los turistas espaciales, son visitas de corta duración a la Estación Espacial Internacional que aprovechan el intercambio de tripulaciones para llevar a cabo su misión. Estos astronautas suben con la nueva tripulación y descienden a la Tierra con la anterior, tras un periodo de solape de aproximadamente una semana. No son, por tanto, miembros de ninguna tripulación a bordo de la estación, ni tampoco son miembros de las tripulaciones de las naves Soyuz de ascenso o descenso en sentido estricto, actuando más bien como simples pasajeros a bordo. Son, como decimos, pasajeros en las Soyuz, que suben a la órbita terrestre para realizar una determinada actividad en microgravedad durante el tiempo que dure su breve permanencia en órbita. La rentabilidad de su viaje dependerá de en qué se emplee ese tiempo.

Pero hay muchas formas de medir esa rentabilidad. Porque hay una rentabilidad científica a través de los experimentos llevados a cabo durante la misión, pero es muy posible que sea mayor la rentabilidad política, publicitaria y de promoción de la ciencia que tienen estas misiones.

Si nos restringimos al lado científico, la rentabilidad de la misión dependerá del diseño de los experimentos a desarrollar en el espacio. Esto no depende del astronauta, que se limitará a ejecutar las instrucciones que se le hayan dado, sino de la institución científica que los ha diseñado. A menudo, ante una misión así, se realiza un concurso de ideas al que diferentes instituciones presentan propuestas de experimentos a desarrollar, de los cuales una comisión seleccionará los elegidos para subir al espacio. La importancia de estos experimentos dependerá en el fondo del nivel científico de los equipos de tierra que los han preparado.

Evidentemente, todo experimento es útil, y todos ellos representan pequeños pasos en el avance de la ciencia. Ahora bien, ¿representa un experimento aislado llevado a cabo en una misión orbital un avance significativo? Generalmente no. Lo más habitual es que los primeros experimentos generen aún más preguntas de las que había en un principio, y aunque sin duda esto es ya un gran avance, si no hay continuidad será un avance lógicamente limitado. Y esto a veces genera críticas incluso de los propios científicos, que alegan que por el coste de esos siete días en el espacio se podrían pagar años de investigación en la Tierra. Algo especialmente importante en países con presupuestos de I+D limitados.

Por otra parte, la realización de estos experimentos aislados habitualmente no justifica realmente la misión. Algunos de esos experimentos pueden llevarse a cabo de forma totalmente automática a bordo de satélites científicos rusos tipo Foton que devuelven a la Tierra cápsulas de retorno con los resultados de los experimentos tras un determinado tiempo de permanencia en órbita; y esto por una pequeña fracción del precio de una misión tripulada. Otros experimentos que requieran necesariamente de la intervención humana (habitualmente pocos, en este tipo de misiones de corta duración) podrían subcontratarse a tripulaciones permanentes de la estación, pagando únicamente por el tiempo de realización del experimento, y ahorrándose el "billete" del astronauta patrio (en realidad no es tan sencillo como una pura subcontratación, pero es algo que puede hacerse vía acuerdos de colaboración). Pero es que la realización de los experimentos no suele ser el principal objetivo de estas misiones.

Efectivamente, el principal motivo es otro, quizás de utilidad no tan clara, pero probablemente no menos importante. El principal motivo suele ser propagandístico. Y esa propaganda se utiliza en varios frentes.

El primero y más claro es el frente político. La actividad espacial, y en especial la tripulada, es siempre utilizada políticamente por todos los gobiernos, pero quizás tiene incluso mayor impacto cuando se trata de países que inician sus actividades en ese área. Las conversaciones televisadas con los presidentes (Aznar en el caso de Duque, Lula da Silva en el de Pontes) son siempre inevitables en este tipo de misiones, en lo que, disfrazado de reconocimiento nacional a través de su máximo representante, es más bien la presentación ante la opinión pública del "espónsor" de la misión.

Pero aparte del rédito político, lo cierto es que misiones como éstas pueden tener dividendos más importantes. En ambos casos, el de Duque y el de Pontes, un país entero ha seguido con interés las evoluciones de su astronauta, interesándose por un aspecto, el del vuelo espacial, a menudo olvidado en ambos países. En ambos casos, se ha vivido un repentino interés por la actividad espacial, que indirectamente se ve reflejado en un mayor interés por la ciencia y la tecnología. Los niños de Brasil y de España tienen ahora un nuevo ídolo en el que fijarse, aparte de Ronaldinho y Fernando Alonso, uno que puede hacerles interesarse por la ciencia y la ingeniería, además de por el fútbol y las carreras. Y puede que, a la larga, esto tenga unos efectos sobre el futuro del país que bien merezcan haber invertido el dinero que ha costado pagar ese billete espacial.

Esto es, sin duda, difícil de medir. Y el posible beneficio, además, se verá a largo plazo. Pero 10 ó 20 millones de euros son en el fondo una gota de agua en el mar del presupuesto de un estado. Creo que bien merece la pena hacer esta apuesta de futuro.

25 enero 2006

El programa espacial chino

Últimamente está de moda, entre los cuatro chalados a los que nos gusta este mundillo, hablar del programa espacial chino. Bueno, lo cierto es que últimamente ha sido algo desplazado por el nuevo programa lunar de la NASA basado en la "visión" que tuvo Bush, y por el subsiguiente CEV... pero hasta entonces, el programa chino era lo que daba más vidilla a un programa espacial tripulado aquejado por la lógica monotonía de las rutinarias misiones a la Estación Espacial Internacional. Ojo, que no pretendo infravalorarlas, de hecho creo que tienen una gran importancia, bastante más que otros programas espaciales tripulados más espectaculares. Pero hay que reconocer que resultan poco entretenidas para el espectador externo.

En este contexto, el programa espacial chino se convirtió recientemente en algo que causaba una gran expectación y en una inagotable fuente de rumores y especulaciones, favorecidas por el carácter casi secreto con el que se está llevando a cabo. Que una nación como China apareciese de pronto (bueno, no tan de pronto, pero si uno no estaba muy metido en el tema, lo parecía) como una potencia espacial, el único país tras EE.UU. y Rusia con capacidad para mandar seres humanos al espacio, era como para llamar la atención. Si a esto le unimos todos los rumores sobre sus posibles planes de mandar un hombre a la Luna, ya tenemos servido el tema de conversación.

Y es que, de repente, por todas partes se especulaba con una nueva carrera espacial, esta vez protagonizada por chinos y americanos, para poner un hombre en la Luna. Que los americanos anunciasen su nueva política espacial poco después de la primera misión orbital china, parecía apoyar esta hipótesis. Pero, ¿qué hay de cierto en todo ello?

En realidad, sólo podemos especular, pues ni conocemos las verdaderas y profundas razones por las que Bush anunció su "visión", ni tampoco conocemos los verdaderos objetivos a medio y largo plazo del programa espacial chino, por no haberse hecho públicos. Pero utilizando lo que sí se ha hecho público, unido al razonamiento lógico y a la experiencia que nos proporciona la historia, podemos desarrollar un razonamiento creo que bastante convincente.

Empecemos con el programa espacial tripulado chino. Como digo, no se ha publicado un programa detallado, pero sí que se han hecho a menudo declaraciones de intenciones de por dónde pretenden moverse en este área. Claro que hay que filtrarlas adecuadamente, pues dichas declaraciones no sólo cambian con el paso del tiempo, sino que en ocasiones son enunciadas por personas que, aunque ligadas al programa espacial, hacen dichas declaraciones de forma no oficial, y a veces desde posiciones poco relevantes dentro de la jerarquía china. Porque, evidentemente, no es lo mismo que el gobierno chino o los responsables del programa espacial digan que pretenden enviar un hombre a la Luna, a que lo diga un ingeniero de a pie cazado al vuelo por los periodistas en el transcurso de un lanzamiento. Lo malo es que a veces los periodistas no distinguen demasiado bien la credibilidad de la fuente cuando dan pábulo a ciertas declaraciones.

