16 agosto 2006

¡Larga vida a las Voyager!

Ayer, 15 de agosto de 2006, la sonda norteamericana Voyager 1 cubrió otro importante hito en su periplo interestelar. Ayer, esta venerable sonda cruzó la línea de las 100 U.A. de distancia con respecto al Sol.

Como sabemos, 1 U.A. (Unidad Astronómica, o distancia media Tierra-Sol) son 149,6 millones de kilómetros. Así que este pequeño robot lanzado en 1977 está ya a unos 15.000 millones de kilómetros de nuestra estrella (y a algo más, o algo menos, de nuestro planeta, según la época del año y según se desplaza éste por su órbita alrededor del Sol; pero la diferencia es prácticamente despreciable, dadas las cifras barajadas).

La misión de las sondas Voyager ha sido sin duda una de las de mayor éxito de todos los tiempos. 29 años después de su lanzamiento (la Voyager 1 salió de la Tierra el 5 de septiembre de 1977, mientras que su compañera lo hizo algo antes, el 20 de agosto del mismo año), aún siguen operativas y suministrando datos de utilidad para los científicos. Gracias a ellas, conocimos en profundidad los planetas gigantes exteriores, desde Júpiter a Neptuno. La Voyager 1 sólo visitó los dos primeros, Júpiter y Saturno; después se eligió desviarla del plano de la eclíptica (aquel en el que se mueven los planetas del Sistema Solar) para lanzarla en una dirección casi perpendicular, a estudiar el medio espacial fuera de dicho plano. La Voyager 2, por su parte, continuó su viaje hacia los confines de nuestro vecindario estelar, ofreciéndonos las primeras y bellísimas imágenes de Urano, Neptuno, y sus lunas. A lo largo de estos años de misión, las sondas descubrieron decenas de nuevos satélites de todos estos mundos, nos suministraron cientos de fotografías de sus superficies, y datos que permitirían a los científicos estudiar su composición y naturaleza. Podemos decir que es fundamentalmente gracias a ellas como comenzamos a comprender de verdad el Sistema Solar exterior.

Hoy, 29 años más tarde, ambas siguen operativas y alejándose más y más de su planeta de origen y de la estrella que lo ilumina; visto desde las Voyager, el Sol es ahora nada más que una estrella brillante en el firmamento, con un aspecto muy alejado de la gran bola de fuego que contemplamos desde nuestra Tierra. Y ambas continúan alejándose, con una velocidad suficiente para escapar a la influencia gravitatoria solar y perderse para siempre en el espacio interestelar.

La Voyager 1 (la Voyager 2 también está en camino) está alcanzando la heliopausa, el límite donde se deja de sentir la influencia solar, en términos de campo magnético y viento solar. Más allá, se abre el espacio interestelar imperturbado; un medio de alto interés para los científicos que estudian nuestro Universo.

Las sondas siguen operativas gracias a su fuente de energía nuclear. No un reactor nuclear, como se podría imaginar, sino un prácticamente inofensivo trozo de material de uranio que, gracias a su radiactividad natural (suficientemente baja como para no requerir grandes protecciones para su manipulación en tierra), genera un calor constante que se utiliza para producir electricidad. Una electricidad que alimenta los sistemas de la sonda, permitiéndola transmitir aún, a distancias casi inconcebibles, datos científicos sobre el espacio por el que transitan. Algo que aún seguirán haciendo durante unos cuantos años más, mientras no se averíe alguno de sus sistemas (cuyo diseño no preveía una vida útil tan longeva) y mientras en la Tierra se dediquen los recursos necesarios para seguir recibiendo la débil señal enviada por estos dinosaurios de la exploración espacial.

A las Voyager les tengo un cariño especial. Siempre me emocionó la elegancia de su trayectoria (la de la Voyager 2, en concreto), ese peregrinar de un planeta a otro del sistema solar exterior, acelerándose y desviándose hacia el siguiente gracias a los campos gravitatorios de los planetas que iba sobrepasando, en una trayectoria perfectamente calculada. Como un barco de vela que surcase los océanos impulsado sólo por el viento, así han surcado las Voyager nuestro vecindario espacial, jugando con la gravedad y aprovechándola en su beneficio. La tecnología aprovechando lo que la Naturaleza nos ofrece sin coste, gracias al ingenio de la mente humana. El "Grand Tour" del Sistema Solar... una maravilla, que se me quedó grabada desde el momento en que tuve noticias de su existencia. Desde entonces, siempre me ha apasionado todo lo referente al cálculo de trayectorias y la mecánica orbital.

Pero supongo que en este romanticismo con el que siempre he observado la misión de las Voyager, influye también el periodo de tiempo durante el que se ha desarrollado su misión. Cuando pasaron por Júpiter y Saturno, yo tenía 13 y 14 años, respectivamente, y ya empezaba a apasionarme por todo lo relacionado con la exploración espacial. Pero, como creo que nos pasó a muchos, el espaldarazo final lo supuso la serie Cosmos (en su primera etapa de emisión), con el inolvidable Carl Sagan haciéndonos soñar con mundos lejanos visitados por pequeños ingenios mecánicos que nos revelaban vistas maravillosas de gigantes planetas gaseosos. Esas imágenes de majestuosos y coloridos mundos de gas, la melodiosa voz del doblador de Sagan (¡qué bueno era también el actor de doblaje!) y el misterio de las asistencias gravitatorias en sus trayectorias (algo que me intrigaba enormemente, pues no alcanzaba a comprenderlo de verdad) me atraparon para siempre en este apasionante mundo de la exploración espacial. (Fotos NASA)

28 julio 2006

Sobre documentales falsos, Istochnikov, y teorías de la conspiración

Me ha pedido un amigo, también apasionado de la astronáutica y lector de este blog, que le ayude con una discusión que ha tenido con un familiar acerca de las múltiples teorías conspiratorias que rodean la llegada a la Luna.

La verdad es que nunca he entrado en estos temas, porque sinceramente me aburre leer siempre las mismas teorías por mucho que estén cien veces echadas por tierra con razonamientos lógicos (ni siquiera técnicos, en la mayor parte de los casos, sino casi de puro sentido común). Y, desde luego, no voy a repetir aquí lo que ya está escrito en muchas webs al respecto (podéis leer sobre los supuestos errores o contradicciones, y sus explicaciones, aquí, aquí -en inglés-, o un entretenido artículo de la NASA aquí). Pero me centraré algo más en una variante que ha surgido recientemente (la que comentaba el familiar de mi amigo), además de reflexionar un poco sobre estas cosas.