Con el cambio de milenio, China publicó un documento en el que planteaba el futuro de su programa espacial. En el terreno tripulado, se anunciaba el inicio de las misiones a la órbita terrestre, así como declaraciones sobre establecer un programa espacial tripulado propio para realizar "investigación y experimentos tecnológicos a cierta escala". Nada más. No hay mención ni a estaciones espaciales, ni a misiones lunares, proyectos que sí se habían planteado más o menos abiertamente (aunque como declaración de intenciones) años atrás. Aunque el documento tampoco lo descarta.

Desde entonces, se han realizado numerosas declaraciones a los periodistas por parte de diferentes involucrados en el programa espacial chino; declaraciones que, como decía más arriba, en algunos casos han partido de personas de poca relevancia en el programa espacial del país oriental, y en otros casos han sido simplemente malinterpretadas por los periodistas.

Acerca de este tipo de declaraciones, suelen ser recurrentes los artículos con titulares como "China pretende poner un hombre en la Luna hacia 2017, o similares. Pero, acudiendo a la fuente, se suele observar que nadie menciona realmente eso. En realidad a menudo son declaraciones que hablan de iniciar "misiones a la Luna" hacia esa fecha. Lo que no quiere decir que dichas misiones sean tripuladas. Es público que China pretende iniciar en un plazo razonablemente corto un programa de exploración lunar con sondas no tripuladas, y parece lógico que sean ese tipo de misiones las referidas por dichas fuentes, aunque luego algunos periodistas las interpreten como si hablasen de poner un chino en la Luna.

Como decía, no sabemos si realmente el gobierno de Pekín mantiene entre sus objetivos el alunizaje de taikonautas, pero lo que parece claro es que, de ser así, no es probable que se produzca en fechas próximas. No hay más que ver la frecuencia de las misiones tripuladas del país oriental para deducir que, a ese ritmo, difícilmente podría lograrse en esos plazos. Eso sin contar el tremendo coste de un programa así, sobre todo si pretende acelerarse para concentrarlo en un plazo corto, como hicieron los norteamericanos con el Apolo. Y la economía china no es la americana, a pesar de su tremendo crecimiento en los últimos años.

China tiene ya su vehículo espacial tripulado, la Shenzhou, que bien podría servir para misiones lunares. De hecho, su diseño, basado en la Soyuz rusa, ya fue planteado por los soviéticos para su misión lunar. Con un adecuado módulo de propulsión adicional, al que podría acoplarse en órbita, la nave china podría iniciar sus misiones a la órbita lunar en un plazo breve. Necesitaría un escudo térmico reforzado para reentrar en la atmósfera a las mayores velocidades impuestas por un retorno lunar, pero eso no es una modificación de gran envergadura (suponiendo que el escudo actual no esté ya preparado para ello, que podría ser; poco se sabe de los detalles técnicos de la Shenzhou). También podría ser que el módulo de propulsión estuviera ya en desarrollo, el secretismo de su programa espacial nos impide saberlo. Siendo optimistas, podrían tenerlo ya todo a punto. Pero aún así, aún falta un aspecto esencial: los vuelos de prueba. Primero, es necesario probar en la órbita terrestre las maniobras necesarias para llevar a cabo ese hipotético acoplamiento con el módulo de propulsión lunar. Y luego, sería necesario realizar una o varias misiones de prueba no tripuladas a la órbita lunar, para probar que todo funciona correctamente antes de meter humanos en su interior. Y por ahora, nada de esto se ha hecho.

Repito, si nos ponemos en el lado optimista, si todo el desarrollo técnico está ya ultimado, dichas pruebas podrían llevarse a cabo con relativa rapidez. Al ritmo de la carrera espacial de los años 60, y si todo sale bien (si hubiera problemas, los posibles retrasos serían impredecibles), en un par de años podríamos escuchar un "Ni-hao" (Hola) viniendo desde la Luna... desde su órbita. Pero esto no sucederá en tan corto plazo.

¿Por qué? Pues simplemente, porque unos dos años está siendo últimamente el transcurso de tiempo entre una misión tripulada y otra en el programa oriental. Se especula que la próxima misión orbital, o quizás la siguiente, podría ya iniciar los ensayos de las maniobras de acoplamiento en el espacio (ensayos también requeridos para la puesta en marcha de una hipotética estación espacial), pero de momento el ritmo sigue siendo bajo. Y luego tendrían que venir las pruebas no tripuladas a la órbita selenita. A este ritmo, la misión orbital lunar podría tener lugar hacia 2015. Pero ya digo, suponiendo que todo el material está ya desarrollado, lo que es mucho suponer.

Evidentemente, el ritmo podría acelerarse en cualquier momento. De una forma u otra, dicha misión a la órbita lunar podríamos esperarla en los próximos años, si es que de verdad China pretende hacerlo. Pero de ahí al alunizaje, aún falta un poco.

Para descender sobre la superficie lunar, habría que desarrollar también un vehículo de descenso. Que sepamos, dicho vehículo hoy no existe, aunque podríamos pensar que se desarrolla en secreto. No es probable, pero podemos imaginarlo. Lo lógico sería que dicho vehículo se probase primero en la órbita terrestre. Dada la capacidad de los lanzadores chinos actuales, debería ser enviado allí en un lanzamiento independiente. Necesitaríamos al menos tres lanzamientos para la misión lunar: uno para la Shenzhou, otro para el módulo de propulsión, y otro para el módulo lunar, los cuales tendrían que acoplarse entre sí en el espacio. Podría hacerse. Pero hay que hacerlo. Y ensayarlo.

En suma, seguimos sumando años para llevar a cabo esta misión. Y dinero.

¿Significa esto que no va a hacerse? Claro que no. Puede hacerse. Es sólo cuestión de voluntad política. Podemos opinar sobre si la hay o no, pero lo cierto es que no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que no se hará en dos patadas. Hay una serie de pasos a seguir, pasos que no pueden darse en secreto. Los ensayos serán públicos. Si comienzan, lo sabremos.
Lo que sí sabemos es que esto no se producirá en los próximos años. Esto lleva tiempo, y el programa espacial chino avanza con lentitud, lo que significa más tiempo aún. Claro, podría acelerarse. Pero si se pretendiera correr, lo normal es que se estuviera haciendo ya. Y no se está corriendo.

Resumiendo, no podemos decir que China no se plantee la misión tripulada lunar, pero sí sabemos que no nos sorprenderán con ella de un día para otro. También sabemos que su programa avanza con lentitud, por lo que es lógico pensar que, si se la plantean en serio, lo hacen a largo plazo. Y sin prisas.

En este contexto, ¿cómo encaja el programa lunar de la NASA, la visión de Bush, y las declaraciones de rivalidad de Griffin y compañía? Hay quien tiende a presentarlo como el inicio de una nueva carrera espacial, en la que los chinos reemplazan a los soviéticos en su rivalidad con los Estados Unidos. Pero presentarlo así es, en mi opinión, una exageración.

Es evidente que rivalidad hay. Las relaciones EE.UU.-China no pasan por lo que se dice su mejor momento, y menos en el terreno espacial. Desde hace años, hay un fuerte veto estadounidense hacia el programa espacial chino. Acusaciones de robo de tecnología y similares, que probablemente sólo ocultan el temor a la irrupción en el mercado comercial de los lanzadores chinos, de momento no tan fiables como sus competidores, pero con precios muy competitivos y con fiabilidad creciente. Si a esto le unimos un nuevo protagonismo de cara a la opinión pública por el inicio de su programa espacial tripulado, es probable que los Estados Unidos vean al programa espacial chino como una molestia que les resta protagonismo y en cierto modo empaña su prestigio en este campo.

En este contexto, es muy probable que los responsables norteamericanos hayan decidido despertar de su letargo antes de que sea demasiado tarde. Si bien no vemos probable que China ponga un hombre a la Luna en un plazo breve, no es descartable que lo haga en un futuro no muy lejano, y si Estados Unidos no está allí para entonces, podrían encontrarse en una incómoda situación política: internamente alguien les podría echar en cara el haberse dormido en los laureles del programa Apolo, y haber permitido que un país rival y en vías de desarrollo les arrebate el protagonismo en el espacio que sin duda creen merecer.

No podemos hablar de nueva carrera espacial. No hay una carrera, y si la hubiera, China no la podría ganar. Aunque a día de hoy está más cerca que los EE.UU. de una posible misión orbital lunar tripulada (los norteamericanos aún no tienen el vehículo diseñado, mientras China ya tiene la Shenzhou operativa), a la larga la experiencia y capacidad tecnológica, industrial y económica del país anglosajón convertiría dicha carrera en una desigual competición con un único ganador posible. Y si China se embarcase seriamente en una carrera así, se arriesgaría a comprometer seriamente su capacidad económica, con resultados seguramente desastrosos para el país.

En resumen, no pueden compararse los tiempos que estamos viviendo con la carrera espacial que tuvo lugar en los años 60 entre las grandes potencias. Pero sí es cierto que se vive una reactivación de la exploración espacial tripulada, impulsada por motivos políticos como en aquella época, y seguramente afectada también por rivalidades y ansias de protagonismo internacional. Pero las inversiones y los plazos en los que nos estamos moviendo no tienen parangón con los de entonces. Es cierto que parece que, si todo se desarrolla como está previsto y si las voluntades políticas no cambian en los próximos años, viviremos un nuevo periodo más espectacular en materia espacial (otra cosa es que dicha espectacularidad vaya unida a fundamentos científicos o que sea la mejor forma de emplear los recursos disponibles). Pero no reviviremos los años dorados de la exploración espacial. Eso, por ahora, sigue siendo sólo un bello recuerdo para repasar en los libros de historia. (Foto Xinhua)

25 agosto 2005

CEV: el nuevo vehículo de la NASA

Siguiendo las directrices trazadas por el discurso de Bush de enero de 2004 en cuanto a política espacial, la NASA lanzó el pasado mes de marzo la petición de propuestas técnicas para el desarrollo de su nuevo vehículo de transporte espacial, el CEV (Crew Exploration Vehicle).

El 14 de enero de 2004, todos los telediarios anunciaban una sorprendente noticia: el Presidente de los EEUU, George W. Bush, anunciaba los nuevos planes estratégicos para la Agencia Espacial Norteamericana, que pasaban por un retorno a la Luna en los próximos años, y una misión tripulada a Marte poco después. Una noticia como poco sorprendente, teniendo en cuenta la trayectoria seguida por la administración americana en materia espacial desde los años 70.

Dos días después, el escenario se complicaba: la NASA cancelaba su próxima misión de mantenimiento al telescopio espacial Hubble, lo que en la práctica suponía el fin de dicho telescopio en un plazo breve. Otra noticia desconcertante en principio, al suponer abandonar un magnífico instrumento que estaba proporcionando fantásticos descubrimientos para la ciencia, y que tenía un coste de fabricación astronómico, sólo por no llevar a cabo una misión de mantenimiento más.

Las razones esgrimidas para el abandono del Hubble eran consecuencia de las medidas a adoptar tras el accidente del Columbia de enero de 2003: se argumentaba que, por razones de seguridad, sólo se llevarían a cabo aquellas misiones que permitieran un acoplamiento del transbordador con la Estación Espacial Internacional (ISS) en caso de necesidad. Ello permitiría a la tripulación del transbordador esperar allí una misión de rescate en caso de graves daños durante el ascenso que hicieran peligrar la reentrada. Dado que la órbita del Hubble es incompatible con la de la ISS (el transbordador no tiene capacidad suficiente para maniobrar de una a la otra), esta filosofía obligaba a cancelar la misión de mantenimiento del telescopio espacial. No obstante, entre la comunidad técnica y científica este razonamiento resultaba poco convincente.

La nueva Visión para la Exploración del Espacio del Presidente Bush

Las directrices establecidas por Bush para la NASA el 14 enero de 2004, aunque inmersas en unas declaraciones impregnadas de discurso político, estaban muy claras en tres aspectos:

Retirada del servicio del transbordador espacial en 2010. Para entonces, debería haber terminado su contribución a la construcción de la Estación Espacial Internacional. Compromiso de finalizar la contribución norteamericana a la estación por esa fecha (por supuesto, referido a la versión reducida de la estación, tras los recortes en la aportación norteamericana decididos por el mismo Bush un par de años antes).

Desarrollar un nuevo vehículo, el CEV, para transporte de tripulaciones a la Estación Espacial Internacional tras la retirada del transbordador, pero con capacidad de llevar a cabo misiones lunares e interplanetarias más adelante. El primer prototipo del nuevo vehículo debería estar listo para 2008, con una primera misión operativa para no más tarde de 2014.

Volver a la Luna hacia 2020, utilizando el CEV como vehículo.

Estos fueron los compromisos claros del discurso presidencial. En su alocución, Bush presentó la vuelta a la Luna como una etapa para la posterior expansión por el Sistema Solar, con misiones tripuladas a Marte y otros planetas. Pero no dejaban de ser vagas declaraciones de intenciones. La tan anunciada por la prensa misión a Marte no pasaba de grandilocuentes palabras inmersas en un discurso político, sin ningún compromiso.

Pero en el discurso había más: se especificaba también cómo deberían financiarse estos nuevos objetivos de la agencia espacial. Apenas habría incremento presupuestario para la NASA. Para acometer tan ambicioso programa, con el desarrollo de un nuevo vehículo y el inicio de misiones tripuladas lunares, únicamente se reforzaría el presupuesto de la agencia en un 1% anual durante los próximos cinco años. Pero se le requería que redistribuyese internamente un 13% de su presupuesto global para destinarlo a estos objetivos.

El significado de la Nueva Visión

El análisis del discurso aclaraba ciertas dudas, pero planteaba también otros interrogantes.

Para una gran mayoría de profesionales y aficionados al tema espacial, quedaba claro que la decisión de cancelar la misión de mantenimiento del Hubble era la consecuencia más visible de la necesidad de recortar gastos para dedicarlos al nuevo programa tripulado. Silenciosamente, con mucha menos repercusión pública, muchos otros programas de investigación en el seno de la agencia espacial empezaron a sufrir los mismos recortes y cancelaciones.

También se aclaraba el futuro del transbordador espacial, cuya sustitución por un nuevo vehículo era algo que se venía discutiendo desde hace años, aunque nunca se había llegado a acometer en serio. Aunque la alternativa propuesta no sería un sustituto como tal, pues no cubriría todas las funcionalidades abarcadas por el actual transbordador, al menos clarificaba lo que hasta entonces había sido una nebulosa en las previsiones a medio plazo del programa espacial norteamericano.

También se despejaban las posibles dudas que pudieran existir entre los países socios y la comunidad espacial en general sobre el futuro de la Estación Espacial Internacional. Después de los continuos retrasos en su desarrollo y construcción, los recortes decididos unilateralmente por la administración Bush en 2001 habían supuesto un duro golpe para la funcionalidad final de la estación, y existían temores de que la situación pudiese deteriorarse aún más en el futuro. El discurso dejaba claro que Estados Unidos mantendría sus compromisos para finalizar lo que, tras 2001, se conocía como la “configuración base”, la mínima que permitiría al menos el acoplamiento de los módulos europeo y japonés, aunque con una tripulación y funcionalidad final severamente limitada frente al proyecto original.

Pero el principal interrogante era el porqué de la vuelta a la Luna. Las grandilocuentes palabras del discurso de Bush no aportaban razones claras para este nuevo objetivo de la agencia espacial norteamericana. Unas eran vagas y otras rotundamente erróneas, como indicar que la Luna sería el punto de partida ideal para misiones tripuladas a otros planetas, gracias a su reducida gravedad. Lo cual sólo sería cierto si los vehículos y su propulsante se fabricasen sobre la propia Luna a partir de materia prima lunar (algo impensable, por mucho que decidiéramos crear una gran infraestructura lunar, hasta dentro de muchas, muchísimas décadas... y a un coste inconcebible). Porque enviándolos antes desde la Tierra, el coste global sería mayor que si salieran desde aquí directamente a la misión interplanetaria.