En este caso concreto, el origen de la discusión fue un documental francés de 2002 emitido en varios países, entre ellos España, titulado "Dark side of the moon" ("La cara oculta de la Luna", o "El lado oscuro de la Luna", según se traduzca; no sé qué título tuvo en nuestro país) y producido, creo, por el canal Arte (el tipo de canal ya dice bastante sobre la razón del documental). El documental "demuestra" que ciertas imágenes de la llegada a la Luna están trucadas, nada menos que por el gran Stanley Kubrick, porque no se pudieron tomar las reales y la NASA no podía dejar de mostrar al mundo su éxito. No se discute (ya es algo) la llegada a la Luna, pero sí se defiende el famoso montaje hollywoodiano. El documental incluye entrevistas a expertos y familiares de Kubrick (ya fallecido, como sabéis), etc. Según el documental, el propio Nixon habría estado detrás de todo esto

Lo curioso es que al final del documental, en los títulos de crédito, se aclara que todo es falso, un "divertimento" para crear impacto en el público y demostrar lo fácil que es convencer de cualquier cosa a través de los medios de comunicación. Incluso aparecen tomas falsas de los expertos y famosos participantes en el documental, partiéndose de risa ante las tonterías que tienen que decir. Y, a pesar de esto, por medio mundo la gente está diciendo a gritos "¿Veis como era verdad? ¡Todo fue un fraude!".

Algo similar ocurrió hace algunos años con la supuesta historia de Ivan Istochnikov, un supuesto cosmonauta ruso muerto en el espacio y cuya muerte habría sido mantenida en secreto hasta nuestros días. Podéis leer la historia original que dio inicio a esto aquí, merece la pena:

Primera parte
Segunda parte

Pues bien, todo esto fue fruto de la imaginación, y del ánimo de generar polémica, de un artista catalán, Joan Fontcuberta, que lo hizo hace unos diez años. De hecho, Istochnikov es la traducción al ruso de Fontcuberta, y las fotos del cosmonauta que ilustran el reportaje son un montaje con la cara del artista. Magnífico. Brillante.

Lo curioso es que, como en el caso del documental francés, la historia de Fontcuberta estaba llena de guiños, de pistas para avisar al lector avezado de que aquello no era más que un cuento chino. La primera parte es la más seria y convincente, aunque una clarísima falsedad cuando habla de la historia de la perra Laika ya induce a la desconfianza. Pero la segunda parte es ya delirante, un auténtico divertimento del autor: hechos realmente absurdos, reconocibles frases extraídas de "Blade Runner" y hasta la introducción de elementos relacionados con civilizaciones extraterrestres... Para terminar de dar pistas, tanto el libro que se editó con la historia como la web que os he indicado arriba, incluyen la frase TODO ES FICCION, aunque curiosamente parece que esta frase es pasada por alto por la mayor parte de los lectores. Además, cuando en su día se hizo una exposición itinerante con las fotos, se incluían fotos reconocibles de… ¡“La Guerra de las Galaxias”! En fin, un auténtico desmadre literario, que claramente debía indicar a todo el mundo que la historia en su conjunto era un simple cuento... ¿o no?

Pues lamentablemente, parece ser que no. A pesar de todo, millares de personas creyeron la historia, y aún hoy sigue circulando. No hay más que buscar "Istochnikov" en Google para ver a lo que me refiero. Casi todas las referencias hablan del cosmonauta de la Soyuz 2, y en casi todas ellas se asume como hecho real que este personaje existió. Actualmente ya no está disponible en la red (comprobado; quizás lo han retirado por vergüenza), pero cuando lo miré hace unos dos años, incluso encontré un artículo de “El Mundo” donde se “destapaba” el gran descubrimiento del cosmonauta muerto. Afortunadamente, lo acabo de comprobar y ahora ya se encuentran varias referencias a la historia real, montada por Fontcuberta; hace dos años, cuando lo miré, sólo encontré una pequeña cita al engaño en una página americana. Pero está claro que quien quiere creer en misterios, cree a toda costa, y he llegado a leer en la web quien defiende la veracidad de la historia, y dice que las frases de Blade Runner fueron en realidad de Istochnikov, y que luego Ridley Scott (que conocería la historia) las incluyó en su película. No, si hay explicaciones para todo…

¿Cuál es la moraleja? Creo que varias. Primero, es fundamental mantener el escepticismo, leas lo que leas, y si resulta extraño, chocante o novedoso, buscar confirmación por vías fiables. De hecho, en esto consiste el método científico, y es perfectamente aplicable en estos casos. Y si no encuentras confirmación, hay que mantener el escepticismo. Al fin y al cabo, ¿por qué tenemos que creer cualquier cosa que se nos diga?

Volviendo a las teorías de la conspiración en general. ¿Por qué hay tantas, y por qué tienen tanto éxito? Estoy seguro de que hay múltiples estudios sobre el tema, pero no soy experto en ello. Pero está claro que nos gusta buscar misterios donde no los hay: no se llegó a la Luna, lo que se estrelló en el Pentágono no era un avión, todo lo que rodea al 11-M es una conspiración, el SIDA salió de un laboratorio militar... seguro que se os ocurren decenas más.La mayoría de estas teorías de la conspiración se apoyan en pequeños hechos, a menudo sin importancia, en pequeñas lagunas de información, para levantar toda una historia paralela sin ninguna base (aunque pueda encajar, en teoría). Y como esa historia resulta mucho más atrayente que la a menudo aburrida realidad (la "falsa historia oficial"), pues muchos deciden que es mucho mejor creer esa.

Claro, que en otros casos, la teoría se levanta porque sí, sin necesidad de buscar una alternativa para llenar lagunas de información. Por ejemplo, el caso de la Luna: aquí no hay lagunas, la información es de lo más completa. Y aún así, hay alguien que prefiere montarse una historia paralela. Ya son ganas de liar la cosa…

¿Quiero decir con esto que siempre debemos creer la "historia oficial"? No. Simplemente digo que siempre debemos mantener un sano escepticismo. Y analizar con ese escepticismo si lo que nos cuentan tiene base real y creíble o no. Simplemente. Y si estamos ante dos historias igualmente creíbles y con igual base detrás (muy raro que se dé esto), aplicar la máxima de la ciencia: la explicación más sencilla es la más probable.

Por otra parte, ejercicios como el de Fontcuberta o el documental de Arte, deberían hacernos reflexionar sobre lo fácil que es inducirnos a creer cualquier cosa. Y eso puede ser muy peligroso, y mucho más importante que creer o no en la llegada a la Luna.

Por último, una pregunta sencilla que podemos hacernos y que, como mínimo, hace dudar muchísimo sobre casi cualquier teoría conspiratoria: sobre los supuestos involucrados que ocultan la realidad, ¿cómo es posible que tanta gente guarde silencio durante tantos años? O en el caso particular de la no-llegada a la Luna: ¿cómo es posible que se engañase a los rusos, si estos tenían sondas en órbita lunar y antenas dirigidas hacia allí que recibían las señales de las naves americanas? ¿o es que conocían el engaño y se callaron? En fin...

Para terminar, os invito a leeros el apéndice de mi libro “Houston, tenemos un problema”, sobre la muerte de Yuri Gagarin y los cosmonautas “desaparecidos”. Otros casos interesantes de teorías de la conspiración, aunque en algunos de estos casos los rusos se lo ganaron a pulso por su absurdo secretismo…

23 junio 2006

Crucemos los dedos

Salvo posibles retrasos de última hora, el próximo sábado 1 de julio será lanzado el Discovery en la misión STS-121; la segunda misión tras el accidente del Columbia, y la que debe probar que los riesgos asociados a la espuma aislante no suponen un serio peligro para la tripulación.

Y ya aparecen las voces críticas, pues varios técnicos de la NASA han declarado que existe riesgo de que se repitan los problemas con la espuma, aunque el Administrador Griffin ya ha confirmado que la misión se llevará a cabo. Y, lógicamente, no ha faltado quien ha empezado a acusar a la NASA de volver a caer en los mismos errores que antaño, lanzando un vehículo que no es seguro. “Parece que no aprenden”, dicen en algún foro por ahí…

Realmente éste es un tema muy complejo, y la decisión, difícil. Efectivamente, si decides que mientras haya riesgo no puedes volar, entonces la misión no debería lanzarse. Pero entonces no se lanzaría ninguna misión espacial. Siempre hay riesgo, lo que hay que determinar es cuánto, y compararlo con el tácitamente aceptado como asumible.

Pero es muy difícil cuantificar el riesgo, y éste es el verdadero problema. Casi nadie cree que se hayan eliminado los problemas con la espuma. Probablemente no se eliminarán nunca. Pero es de esperar que todo el esfuerzo realizado haya servido de algo, y disminuido la cantidad de residuos y el tamaño de estos. Aún así, nadie puede asegurar que no vaya a desprenderse un trozo relativamente grande, que no vaya a impactar sobre alguna parte delicada, y a comprometer el vuelo. No puede saberse; por eso se considera vuelo de pruebas. Pero incluso si así fuera, el escudo térmico va a ser cuidadosamente inspeccionado en órbita, por lo que cualquier problema sería detectado. La siguiente opción sería o repararlo (si se puede) o abandonar el vehículo a su suerte y esperar la tripulación una misión de rescate en la Estación Espacial Internacional. Lo que nos lleva al dilema de tener que lanzar un nuevo transbordador en el que podría reproducirse el problema.

¿Cuál es la probabilidad de que ocurra un incidente parecido al sufrido por el Columbia durante el despegue? Difícil decirlo: desprendimientos de espuma ha habido siempre, y seguramente siempre habrá, pero sólo una entre 114 misiones ha sido afectada hasta ahora; y se supone que la probabilidad debe haber caído bastante con las modificaciones efectuadas. Por otra parte, si aún así ocurriera, existe un plan alternativo que permitiría salvar a la tripulación, aunque no al vehículo. Por tanto, podemos decir que el riesgo existe, pero está controlado.

Ahora pasamos al lado político: la NASA tiene compromisos internacionales con Europa y Japón, fundamentalmente, para terminar la ISS. Y necesita al Shuttle para ello. Europa ya está muy cabreada (por decirlo en términos coloquiales) por las continuas roturas unilaterales por parte de los americanos de sus compromisos en este ámbito. Dejar en tierra los módulos europeo y japonés de la estación (que no pueden lanzarse en ningún otro vehículo), sería muy grave. Sin unas razones más que convincentes, sería muy delicado para la NASA parar los vuelos antes de llevar esto a cabo. Además, Bush y Griffin han empeñado su palabra en ello.

Segundo, parar el Shuttle ahora supondría carecer de vehículo espacial durante al menos 5 años, hasta la entrada en servicio del CEV. No sería la primera vez, y por otra parte liberaría recursos económicos para invertirlos en el desarrollo del nuevo vehículo (muchos estarían encantados de jubilar al Shuttle ya por esta razón), pero dañaría algo su imagen como potencia espacial. No es crítico, pero todo suma...

En resumen, el asunto no es tan sencillo, y está ocasionando severos dolores de cabeza dentro de la NASA a todos los niveles. Lo que parece claro es que, aunque no exista accidente, si se reproduce un evento como el del pasado verano, las críticas arreciarán y será difícil mantener el plan actual de conservar el Shuttle hasta 2010. Si se demuestra que las modificaciones han servido de poco, estoy convencido de que no se perderá más tiempo y dinero en seguir dándole vueltas, y es muy posible que se corte por lo sano. Otra cosa es que los posibles desprendimientos sean tan pequeños como para justificar que son prácticamente inocuos, lo que daría un respiro a la situación. Crucemos los dedos...
(Foto NASA)

20 junio 2006

Money, money, money

Es una creencia extendida que el gasto realizado en actividades espaciales es, por lo general, muy alto. Da igual que estemos hablando de la NASA, la ESA, Roskosmos o cualquier otra agencia espacial: sus presupuestos siempre se consideran muy elevados, y cualquier tema asociado al espacio es, por defecto, considerado carísimo.

Es cierto que la exploración espacial no es barata. El precio pagado por kilo de material enviado al espacio sigue siendo elevadísimo (del orden de 10.000 dólares/kg, sólo en coste del lanzamiento). Pero si hablamos en porcentajes del presupuesto nacional invertido por las potencias espaciales en esta materia, nos encontramos con que la realidad es bastante diferente de la percepción popular.