Esta es la pregunta que aún se hacen muchos críticos de esta nueva política espacial. Y todavía nadie ha dado ninguna razón clara. De hecho, el “razonamiento” más claro realizado hasta ahora lo hizo el nuevo administrador de la NASA, Michael Griffin, en un discurso a finales del pasado mayo: "¿Creen ustedes que Estados Unidos debe ceder la Luna a los chinos, los europeos, los rusos? Les apuesto que la respuesta sería... no". Pocas semanas más tarde, en junio, el veterano astronauta del proyecto Mercury Scott Carpenter declaraba en otro discurso: “No importa de dónde saquemos el dinero. Debemos apoyar los vuelos a Marte. En estos momentos, la nación no ve la necesidad de ir a Marte porque ya no existe la Unión Soviética; pero China está al acecho, y esa es la razón por la que tenemos que ir”. Unas razones que, desde luego, pueden calificarse como mínimo como decepcionantes...

Y es que, efectivamente, parece que el desarrollo del programa espacial chino y sus declaraciones de mandar un hombre a la Luna en las próximas décadas, está creando bastante nerviosismo en ciertos sectores de la administración norteamericana. Puede que también esté influyendo el anuncio por parte de la agencia espacial rusa Roskosmos de apoyar el proyecto de la empresa RKK Energiya para el desarrollo de un nuevo vehículo espacial, el Kliper; concebido como ferry a la órbita terrestre con capacidad de seis personas y parcialmente reutilizable, sus diseñadores plantean también su posibilidad de ampliación modular para poder llevar a cabo misiones interplanetarias, si algún día se requiriera. La posible colaboración de la Agencia Espacial Europea con Rusia para este proyecto (a confirmar en consejo de ministros europeos en diciembre de este año) podría acelerar su desarrollo (al parecer comenzado hace unos cinco años por iniciativa propia de RKK Energiya), y dejar a los norteamericanos en aparente segundo plano en materia espacial. Pero algunos creíamos que la Guerra Fría y la Carrera Espacial eran cosas del pasado, y que el presente y el futuro del espacio irían más bien por el camino de la cooperación internacional, y no de la rivalidad... Se ve que no.

Un punto espinoso: el aspecto económico

Ya hemos indicado cuáles eran las directrices de Bush para su Visión para la Exploración del Espacio: básicamente redireccionar los fondos de la agencia al nuevo programa a través de una “redistribución” interna, y con un incremento de los presupuestos globales prácticamente despreciable (el 1% anual durante 5 años).

Como han alertado muchos profesionales, aunque con poco eco en general, esto representa un grave peligro: amenaza la desaparición de un gran número de programas de investigación básica pero poco llamativos de cara a la opinión pública, para sustentar un programa de gran espectacularidad pero de dudosa rentabilidad científica.

Al menos el telescopio espacial Hubble parece haberse salvado de la quema en el último minuto. Aunque su abandono fue anunciado tan sólo dos días después del discurso presidencial, en enero de 2004, fue a comienzos de 2005 cuando la noticia de su abandono saltó de nuevo a la prensa, al confirmarse que los presupuestos de la agencia espacial no contemplaban ninguna partida para su mantenimiento. Finalmente, parece que la presión de la opinión pública, sensibilizada ante la posible pérdida de un instrumento de gran popularidad por la belleza plástica de muchas de las imágenes que ha proporcionado a lo largo de su vida en servicio, ha conseguido presionar a la administración norteamericana para que se apruebe su mantenimiento. De hecho, en julio de 2005 el Congreso de los EE.UU. decidía incrementar ligeramente los presupuestos de la NASA para 2006 por encima de lo solicitado por el presidente, para dar cabida a la misión de mantenimiento del Hubble. El nuevo administrador de la NASA, por su parte, contradecía las palabras de su predecesor al declarar que podría asumirse la misión de mantenimiento sin que supusiera un riesgo excesivo para la seguridad de la tripulación del transbordador.

En cualquier caso, el “salvamento” del Hubble no hace sino camuflar la realidad: que decenas de otros programas de investigación en el seno de la agencia espacial están afectados por la misma situación de desvío de sus fondos hacia el programa presidencial. Por poner sólo unos ejemplos, el programa de investigación en nanotecnología se ha recortado en un 22%, el de investigación en redes y tecnologías de la información, en un 70%, y el programa de investigación del cambio climático, en un 8%; hay muchos más programas afectados, en las áreas del espacio, la aeronáutica, y la investigación científica de base.

Pero la parte económica del nuevo programa no sólo suscita este tipo de preocupaciones: también se duda profundamente en ciertos sectores de su viabilidad. Plantear una misión tripulada a la Luna implica unos tremendos costes que deberán ser asumidos por sucesivas administraciones para llevar el programa a buen término. Sin una motivación política tan clara como la carrera espacial con los rusos durante la Guerra Fría, surgen dudas de si el programa espacial de Bush seguirá siendo respaldado por los sucesivos presidentes hasta su culminación. Tenemos, además, el ejemplo del Apollo: una vez alcanzado el objetivo político de ganar a los rusos en la carrera espacial, el programa fue rápidamente recortado para evitar la sangría de fondos que estaba suponiendo para las arcas del estado. Y luego le siguió un largo periodo de “sequía” espacial. Un riesgo que podría repetirse si se cometen los mismos errores.

El CEV

Ha pasado algo más de un año desde el discurso de Bush, y la NASA se ha puesto manos a la obra en la definición del futuro sustituto del transbordador espacial. El pasado mes de marzo se lanzó la petición de propuestas técnicas para el desarrollo del que deberá ser su nuevo vehículo de transporte espacial, el CEV (Crew Exploration Vehicle).

Contemplado como una de las piedras base del nuevo programa Constellation de la NASA (concebido como respuesta a “la nueva visión espacial” expuesta por Bush en su discurso de enero de 2004), el CEV deberá sustituir al transbordador espacial norteamericano tras su baja del servicio, impuesta en el discurso presidencial para 2010. Aunque el actual desarrollo de los acontecimientos hace dudar seriamente de que la finalización de la Estación Espacial Internacional sea conseguible para esa fecha, la administración de la NASA ha decidido mantenerla como fecha de retirada del transbordador. La finalización de la estación espacial, si no se toman otras decisiones más drásticas, parece que tendrá que recaer al menos en parte en otros lanzadores.

Pero el CEV no será un sustituto del transbordador propiamente dicho. En realidad, el CEV tendrá una finalidad bastante diferente, siendo a la vez más ambicioso y menos ambicioso que el actual Space Shuttle, dependiendo del punto de vista.

El CEV será puramente un vehículo de transporte de tripulaciones, lo que supone eliminar la capacidad de transporte de carga que posee el transbordador actual (cuya amplia bodega le permite llevar a la órbita terrestre cargas de hasta 21 toneladas), así como las facilidades para la realización de EVAs y misiones de mantenimiento que le otorga su brazo robótico. Tampoco se le exige al CEV que sea un vehículo reutilizable (si bien es posible que finalmente algunos elementos lo sean). En estos sentidos, el CEV es bastante menos ambicioso que el transbordador espacial. Pero sin embargo, al CEV se le pide que sea capaz de llevar a cabo misiones muy distintas: empezando como vehículo de transporte de tripulaciones a la órbita terrestre (para transportar tripulaciones de ida y vuelta a la Estación Espacial Internacional, por ejemplo), debería ser capaz también de llevar a cabo misiones lunares, y, en el futuro, puede que interplanetarias.

La conjunción de estos tres perfiles de misión en un solo vehículo es algo realmente ambicioso. A priori parece difícil que un vehículo capaz de llevar a cabo misiones tan diferentes pueda estar optimizado para cualquiera de ellas. De hecho, éste fue uno de los grandes errores del Space Shuttle, y lo que a la larga condicionó seriamente su operatividad y economía: querer abarcar demasiadas misiones diferentes con un diseño único. Probablemente por ello, a pesar de este requisito multimisión del CEV (ya esbozado por Bush en su discurso), la NASA ha buscado una salida “lateral”, proponiendo un vehículo escalable. Es decir, partir de un diseño básico para la misión orbital, del que se irán derivando nuevas versiones en el futuro para las misiones lunar y (si llegara el día) interplanetaria. Una decisión lógica, que permitirá llevar a cabo los desarrollos de forma secuencial e incremental, aprovechando las bases anteriores y así abaratando costes, pero que al final dará lugar a tres vehículos diferentes, por mucho que hoy se quieran agrupar bajo un nombre único. Las diferencias podrían incluir importantes diferencias en dimensiones, a través de un diseño modular que podría incrementar el tamaño y prestaciones del vehículo en función de la misión a desarrollar.

El proyecto Constellation incluye también el lanzador para este nuevo vehículo, que podría ser de nuevo desarrollo, o utilizar uno ya existente. Y, al igual que en el caso del vehículo propiamente dicho, el lanzador también podría ser diferente según la misión a desarrollar. En conjunto, de lo que se trata es de tres sistemas de transporte espacial diferenciados, aunque hoy por hoy el proyecto se centra principalmente en el primero: el de la misión orbital terrestre.

Un desarrollo “en espiral”

La NASA ha denominado “desarrollo en espiral” a la filosofía que se seguirá con el proyecto Constellation. Una aproximación por etapas, en las que al vehículo inicial se le irán añadiendo módulos y mejoras progresivamente para ir cumpliendo las diferentes misiones que tiene encomendadas. Estos son los principales requisitos de la especificación técnica:

En la “Espiral 1”, el vehículo tendrá capacidad orbital. Su objetivo es permitir el acceso tripulado a la órbita terrestre para 2014 (acortado a 2011 en recientes declaraciones). Con un peso máximo de 20 toneladas al despegue, deberá ser capaz de alojar al menos 4 astronautas (preferible hasta 6) durante misiones de hasta 16 días.

En la “Espiral 2”, el vehículo tendrá capacidad lunar. Con un límite temporal situado hacia 2020, el vehículo deberá ser capaz de realizar misiones con una permanencia mínima de cuatro días en la superficie lunar. Los requisitos definen que se partirá del vehículo de la Espiral 1, al que se le añadirá un módulo propulsor de escape de la órbita terrestre, más un módulo de alunizaje.

En la “Espiral 3”, a alcanzar “más allá de 2020”, pero sin límite temporal fijado, el sistema deberá ser capaz de dar soporte a misiones lunares de más larga duración, del orden de meses, que teóricamente servirían de experiencia para posteriores misiones a Marte. Al vehículo de la Espiral 2 se le añadirán módulos, aún no definidos, que proporcionen habitáculo, energía y movilidad a la tripulación durante su estancia en la superficie lunar. La NASA espera afinar los requerimientos para esta “espiral” hacia julio de 2006.

Finalmente, en la “Espiral 4”, el vehículo alcanzaría su capacidad interplanetaria, aunque los requerimientos para esta etapa no están aún definidos. El actual eslogan de la NASA “a la Luna, Marte y más allá” se queda, por el momento, en la Luna. Y esto, naturalmente, condicionado a la aprobación presupuestaria del Congreso durante los ejercicios de las próximas décadas, algo que hoy por hoy no está garantizado.

De todas formas, el escenario de trabajo parece estar en continuo cambio, y el nuevo administrador de la NASA, Michael Griffin, ha decidido recientemente abandonar el desarrollo “en espiral” planteado por la anterior administración e incluido en la petición de ofertas de marzo, en beneficio de una aproximación “mucho más directa”, en sus propias palabras. Y a mayor velocidad, según parece.

Primeras indicaciones sobre el diseño

Aunque, como decimos, se encuentra en fase de preparación de propuestas, ya empiezan a trascender algunos datos sobre hacia dónde se enfocan las primeras ideas de diseño. Por ejemplo, parece que el diseño del vehículo probablemente optará por la solución tipo cápsula utilizada en todos los proyectos tripulados anteriores, tanto rusos como norteamericanos o chinos. En concreto, podría ser una cápsula cónica muy similar a la utilizada para el proyecto Apollo de finales de los años 60, unida a un módulo de servicio y, cuando proceda, a un módulo lunar, aunque todos ellos de mayor tamaño que en las Apollo originales.

En cuanto al vehículo lanzador, en un principio se hablaba principalmente de cohetes tipo Atlas o Delta, lanzadores habituales de satélites en los Estados Unidos, pero últimamente parece que la decisión se decantará más bien por derivados del Space Shuttle. En concreto se habla de dos desarrollos paralelos, uno para misiones tripuladas y otro para carga. Los CEV con su tripulación a bordo subirían a la órbita terrestre a bordo de derivados de los aceleradores de propulsante sólido del transbordador espacial. Las cargas pesadas -incluidos módulos adicionales para el CEV en misiones lunares o interplanetarias, que se acoplarían en órbita terrestre con la cápsula tripulada- se lanzarían en un sistema similar al del actual transbordador, aunque sin orbitador: el gran depósito central flanqueado por dos aceleradores sólidos, quizás con etapas adicionales, y con los motores principales incorporados (hoy van a bordo del orbitador).

El calendario para el desarrollo de este nuevo sistema espacial es bastante apretado: en base al discurso de Bush, la NASA había previsto inicialmente el primer vuelo operativo para 2014, con el lanzamiento de un primer prototipo en 2008, y un primer vuelo no tripulado hacia 2010. Con estas fechas se crearía un vacío de 4 años entre 2010 y 2014, durante los cuales los EE.UU. carecerían de un vehículo para enviar hombres al espacio. Pero la nueva administración de la NASA parece decidida a reducir los plazos, hablándose de un nuevo objetivo de 2011 para el primer vuelo operativo. Lo cual reduce el periodo de diseño y desarrollo de forma espectacular para un proyecto de estas características.

Un nuevo rumbo en la política de lanzadores

El proyecto Constellation aparece como la vía más rápida y económica para dar respuesta a la petición de Bush: una alternativa al transbordador en un plazo breve y con recursos económicos limitados, con capacidad para enviar hombres a la Luna en un par de décadas, y con la posibilidad de convertirse en un vehículo interplanetario en un futuro indeterminado. Pero supone al mismo tiempo un giro bastante radical en la política seguida hasta ahora por la Agencia Espacial Norteamericana, cuyos desarrollos en esta materia pasaban por vehículos reutilizables que abaratasen el acceso al espacio.

En efecto, las actividades de la NASA a este respecto en los últimos años se veían reflejadas en los proyectos X-33 y X-34. El primero buscaba el abaratamiento de las misiones espaciales a través del concepto SSTO (Single Stage To Orbit, o etapa única a la órbita), consistente en un vehículo compacto que vuelve a la Tierra en la misma configuración en la que despegó (eliminando el concepto de vehículo por etapas, mantenido hasta ahora en todos los sistemas espaciales, tanto reutilizables como no reutilizables); esto supondría una reutilización integral del vehículo -frente a la reutilización parcial del transbordador espacial- que iría unida a nuevos desarrollos en materia de motores, materiales y demás. El X-33 era el primer paso en la búsqueda por parte de la NASA del abaratamiento del acceso al espacio, con el objetivo de conseguir un ahorro de orden 10 en una primera fase, y llegar a un ahorro de orden 100 en un futuro más lejano. Paradójicamente, el X-33 fue cancelado en 2001 por motivos presupuestarios.

En cuanto al X-34, también denominado Orbital Space Plane, o Avión Espacial Orbital, se trataba de un vehículo reutilizable de transporte de tripulaciones a la órbita terrestre. Investigando áreas complementarias al X-33, buscaba sobre todo el disponer a corto plazo de un vehículo más práctico y económico que el transbordador espacial para servir como “taxi” de los astronautas a las estaciones espaciales en órbita terrestre.