Recientemente se ha hecho una encuesta en los Estados Unidos encaminada a determinar cuál es esta percepción del gasto espacial por parte de la gente de la calle. Preguntados cuál creían que era el porcentaje del presupuesto nacional destinado a la NASA, las respuestas fueron variadas, con una media situada entre el 5% y el 10%, y con un número no despreciable de personas que pensaban que ascendía hasta cerca de un 30%. En realidad, el presupuesto de la NASA supone tan sólo un 0,7% del presupuesto federal.

Es curioso cómo esto no parece haberse sabido transmitir a quienes sufragan con sus impuestos la ejecución del programa. Porque un conocimiento real de lo que supone el gasto espacial en términos relativos supondría probablemente una disminución de las voces críticas que lo acusan de ser un gasto excesivo e inútil, y podría dirigir las miradas hacia otras partidas del presupuesto mucho mayores y quizás con peor percepción social. Aunque quizás sea precisamente esto lo que conviene a los gobiernos: desviar la atención lejos de otros gastos más impopulares.

En cualquier caso, un 0,7% del presupuesto americano es mucho dinero, aunque en el conjunto del gasto no sean más que las migajas. En concreto, asciende a 16.000 millones de dólares anuales. Podemos preguntarnos cuál es la situación en las otras potencias espaciales. Echemos un vistazo:

La agencia espacial rusa, Roskosmos, ha tenido un fuerte aumento de presupuesto últimamente, situándose en los 900 millones de dólares anuales. Casi 18 veces menos que el de la NASA, aunque en términos relativos sigue siendo muy similar: aproximadamente el 0,8% del presupuesto de Rusia.

La ESA, por su parte, tiene un presupuesto anual de 3.000 millones de euros, unos 3.600 millones de dólares; 4 veces y media menos que la NASA, aunque aquí es complicado traducirlo en porcentaje del presupuesto global, al corresponder a diferentes estados miembros que participan en diferente medida según su grado de involucración con los diferentes programas, y que además en algunos casos mantienen pequeños programas espaciales a nivel nacional.

Pero sigamos con ejemplos más sencillos: la agencia espacial japonesa, JAXA, gasta 1.900 millones de dólares anuales en espacio, algo menos del 0,3% de su presupuesto nacional. India tiene un gasto parecido al ruso en materia espacial, pero con unos ingresos también equiparables, el porcentaje final es también muy similar, alrededor de un 0,8%. Y China gasta aproximadamente 1200 millones de dólares anuales en el espacio, lo que supone apenas un 0,2% de su presupuesto nacional.

Bastante revelador, ¿no es cierto? Efectivamente, lanzar objetos al espacio es caro. Pero resulta que los países que lo hacen gastan en ello entre un 0,2% y un 0,8% de su presupuesto nacional. Y con estas migajas podemos saber el tiempo que hará mañana, prever desastres naturales, hacer ciencia en microgravedad y mandar robots a explorar los mundos que nos rodean. ¿No es mucho para tan poco?

19 junio 2006

No estudies tanto, que no es bueno

Según ha revelado recientemente el famoso astrofísico inglés Stephen Hawking, el anterior Papa, Juan Pablo II, le pidió que no investigara el origen del Universo, ya que eso era cosa de Dios. ¿Quería decirle que no perdiera su tiempo con algo que "estaba claro", o que no investigase demasiado no fuera a ser que descubriera algo desagradable? No soy religioso, y quizás por eso no consigo entenderlo, pero creo que si lo fuera tampoco lo entendería: aún creyendo que Dios ha creado el Universo, ¿qué tendría de malo estudiarlo? Como mucho le podría decir "hijo mío, no seas estúpido, dedica tu tiempo a cosas mejores, que esto no te lleva a ningún lado porque todo el mundo sabe que el Universo lo ha hecho Dios". Vale, eso podría haber sido un "consejo" razonable, aunque razonablemente Hawking hubiera seguido a lo suyo con un sano escepticismo científico (el escepticismo es la madre de la ciencia). Pero es que no parece que el consejo fuera por ese camino...

¿Qué les pasa a algunos creyentes con estos temas? ¿Qué tiene de malo estudiar lo que ellos creen que es obra de Dios? Si es pecado no tener fe, problema del que no la tiene, ¿no?, peor para él (según ellos). ¿Pero por qué impedirle, o pedirle que no haga algo? Más allá de un consejo bienintencionado ("¡Hijo mío, no te pierdas!"), que no parece que sea el caso.

¿No será miedo? No quiero decir miedo a que se demuestre que Dios no está detrás de todo esto; supongo que tienen la suficiente confianza como para no esperar que esto suceda. Por otra parte, es algo tan difícil de demostrar en un sentido o en otro (siempre habrá quien busque excusas para su existencia, sea como sea) que por ahí no parece que haya problema. Pero quizás es miedo a perder más adeptos. Cuantas más cosas explica la ciencia, menos se necesita creer en seres sobrenaturales. Quizás lo que el Papa le estuviera pidiendo era "Hijo mío, por favor, dedícate a lo que quieras pero no nos fastidies el negocio". En fin, no sé. Pero en el fondo, ¿a quién le importa?

31 mayo 2006

Panfleto Antipedagógico

Permitidme que hoy me separe un poco del tema central de este blog para presentaros, a quien no lo conozca, una obra que considero de un gran interés para los que vivimos en España.

Se trata del "Panfleto Antipedagógico", de Ricardo Moreno, una profunda reflexión cargada de un sentido común aplastante sobre el grave problema que vive la educación pública en España. El autor (catedrático de matemáticas y doctor en filosofía, autor de varios libros y profesor de universidad e instituto) lo escribió como una llamada a toda la sociedad, para ser distribuido libremente por internet, e intentar llamar la atención sobre las raíces del problema en busca de una solución urgente; y fue tan grande el éxito y la difusión que adquirió, que recientemente, algo ampliado, ha sido publicado como libro. El texto, que unos pocos califican de reaccionario, ha recibido los elogios de intelectuales y políticos de izquierda (incluidos relevantes miembros del PSOE), confesándose el propio Ricardo como votante de este mismo partido que en su día inició el cambio educativo cuyas consecuencias hoy vivimos y cuyos errores ninguno de los diferentes gobiernos ha sido capaz de reparar hasta ahora. Pero es que el texto de Ricardo no es político: como decía al principio, es puro sentido común, y éste no entiende de derechas o de izquierdas. Es una llamada, un grito a la reflexión para intentar reparar el inmenso daño que estamos haciendo a las próximas generaciones de este país.

Este blog es un lugar de reflexión y debate sobre la astronáutica y el espacio, sobre la ciencia y la tecnología. Y la ciencia y la tecnología necesitan de unos jóvenes bien formados para seguir progresando adecuadamente en el futuro.

Yo me eduqué en la escuela pública, y estoy orgulloso de la formación que recibí. Hoy, la educación pública en España ha caído hasta niveles vergonzosos. Lo fácil y simplista es achacar el problema a la inmigración; también Hitler achacaba todos los problemas de Alemania a los comunistas y los judíos, consiguiendo así el apoyo de una población deseosa de identificar la razón de sus problemas. Presentar un chivo expiatorio es una solución simplista y populista a la vez. Ricardo Moreno, por el contrario, identifica en su "Panfleto" las verdaderas raíces del problema educativo, que nada tienen que ver con estos comentarios que oímos cada día por ahí. Esas raíces no son tan simples, aunque tras leer el Panfleto aparecen como evidentes; identificarlas es crucial para poder actuar de verdad contra el problema.

25 mayo 2006

¡'Peaso' notición!


AVISO: No se me ofenda nadie, que esto va en tono muy crítico, pero jocoso, y con un lenguaje de charla de café. Así que hale, allá va:

El otro día me encontré con un ejemplo más de los a menudo desastrosos artículos que se publican en la prensa española sobre temas espaciales (y de ciencia, en general).

No revelaré el nombre del periódico (que es un periódico de primera línea, de tirada nacional), ni el del periodista que firmaba el artículo, porque no es relevante: ocurre en todos. Y eso es lo verdaderamente penoso. Porque no estoy pidiendo que los periodistas sean expertos en el tema (aunque los que escriben la sección de ciencia y tecnología deberían tener alguna base un pelín mejor), pero sí que al menos contrasten mínimamente las informaciones, y no cometan errores flagrantes como los de este caso. Y si de algo no sabes, no te lances a la piscina, y no te salgas de la información básica intentando hacer florituras, porque lo más seguro es que la cagues, con perdón. Como en este caso. Recordando la versión jocosa de la letra de un pasodoble: "¿si no sabes torear, 'pá' qué te metes?"

El artículo en cuestión fue publicado el 15 de mayo de 2006, anunciando el concurso lanzado por la NASA para el diseño del futuro módulo de alunizaje que deberá devolver a astronautas americanos a la Luna en la década de 2020, de acuerdo a la "visión" de Bush. Y ahí ya empezamos mal, porque aparece el día 15 como noticia algo que se hizo oficial el día 5. Pero claro, ya sabemos que este tipo de artículos se meten a menudo "de relleno", cuando no hay nada "mejor"... Y prefiero pensar que fue eso, y no que el periodista no se enteró hasta el día 14 de la noticia, porque eso ya sería más grave...

Pero bueno, ¿a quién le importa un desfase de casi dos semanas en noticias como ésta? Total, como si no la publican... Al fin y al cabo, estas noticias parecen cumplir más o menos la misma función que las tiras cómicas o el crucigrama: entretener al respetable. En fin...

De todas formas, el tema de las fechas podemos perdonarlo, pero los errores flagrantes en el texto, de ninguna manera. Y me refiero a (cito literalmente) "con la agencia bajo unos brutales recortes de presupuesto, los estadounidenses han decidido aliarse con la agencia espacial china para desarrollar un nuevo vehículo espacial capaz de volver a mandar hombres a la Luna". ¡TOMA YA! ¡QUÉ NOTICIÓN! Pero si ahora resulta que los americanos y los chinos van a ir de la manita a la Luna, como amigos de toda la vida... Hay que jod...

La frasecita demuestra no ya que se haya metido la pata, que se haya interpretado mal alguna lectura, o que de algún modo se haya cometido un error disculpable, como humanos que todos somos. No: la frasecita demuestra que no se tiene ni idea ni del escenario en el que se está moviendo la actividad espacial a nivel internacional, ni del contexto geopolítico en el que se desarrolla esta supuesta cooperación. Y como mínimo, un periodista debería conocer esto último. Y si es que ha malinterpretado una lectura, al menos su contenido debería extrañarle lo suficiente como para buscar confirmación. Pero no, ¿para qué? Si es normalísimo, que los chinos y los americanos vayan a ir juntitos a la Luna, ¿por qué no?

En fin, "pá habernos matao". Sí, estoy de coña, pero es que no es para menos. Pero claro, de algún sitio habrá sacado el angelito esta información, ¿no? Pues sí: del hecho de que recientemente ha habido ciertas reuniones bilaterales China-EE.UU. en las que se ha hablado, entre otros muchos temas, del tema espacial. A primeros de abril, el responsable del programa espacial chino, Luo Ge, visitó los Estados Unidos, y en una reunión con su homólogo Michael Griffin lamentó la cerrazón norteamericana a cualquier cooperación en temas espaciales. Recordando "lo abiertos" (en sus palabras) que encontró a los norteamericanos respecto a una posible cooperación en los años 80 y primeros 90, se encontraba con que "ahora es exactamente lo contrario". Vaya, pues sí que leyendo esto parece fácil interpretarlo como que van a ir juntitos a la Luna, ¿no?

Pero bueno, a lo mejor como a Luo Ge lo dejaron pasar en el aeropuerto, podemos interpretarlo como que las cosas van de maravilla y que los programas espaciales de ambos países van a fundirse en uno...