Hoy se abandonan ambas filosofías para volver a un diseño convencional, similar en concepto a las naves rusas Soyuz, o a las Apollo de hace 30 años. Evidentemente, con importantes mejoras en los sistemas, que serán más modernos, potentes, ligeros y eficientes, pero parece que el concepto del vehículo seguirá siendo el mismo que en su día llevó al hombre por primera vez al espacio y, después, a la Luna. Una filosofía un tanto conservadora, podríamos decir, que asegura un desarrollo más rápido y económico, pero que no modifica en absoluto el mayor problema con el que se encuentran hoy día las misiones espaciales tripuladas: el elevado coste de las mismas. Un coste que puede ser asumible para misiones a la órbita terrestre, como demuestran las Soyuz, pero que se dispara enormemente cuando hablamos de misiones lunares, y no digamos ya interplanetarias. Las misiones Apollo a la Luna se cancelaron por su extremado coste tras la sexta misión de alunizaje, y desde entonces el criterio generalizado ha sido que sería necesario abaratar significativamente los lanzamientos antes de que una campaña de exploración espacial tripulada pudiera llevarse a cabo con continuidad. Hoy, en cambio, parecen ignorarse estos criterios en aras de la rapidez y economía a corto plazo.

En cualquier caso, el proyecto Constellation nos brindará un nuevo vehículo de transporte espacial tripulado que sin duda nos ofrecerá la posibilidad de revivir espectaculares misiones a la Luna en las próximas décadas, si las sucesivas administraciones deciden apoyar el proyecto. De ser así, esperemos que esta vez dichas misiones tengan continuidad. (Foto: NASA)

10 junio 2005

Las razones de la "nueva visión para la exploración del espacio"

Recientemente presentábamos en esta misma web un artículo sobre el nuevo vehículo de tripulaciones de la NASA, el CEV. En dicho artículo, además de presentar el vehículo, comentábamos la nueva política espacial de la administración Bush, que había pedido a la NASA la vuelta a la Luna en el plazo de los próximos 20 años, junto con una simple declaración de intenciones de ir más allá (a Marte) en un plazo indeterminado. Y nos preguntábamos cuáles eran las razones para este súbito cambio en la política espacial del país norteamericano, que rompía con el rumbo llevado por la NASA durante las últimas décadas, para lanzarse sin más preparación (lanzadores reutilizables más económicos, por ejemplo) a repetir en cierto modo el proyecto Apollo de finales de los 60, con todo el impacto económico que un programa así supone.

También aventurábamos en aquel artículo si las declaradas intenciones chinas de poner a un natural del país oriental sobre la superficie lunar podrían tener alguna relación con esta nueva política espacial norteamericana. Si bien es cierto que China viene anunciando una misión así hace años, es ahora cuando empieza a hacerse más verosímil, después de que hayan conseguido dar comienzo a misiones tripuladas en la órbita terrestre con una nave similar a la Soyuz (la Shenzhou) que bien podría servir para acometer la misión lunar, como planeaban hacer los soviéticos durante la carrera espacial con los norteamericanos.

Pues bien, parece que unas recientes declaraciones del nuevo Administrador de la NASA, Michael Griffin, vienen a sacarnos de dudas. Si bien es cierto que pueden considerarse como unas declaraciones políticas dirigidas a un público interno, no es menos cierto que parecen reflejar el verdadero sentimiento que subyace detrás de la "nueva visión espacial" del presidente Bush; en un discurso a los trabajadores del Centro Espacial Johnson, Griffin declaró que los Estados Unidos no pueden ceder la iniciativa espacial a otros países: "¿Creen ustedes que Estados Unidos debe ceder la Luna a los chinos, los europeos, los rusos? Les apuesto que la respuesta sería... no", manifestó tras señalar que la mayoría quiere que, al expandirse la Humanidad hacia el espacio, Estados Unidos esté al frente de ese esfuerzo.

Aunque sospechábamos que ésta podía ser al menos una de las razones para la nueva política espacial, la de no ceder prestigio en el espacio ante terceros países, sorprende un poco la falta de pudor en declararlo así. No sé si estas palabras habrán sido criticadas como poco prudentes en su país, o si ni siquiera les importa lo que puedan pensar de ellas en el exterior, pero lo cierto es que resultan, como mínimo, "políticamente incorrectas" a un nivel internacional. Porque ¿qué se extrae como mensaje de las palabras de Griffin "...Estados Unidos debe ceder la Luna..."? Pues evidentemente, que parecen considerar la Luna como suya. Algo que siempre se intentó desmentir en la época Apollo, cuando se destacaba que los Estados Unidos actuaban de forma altruista y en nombre de toda la Humanidad, y por supuesto sin ningún afán reivindicativo sobre nuestro satélite. Claro, que una cosa es la declaración oficial, y otra muy distinta el sentimiento interno... Porque al fin y al cabo, los Estados Unidos fueron los que plantaron su bandera sobre nuestro satélite, y nadie les quita el mérito que supuso llegar a conseguirlo. Y puede ser lógico que el pueblo norteamericano sienta de forma irracional que sus derechos morales sobre la Luna son mayores que los del resto de la Humanidad. Pero todo un Administrador de la NASA debería cuidar un poco más sus palabras al respecto.

En cualquier caso, el mensaje es clarísimo; igual podría haber dicho: "La Luna es nuestra, y no vamos a dejar que nadie nos la quite. No vamos a permitir que ningún oportunista de tres al cuarto mande allí su gente sin que ya estemos nosotros". Puro orgullo nacional. Pura política. Qué triste...

Pocas semanas más tarde, en junio, el veterano astronauta del proyecto Mercury Scott Carpenter declaraba en un discurso: “No importa de dónde saquemos el dinero. Debemos apoyar los vuelos a Marte. En estos momentos, la nación no ve la necesidad de ir a Marte porque ya no existe la Unión Soviética; pero China está al acecho, y esa es la razón por la que tenemos que ir”. Y digo yo... ¿es que nadie puede encontrar razones mejores? ¿De verdad piensan que estas razones son tan evidentes como para declararlas sin ningún pudor? Increíble.

Está claro que las actividades espaciales las promueven los gobiernos, y que los gobiernos se mueven por razones políticas, luego al final la actividad espacial está directamente influida por la política. Así ha sido siempre, y parece que así lo seguirá siendo por mucho tiempo. Pero no por ello deja de ser triste que una actividad directamente ligada a la ciencia y la tecnología tenga que verse sometida a dictados políticos, y no simplemente a las motivaciones técnico-científicas que deberían impulsarla.

En cualquier caso, lo cierto es que a veces las motivaciones políticas dan lugar a importantes frutos indirectos. De no haber sido por las motivaciones políticas de la Guerra Fría, quizás el hombre no hubiera pisado aún la superficie de la Luna. Aunque podría discutirse sobre el valor real de aquellas históricas misiones Apollo: científicamente, su rédito fue relativamente reducido. Es decir, fue significativo en términos absolutos, pero ínfimo en relación al coste que supuso, en una gran medida porque en realidad las misiones no estaban directamente enfocadas a este objetivo: la ciencia era un objetivo secundario, lo prioritario era ganar la carrera espacial.

No obstante, fue innegable que las misiones Apollo supusieron un punto de inflexión en la historia de la Humanidad. Por primera vez, el hombre había abandonado su planeta y había caminado sobre la superficie de otro astro. Y lo cierto es que, pese a haber sido llevado a cabo por un solo país en el curso de una carrera entre profundos rivales, la Humanidad en su conjunto lo asumió como un logro común. Hoy no pensamos que "los Estados Unidos llegaron a la Luna", sino que "el hombre ha llegado a la Luna"; aunque desafortunados discursos como el de Griffin parezcan querer echar por tierra este sentimiento de logro universal.

Sin duda, el hecho de haber llegado a la Luna ha tenido un impacto significativo en el curso de la Historia. Desde el hecho psicológico de presentar desde una nueva perspectiva el papel del hombre en el Universo, hasta animar una actividad, la espacial, que tanto en su vertiente tripulada como no tripulada nos hace conocer mejor nuestro entorno, nuestro Universo, nuestro propio planeta... y por extensión, a nosotros mismos.