Claro que a lo mejor estoy exagerando. Puede que el pobre se confundiera con la posterior visita del presidente chino, Hu Jintao, a los Estados Unidos, pocas semanas después (finales de abril). En sus conversaciones con Bush salió (entre muchíiiisimos otros temas, y casi "de refilón") el tema espacial. Y claro, ¿qué van a decir dos políticos profesionales en una visita oficial con las sonrisas puestas en la cara? ¿"Te vas a cag..., cacho cabr..., que voy a llegar a la Luna antes que tú"? Pues no me imagino yo esa frase... Con lo bien que queda decir que a ver si cooperamos un poquito en estas cosas, que mira tú que bien, con lo amigos que somos... Y es que eso fue lo que se dijo. En palabras del secretario de asuntos asiáticos: "El presidente (...) ofreció enviar a China al administrador de la NASA para empezar a hablar sobre exploración lunar con los chinos, para hablar sobre algunas de las cosas que tenemos que hacer en el espacio (por ejemplo, evitar la basura espacial, y otros temas)."

Vale, un estudiante de secundaria podría engañarse leyendo estas palabras, pero un periodista no debería hacerlo. ¿Qué es lo que se dice aquí? Simplemente, que más adelante se mantendrán conversaciones para ver en qué se puede cooperar. Nada más. Se menciona la luna porque queda bien, pero no hay el más mínimo compromiso. Por otra parte, cooperar en la exploración lunar puede significar enviar una sonda de un país con un instrumento científico del otro, punto. Y esto es infinitamente más probable que hablar de mandar astronautas en una misión conjunta. Y eso suponiendo que salga algo en claro de esas futuras conversaciones (a celebrar el próximo otoño), en las que los chinos querrán que los americanos relajen su veto sobre el envío de satélites americanos al espacio, y los americanos quizás cedan algo en ese terreno a cambio de contrapartidas comerciales en algún otro. Y esto debería leerlo entre líneas cualquier periodista que se precie. Y si no, como decía al principio, como mínimo debería extrañarle la hipotética cooperación, lo que debería hacerle investigar un pelín (con un pelín vale, os lo aseguro) para llegar a estas mismas conclusiones.

De vergüenza, la verdad. Porque repito lo que decía el "periodista": "los estadounidenses han decidido aliarse con la agencia espacial china para desarrollar un nuevo vehículo espacial capaz de volver a mandar hombres a la Luna". Tergiversar la realidad es poco. Es que sobran los comentarios...

Claro, que la joya de artículo no se para ahí. Y para terminar de rematarlo, tenemos el último párrafo: “la NASA lleva años intentado elegir el diseño del que será la nave espacial que sustituya a los transbordadores espaciales, que tiene previsto ‘jubilar’ en el año 2010. Pero para llevar hombres a la luna, no sólo hace falta una nave capaz de llegar hasta allí sino también tener un módulo que se pueda desenganchar del vehículo, bajar hasta la Luna y luego volver a elevarse, algo que hasta ahora sólo han hecho el ‘Eagle’ y el ‘Apollo’” (en negrita en el original, no es cosa mía; será que estaba orgulloso de la frasecita).

¿La NASA lleva años intentando elegir el diseño? Hombre, lleva dos años justitos trabajando en el tema, y el diseño básico ya se eligió el año pasado. Pero eso no es lo peor... ni tampoco el uso de la palabra "desenganchar", aunque parezca de redacción escolar... lo peor es el final: "algo que hasta ahora sólo han hecho el Eagle y el Apollo". ¡...oño! Y yo sin enterarme... Si ahora resulta que fueron proyectos distintos...

¿Qué cree el periodista, que son dos tipos de naves? ¿O que sólo llegaron dos misiones a la superficie lunar, y que una se llamaba Eagle y la otra Apollo? Tiene coj... la cosa, con perdón, que ya sé que estoy muy mal hablado hoy. Este tío (o tía) no tiene ni p... idea de lo que está escribiendo, y para eso más valía que se callase, porque cuanto más escribe, más la caga. Porque como decía al principio, no pido que sepa que el nombre del primer módulo lunar era Eagle, y que pertenecía a la misión Apollo 11, que estaba integrada dentro del proyecto Apollo, en el curso del cual 6 misiones llegaron a la superficie lunar... no le pido nada de eso, que sólo nos importa a los cuatro locos por estos temas... pero sí le exijo, porque ése es su trabajo, que si lee algo al respecto, se entere bien de lo que lee antes de intentar repetirlo a su manera y no dando pie con bola.

Bueno, termino ya. Lo malo de esto es que no es un caso anecdótico del que reírse un rato (por no llorar...). Lo verdaderamente triste es que estas situaciones se repiten desgraciadamente con una vergonzosa asiduidad. Y uno puede pensar que, total, no es tan grave, que al fin y al cabo no es un tema tan importante, que lo del espacio es sólo un entretenimiento para leer en el periódico entre guerras, inundaciones y escándalos políticos. Pero no nos engañemos: ¿qué fiabilidad adquieren el resto de artículos tras comprobar el rigor con el que escriben ciertos "periodistas"? Penoso.

No quiero meter aquí a todos los periodistas, ni muchísimo menos. Afortunadamente hay muy buenos profesionales en esto, y quiero pensar que los que actúan con esta flagrante falta de profesionalidad son una minoría. Pero sean o no minoría, creo que hacen mucho daño, al poder desvirtuar el buen trabajo de todos los demás. Por eso, deberían ser sus propios jefes los primeros interesados en acabar con este periodismo de opereta. Creo que es importante.

11 mayo 2006

Von Braun, Abú Graib y Guantánamo

¿Von Braun, Abu Graib y Guantánamo? ¿Qué demonios es esto?, pensareis... ¿Torturas, violaciones de los derechos humanos y guerras mezclados con temas del espacio?

Pues sí, hoy sí. Y es debido a una reflexión que me ronda la cabeza hace tiempo, y a la que no encuentro una respuesta clara, pero que veo muy adecuada para plantear aquí y escuchar las diferentes opiniones al respecto. Por cierto, que lo de elegir Abu Graib y Guantánamo como ejemplos representativos es puramente por razones de actualidad, no por buscar un ataque hacia los Estados Unidos. Tristemente, podrían encontrarse decenas de ejemplos similares repartidos por todo el mundo, aunque es paradójico que sea justamente "el país defensor de la democracia" el que tengamos que poner como mal ejemplo en este caso. Pero en fin, que nos desviamos del tema...

Como seguramente sabéis, la historia de Wernher von Braun tiene luces y sombras. Aunque nadie discute su estatura como ingeniero y, sobre todo, como líder para arrastrar a toda una nación hacia el sueño espacial, también es cierto que sus actuaciones durante la Segunda Guerra Mundial tienen varios puntos negros que son los que queremos debatir aquí.

El más evidente es su papel en la construcción de la tristemente famosa V-2. Comenzar su carrera de éxitos con el desarrollo de un arma letal no resulta una buena publicidad, eso desde luego. Pero personalmente veo aquí mucha hipocresía en las críticas.

¿Construyó Von Braun la V-2 con la intención de usarla como arma de guerra, o fue sólo una mala utilización de sus habilidades por parte de otras personas? Durante años se ha defendido lo segundo, entre otras cosas porque los Estados Unidos tenían que justificar de alguna forma que quien habían llevado "a casa" y convertido en ciudadano norteamericano era en realidad una "buena persona". Y lo cierto es que es un hecho aceptado que Von Braun se alió con los militares como única salida para financiar sus deseos de desarrollar cohetes para ir al espacio; eso es algo que nadie discute. Ahora bien, el mismo Von Braun reconoció en alguna carta a sus críticos que, cuando tu país está en guerra, estés o no de acuerdo con el gobierno, deseas ayudar a defenderle. Y esto me parece lógico. ¿Que Von Braun era un oportunista con pocos escrúpulos, dispuesto a trabajar para el ejército para lograr su objetivo? Probablemente podamos decirlo así. ¿Que no se sentía especialmente mal desarrollando un arma para atacar Inglaterra? Hombre, Inglaterra les bombardeaba a ellos cada dos por tres, ¿quién no iba a sentir justificada la respuesta?

De todas formas, decía al principio que estas críticas al creador de la V-2 me parecen una hipocresía. Y es que si en vez de haberlo hecho en Alemania lo hubiera hecho en Inglaterra o los Estados Unidos, estoy seguro de que no le habría criticado nadie por diseñar un arma. Seamos serios... ¿Se ha criticado a los creadores de la bomba atómica, infinitamente más letal que las V-2? Al contrario, casi siempre se ha intentado justificarlos por diferentes vías. ¿Y qué decir de los miles de ingenieros que por todo el mundo diseñaban bombarderos pesados para atacar ciudades? ¿También ellos son criticables? Porque murieron muchísimos más civiles por bombardeos que por las V-2. No es que defienda la creación de nuevas armas, pero atacar a Von Braun por ello me parece hipócrita, y más en el contexto en el que se desarrollaban los acontecimientos.

Pero no era éste el principal motivo de esta disertación, ni del provocador título de este escrito. Se trata de una parte aún más oscura en la vida del ingeniero alemán: su indirecta implicación en crímenes de guerra, en lo que posteriormente se llamó crímenes contra la humanidad, en las instalaciones secretas de fabricación de las V-2.

Miles de prisioneros murieron en las fábricas subterráneas de fabricación de estos cohetes, en Mittelwerk. Trabajando en condiciones infrahumanas, subalimentados, hacinados en condiciones de frío y humedad, con una absoluta falta de higiene y unas pésimas condiciones de vida, explotados hasta la extenuación, los prisioneros eran tratados como esclavos en condiciones que recuerdan a los campos de exterminio de judíos.

Von Braun no dirigía la fábrica: él estaba en la parte de I+D, podríamos decir, desarrollando los cohetes. La producción la dirigían otros. Pero estaba al tanto de lo que pasaba. En alguna visita a la fábrica fue testigo de las inhumanas condiciones de trabajo de los prisioneros. Y no hizo nada por evitarlo.

Todo esto se ha conocido hace relativamente pocos años. A los Estados Unidos no les interesaba revelar estos puntos oscuros de la vida de su acogido, así que se ocultó a la opinión pública. Bien es cierto que el ejército y el FBI investigaron en su momento estos hechos, de cara a evitar que un criminal de guerra se les colara en el país y alguien pudiera echárselo en cara en el futuro, y le hallaron no culpable. Pero también es cierto que, una vez conocidos los hechos, muchas han sido las voces que han criticado la actuación del ingeniero durante la guerra.

El núcleo del debate es éste: ¿hasta dónde se puede o se debe criminalizar a Von Braun por estos hechos? El no dirigía la fábrica, ni tenía ninguna relación directa con ella. Además, hay que ponerse en contexto: la Alemania nazi, las SS controlando la fábrica de las V-2... ¿podía Von Braun hacer algo? ¿era razonable intentar hacerlo?

Son preguntas difíciles. Aunque Von Braun no tenía relación directa con la fábrica, no cabe duda de que era una persona con una cierta influencia, y si bien podemos dudar si cualquier intento de actuar hubiera tenido algún efecto real, al menos podría haberlo intentado. Por otra parte, hay que entender que intentar enfrentarse a las SS hubiera podido ser una acción arriesgada, más propia de un héroe, y nadie ha dicho que Von Braun lo fuera. Aunque quizás podría haber actuado de alguna forma sutil para intentar cambiar las cosas...

Lo cierto es que no hizo nada. Sabía lo que pasaba y no hizo nada. Eso es lo que puede criticársele. Y lo que muchos le critican hoy día.

¿Qué tiene que ver esto con Guantánamo y Abu Graib? Pues bien, son dos ejemplos en los que, sin llegar a los extremos nazis, también se están perpetrando crímenes contra la humanidad. Torturas físicas y psicológicas, violaciones de los derechos humanos... En Abu Graib, algunos responsables directos han sido castigados tras filtrarse a la prensa los hechos. En Guantánamo, aparte de declaraciones de algunos testigos, no hay fotos, así que no hay pruebas directas, y no ha habido castigados. Pero en ambos casos, hay cientos de personas que conocen lo que está pasando, y no hacen o no han hecho nada por evitarlo. Soldados y oficiales de diferente rango, y hasta políticos. Algunos pocos lanzan voces de protesta, pero decenas y cientos de personas que están siendo testigos directos de las torturas, aunque no participen en ellas, están callados, aunque probablemente muchos de ellos lo contemplen asqueados. Y aquí ni siquiera hablamos de complejos controlados por las SS. Aquí los que no hablan lo hacen simplemente por no crearse problemas, por no hacer peligrar un puesto de trabajo o un posible ascenso.