¿Qué tiene de malo, entonces, que la exploración espacial se mueva por condicionantes políticos y de orgullo nacional, si gracias a eso conseguimos en su día llegar a la Luna y abrir quizás un nuevo rumbo para toda la Humanidad? Pues bien, visto así, parece que nada. Pero no nos confundamos: que se hayan logrado esas metas como subproducto de un objetivo político, no implica que no puedan buscarse y lograrse metas similares de forma directa, sin interferencias políticas de por medio. Un programa de exploración espacial que se moviera únicamente por consideraciones tecnológicas y científicas, y con un presupuesto no ligado a los objetivos políticos del momento, sería sin duda mucho más eficiente y eficaz que en la situación actual. Aunque esto hoy por hoy desgraciadamente no es más que una simple utopía. (Foto: Michael Griffin, Administrador de la NASA desde abril de 2005. The Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory)

20 febrero 2005

El Programa Espacial Español


Intasat, Minisat, y, ahora (lanzado el 18 de diciembre de 2004), el Nanosat. A esto se reduce nuestro programa espacial nacional, desarrollado por el INTA (Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial). Bueno, tenemos también la participación de empresas españolas en programas internacionales (generalmente a través de la Agencia Espacial Europea), por lo general consistente en diseño y fabricación de equipos electrónicos (Alcatel Espacio, Indra, EADS-CASA Espacio...), de ciertos elementos estructurales de lanzadores Ariane (adaptador de carga útil y otros, por EADS-CASA Espacio) y pequeños elementos de motores cohete (Iberespacio). También alguna pequeña participación en mecánica orbital y análisis de misión (GMV, EADS-CASA Espacio...) y sistemas (Sener). Y, si podemos llamarlo "espacial", unos cuantos cohetes de sondeo desarrollados por el INTA. Salvo algún pequeño fleco que me pueda dejar (y seguramente otras empresas, aunque en general a un nivel menor que las mencionadas), esa es toda nuestra actividad espacial.

Cuando lo mencionas así, puede que alguien incluso piense que no está mal... seguro que alguno pensaba que hacíamos menos... Pero no nos engañemos: nuestra actividad en el sector es poco más que anecdótica. Volviendo a los programas puramente nacionales (es decir, no el desarrollo de pequeños elementos para montar en satélites o lanzadores, sino un desarrollo integral propio), tenemos un satélite (Intasat) desarrollado y lanzado en los años 70, y otro más (Minisat) en los 90, además del recién inaugurado Nanosat. Si alguien piensa en el Hispasat, ya puede desengañarse: es un satélite español, sí, pero comprado. Es decir, no desarrollado en España, sino en Francia, por encargo de nuestro país (vale, algún que otro equipo se ha desarrollado aquí, pero el satélite es francés). Y el lanzado hace algunas semanas como satélite de comunicaciones para nuestro ejército (XTAR-EUR), norteamericano.

Hicimos un bonito intento con el programa Capricornio: el desarrollo de un lanzador de minisatélites nacional, por parte del INTA. Pero el proyecto se fue a pique hace unos años, cuando estaba ya en un grado de avance relativamente alto. Las razones, como siempre, presupuestarias.

Ahora el INTA propone el Nanosat: un nuevo satélite de bajo peso y tamaño, un campo al que se le prevé un interesante futuro. Parece prometedor, pero también lo parecía el Minisat: hace sólo algunos años, cuando se lanzó el Minisat 01 (la numeración ya indicaba que se preveían más lanzamientos), su futuro aparecía brillante: varios países con bajos presupuestos se habían mostrado interesados por el pequeño satélite español, cuya puesta en órbita (por un lanzador Pegasus lanzado desde un avión en el espacio aéreo de Canarias) y operación en los años siguientes había sido todo un éxito. Utilizando una plataforma única, se preveía desarrollar en tres configuraciones diferentes, para comunicaciones, observación terrestre, o simplemente científico, versiones que debían ver la luz en los años siguientes al lanzamiento del Minisat 01. Parecía que el satélite del INTA (que ya justificaría su existencia simplemente como desarrollo de I+D) podría tener incluso un beneficio comercial. Pero en la práctica, todo quedó en nada: al Minisat 01 le siguió el vacío.

El desarrollo del Nanosat se lanza con las mismas grandes palabras: fantástico futuro, interés internacional, etc. Pero visto el resultado del Minisat, que me perdonen si ahora soy más escéptico. Aunque no quiero que se me malinterprete: no estoy diciendo que el proyecto no deba llevarse a cabo, todo lo contrario. Aunque se quede en un "experimento" más, habrá merecido la pena. La inversión en I+D, aunque no da beneficios inmediatos, genera beneficios a la larga. La experiencia adquirida durante el desarrollo del proyecto tanto por el propio INTA como por las empresas que colaboren en el proyecto, será sin duda de provecho. Pero para que el provecho sea realmente efectivo, estos programas requieren continuidad. Si a este satélite le sigue de nuevo el vacío, poco habremos ganado; la experiencia es útil si se alimenta con nuevas experiencias, de una forma continuada, que desarrolle nuestro sector científico y tecnológico. Con proyectos puntuales, el beneficio es, igualmente, puntual, y poco efectivo.

No estoy culpando al INTA. Aunque no lo conozco en detalle, supongo que bastante hacen con el presupuesto que tienen. Pero la razón principal de este triste panorama debemos buscarla en el irrisorio presupuesto dedicado a I+D en nuestro país, y en particular a la poca involucración de nuestros gobiernos en materia espacial (lo que se refleja perfectamente en nuestra minúscula participación en la Agencia Espacial Europea, históricamente por debajo de lo que nos correspondería en base a nuestro PIB).

Vivimos en un país razonablemente avanzado, científica, tecnológica y económicamente. Y, sin embargo, formamos el vagón de cola del tren espacial. Países como India o Brasil (y poco a poco Argentina), situados económicamente en un nivel inferior, nos dan mil vueltas en esta materia. Y no estoy defendiendo una cuestión de orgullo patrio: es que se demuestra que ésta es una inversión rentable. Así de claro lo tienen en Brasil, por ejemplo, que siguen luchando contra viento y marea (y, en concreto, contra los Estados Unidos) por tener un programa espacial propio, en gran medida para potenciar la industria y la tecnología nacional. Y si a los Estados Unidos les duele tanto que Brasil pueda desarrollar tecnología espacial propia, por algo será... (puede que éste sea tema de un futuro artículo).

Esperemos que nuestros dirigentes se den cuenta pronto de esta realidad. Parece que en los últimos años, aunque tímidamente, empiezan a hacerlo. Se habla (aunque los hechos no lo demuestren con tanta claridad) de la necesidad de una mayor inversión en I+D. Y, aunque nuestra participación en la ESA sigue por debajo de lo que nos correspondería, lo cierto es que también ha aumentado ligeramente en los últimos tiempos. Puede ser un motivo para la esperanza, pero si no aceleramos un poco más, puede que de nuevo dejemos pasar el tren de la ciencia y la tecnología. (Foto: INTA)

16 diciembre 2004

¿Perdemos el Hubble?

El 25 de abril de 1990 se abría una nueva ventana hacia el Universo. Ese día iba a cumplirse por fin uno de los sueños de todo astrónomo: poder mirar el cosmos sin que ni una sola partícula de polvo se interpusiera en su visión. Tras décadas de subir a las más altas montañas para situar allí sus telescopios, donde el aire era más claro y la atmósfera más fina, ahora por fin iban a poder contemplar nuestro Universo libres del impedimento de la atmósfera terrestre. Ni siquiera el transparente aire que respiramos se interpondría ya en sus contemplaciones del infinito. El 25 de abril de 1990, el transbordador espacial norteamericano Discovery ponía en órbita el telescopio espacial Hubble.

No era éste, pese a todo, el primer telescopio en ser enviado a la órbita terrestre. Ya por entonces existían telescopios espaciales del ultravioleta, infrarrojo o rayos X, bandas de dificultosa o imposible recepción desde la superficie terrestre. Con ellos había podido detectarse en 1971, por ejemplo, el primer agujero negro: Cygnus X-1 había sido descubierto por un satélite de nacionalidad italo-norteamericana lanzado en 1970, primer observatorio de rayos X enviado a la órbita terrestre.

Pero el Hubble era el primer telescopio óptico enviado al espacio. Hasta ahora, las imágenes enviadas por los otros telescopios espaciales habían proporcionado una valiosa información, pero faltaba contemplar con la claridad que permitía la ausencia de atmósfera una imagen del cosmos como la vería el ojo humano. Esas imágenes del Universo “real”, del que podríamos ver a simple vista, pero con una nitidez y resolución sin parangón hasta entonces, eran las que debía proporcionar el Hubble.

Tras el necesario periodo de comprobación y puesta a punto, el día 20 de mayo de 1990 los astrónomos esperaban con impaciencia la llegada de la primera imagen tomada por este revolucionario telescopio espacial. Pero cuando llegó el momento, su decepción no pudo ser mayor: la imagen recibida estaba borrosa, desenfocada. Por más que los técnicos trabajaron intentando corregir el enfoque del telescopio, el resultado no mejoró. Pronto se tuvo que admitir la realidad: el espejo principal del telescopio, de 2,4 metros de diámetro, tenía un defecto de fabricación. Su superficie no era todo lo perfecta que
debería ser para un instrumento de estas características, y la calidad de las imágenes se resentía por ello. Aunque en los meses siguientes se trabajó para mejorar mediante ordenador la calidad de las imágenes recibidas, el resultado fue que no superaban a las tomadas desde telescopios terrestres.

La sombra del más tremendo y costoso fracaso se cernía sobre la NASA. Se habían invertido 1500 millones de dólares de entonces en el proyecto, y los sueños y esperanzas de miles de astrónomos de todo el mundo. Y todo para recibir fotografías borrosas.

Desde luego, era importante descubrir cuál había sido el error que había permitido enviar al espacio un telescopio con un espejo principal defectuoso; pero tanto o más importante era buscar una manera de repararlo, si es que la había. Afortunadamente, el Hubble se había diseñado con la capacidad de poder ser mantenido a través de misiones del transbordador espacial; dichas misiones de mantenimiento tenían como objetivo inicial la recarga de sus depósitos de combustible y la sustitución de posibles equipos averiados, pero ahora esa capacidad abría la puerta a un nuevo campo de acción: la instalación de un dispositivo corrector de la aberración esférica del espejo.

Así, tras el tremendo fracaso inicial, en diciembre de 1993 la tripulación del transbordador Endeavour llevó a cabo una de las misiones espaciales de mayor éxito de la Historia. Trabajando a lo largo de toda una semana, los astronautas del Endeavour consiguieron instalar una serie de dispositivos que solucionaban por fin el problema de visión del telescopio espacial. El éxito de la misión sobrepasó todas las expectativas: el 1 de enero de 1994, el Hubble transmitía a la Tierra su primera fotografía del espacio tras la reparación, con una calidad que dejó boquiabiertos a los científicos. Por fin, casi cuatro años después de su puesta en órbita, el Hubble se convertía en lo que se había esperado de él: un ojo abierto hacia el Universo.

Desde entonces, las imágenes enviadas por este telescopio espacial nos han mostrado un cosmos de una belleza escalofriante. Si para los científicos sus imágenes han sido revolucionarias, al mostrarnos el nacimiento y muerte de estrellas, o la formación de los planetas, por poner sólo unos ejemplos, para el simple ciudadano de a pie nos ha proporcionado la posibilidad de disfrutar de la belleza de la naturaleza como ni siquiera habíamos llegado a imaginar que podía existir. Una belleza a veces casi sobrenatural, pero que forma parte de ese mismo Universo al que pertenecemos.

Recientemente, el Hubble envió una de sus imágenes más extrañas y espectaculares: la escalera hacia el cielo. Lamentablemente, esta nueva imagen, que incluso llegó a saltar a la prensa por la asombrosa geometría que mostraba, puede ser el canto del cisne de este gran telescopio espacial. El 16 de enero de 2004, el Administrador de la NASA, Sean O’Keefe, informaba a los medios que la agencia espacial iba a suspender las misiones de mantenimiento de este telescopio, la próxima de las cuales debía realizarse poco después de la reanudación de las misiones del transbordador espacial. Sin el mantenimiento adecuado y sin los impulsos necesarios para mantener su órbita (que decae lentamente por el rozamiento con las capas altas de la atmósfera), el Hubble estaba condenado a morir en un plazo aproximado de un par de años. Hoy, nueve meses después, ya algunos de los equipos del telescopio espacial han dejado de funcionar, y sus prestaciones se deterioran día a día.

La razón para esta decisión, que impactó tremendamente en la comunidad astronómica internacional, era el reciente accidente del Columbia. Se argumentaba que, por motivos de seguridad, se cancelarían en lo sucesivo todas las misiones del transbordador en el curso de las cuales no fuera posible acoplarse a la Estación Espacial Internacional en caso de emergencia. Se pretendía así que, en caso de repetirse una situación como la vivida durante el despegue el Columbia en enero de 2003, la tripulación tuviera la oportunidad de esperar una misión de rescate en el “refugio” que constituía dicha estación espacial. Recordemos que durante el lanzamiento de aquella misión del Columbia, un trozo de espuma del recubrimiento del depósito central se desprendió impactando contra el ala izquierda del transbordador y rompiendo su escudo térmico, lo que causó la desintegración del vehículo durante la reentrada en la atmósfera, con la muerte de sus siete ocupantes.

Las misiones de mantenimiento del Hubble son incompatibles con un acoplamiento de emergencia a la Estación Espacial Internacional, dada la diferencia de órbitas entre ambos y la capacidad del transbordador norteamericano. Esto hacía que la aplicación de la decisión anterior impidiese continuar manteniendo en servicio al telescopio espacial.

Evidentemente, las vidas humanas valen mucho más que un instrumento científico, por valioso que éste sea, pero el argumento en este caso parece carecer de una base sólida. La decisión de limitar las misiones del transbordador en la forma descrita, sólo protegería a la tripulación en caso de repetirse un accidente como el del Columbia (daño durante el ascenso, detectado y susceptible de causar la pérdida del vehículo durante la reentrada). Sólo ha ocurrido un accidente así en 113 misiones, y las acciones correctoras puestas en marcha tras la investigación deberían evitar que se reprodujera en el futuro, o al menos reducir considerablemente su probabilidad. Dado que es evidente que toda misión espacial conlleva un riesgo, ¿justifica este pequeñísimo riesgo adicional la pérdida de un instrumento como el Hubble? Muchos pensamos que no, y que de hecho, la razón tras la decisión de la NASA es otra.

Es significativo que el anuncio de la cancelación de las misiones de mantenimiento del Hubble se hiciera tan sólo dos días después del anuncio de la nueva política espacial del presidente Bush. En ella se apostaba por un relanzamiento de las misiones espaciales tripuladas, con un retorno a la Luna en el plazo de un par de décadas, y con el objetivo puesto en el envío de un hombre a Marte. Un ambicioso objetivo para el que apenas se preveían aumentos en los presupuestos de la agencia espacial para los próximos ejercicios: se pedía explícitamente que las inversiones necesarias deberían salir de una reestructuración de los programas de la agencia. Es decir, era necesario recortar los gastos en todas las demás actividades para potenciar las relacionadas con la exploración tripulada del espacio. Se pedía reducir la ciencia para aumentar la espectacularidad.

El Hubble puede haber sido la víctima más visible de esta nueva política espacial. El instrumento que nos mostró la belleza del Universo en su mayor esplendor, el que nos mostró cómo nacen las estrellas y los planetas, aquél que nos ha permitido disfrutar de auténticas obras de arte realizadas por la Naturaleza, está condenado a morir en un plazo breve. Esperemos que pronto tenga un sucesor, por el bien de la ciencia.