Y sin embargo, estas personas pasarán por su vida sin que nadie nunca les eche en cara no haber hecho nada por evitarlo. Se ha castigado a torturadores de Abu Graib, y quizás algún día se haga con Guantánamo. También se castigó a los responsables de la factoría de Mittelwerk. Pero en el primer caso, parece que con castigar a los que salieron en las fotos está todo hecho. En el segundo, parece que cualquiera que hubiera visto a un prisionero es un culpable moral. Parece que el punto de vista es bastante diferente en cada caso.

No intento defender a Von Braun. De hecho, ya digo que llevo tiempo dándole vueltas, y no sé cómo definir su actuación desde un punto de vista moral. Que muchos hubiésemos hecho probablemente lo mismo no significa que esté bien hecho. Tampoco sabemos, y nadie podrá saberlo nunca, si internamente estaba asqueado o no por lo que veía. Sinceramente, no sé qué pensar. Pero si sé que lo mismo hacemos cientos o miles de personas día a día cuando vemos algo reprobable y simplemente miramos hacia otro lado.

Creo que es un complicado tema éste, y por eso, más que nunca, me gustaría conocer vuestras opiniones. Aquí podéis dejarlas. (Foto NASA)

18 abril 2006

Pontes y Duque: ¿Astronautas o turistas?

Acaba de finalizar la Misión Centenario a la Estación Espacial Internacional, en la que ha debutado el primer astronauta brasileño, Marcos Pontes. Y lo leído sobre esta misión (opiniones de dentro y fuera de Brasil, y de dentro y fuera de la "comunidad espacial") me recuerda enormemente a lo vivido durante la Misión Cervantes en 2003, cuando el español Pedro Duque realizó una similar visita de corta duración a esta misma estación espacial.

En ambos casos, los respectivos gobiernos han pagado a la agencia espacial rusa (Roskosmos) por un asiento a bordo de sus naves Soyuz para enviar al espacio a sus astronautas. Y en ambos casos han surgido voces que han comparado este hecho con el turismo espacial, en el que potentados privados ofrecen cifras similares a Roskosmos para disfrutar de las vistas desde el complejo orbital, en misiones de idéntico perfil y duración.

Lo cierto es que para Roskosmos no hay grandes diferencias entre llevar un pasajero u otro: ellos ofrecen el servicio a quien quiera pagarlo, sean particulares o naciones, siempre y cuando, naturalmente, se cumplan los requisitos médicos y de entrenamiento requeridos. Que el viajero dedique su tiempo a hacer experimentos o fotos, dependerá ya de en qué quiera emplear cada uno su tiempo y su dinero.

Pero es evidente que hay diferencias. Tanto Marcos Pontes como Pedro Duque u otros casos similares, son astronautas profesionales, que suben al espacio con una misión para desarrollar. Puede discutirse si dicha misión merece o no lo que se paga por ella, o si su misión real es científica o simplemente política y propagandística, pero lo cierto es que no suben para disfrutar de las vistas y de la sensación de ingravidez (aunque, evidentemente, es innegable que disfrutarán de ambas, y que muchos les envidiamos por ello, aunque sepamos que están realizando un trabajo). Ponerles al mismo nivel que un turista espacial es claramente erróneo e injusto.

Las visitas como las de Pontes o Duque, al igual que las de los turistas espaciales, son visitas de corta duración a la Estación Espacial Internacional que aprovechan el intercambio de tripulaciones para llevar a cabo su misión. Estos astronautas suben con la nueva tripulación y descienden a la Tierra con la anterior, tras un periodo de solape de aproximadamente una semana. No son, por tanto, miembros de ninguna tripulación a bordo de la estación, ni tampoco son miembros de las tripulaciones de las naves Soyuz de ascenso o descenso en sentido estricto, actuando más bien como simples pasajeros a bordo. Son, como decimos, pasajeros en las Soyuz, que suben a la órbita terrestre para realizar una determinada actividad en microgravedad durante el tiempo que dure su breve permanencia en órbita. La rentabilidad de su viaje dependerá de en qué se emplee ese tiempo.

Pero hay muchas formas de medir esa rentabilidad. Porque hay una rentabilidad científica a través de los experimentos llevados a cabo durante la misión, pero es muy posible que sea mayor la rentabilidad política, publicitaria y de promoción de la ciencia que tienen estas misiones.

Si nos restringimos al lado científico, la rentabilidad de la misión dependerá del diseño de los experimentos a desarrollar en el espacio. Esto no depende del astronauta, que se limitará a ejecutar las instrucciones que se le hayan dado, sino de la institución científica que los ha diseñado. A menudo, ante una misión así, se realiza un concurso de ideas al que diferentes instituciones presentan propuestas de experimentos a desarrollar, de los cuales una comisión seleccionará los elegidos para subir al espacio. La importancia de estos experimentos dependerá en el fondo del nivel científico de los equipos de tierra que los han preparado.

Evidentemente, todo experimento es útil, y todos ellos representan pequeños pasos en el avance de la ciencia. Ahora bien, ¿representa un experimento aislado llevado a cabo en una misión orbital un avance significativo? Generalmente no. Lo más habitual es que los primeros experimentos generen aún más preguntas de las que había en un principio, y aunque sin duda esto es ya un gran avance, si no hay continuidad será un avance lógicamente limitado. Y esto a veces genera críticas incluso de los propios científicos, que alegan que por el coste de esos siete días en el espacio se podrían pagar años de investigación en la Tierra. Algo especialmente importante en países con presupuestos de I+D limitados.

Por otra parte, la realización de estos experimentos aislados habitualmente no justifica realmente la misión. Algunos de esos experimentos pueden llevarse a cabo de forma totalmente automática a bordo de satélites científicos rusos tipo Foton que devuelven a la Tierra cápsulas de retorno con los resultados de los experimentos tras un determinado tiempo de permanencia en órbita; y esto por una pequeña fracción del precio de una misión tripulada. Otros experimentos que requieran necesariamente de la intervención humana (habitualmente pocos, en este tipo de misiones de corta duración) podrían subcontratarse a tripulaciones permanentes de la estación, pagando únicamente por el tiempo de realización del experimento, y ahorrándose el "billete" del astronauta patrio (en realidad no es tan sencillo como una pura subcontratación, pero es algo que puede hacerse vía acuerdos de colaboración). Pero es que la realización de los experimentos no suele ser el principal objetivo de estas misiones.

Efectivamente, el principal motivo es otro, quizás de utilidad no tan clara, pero probablemente no menos importante. El principal motivo suele ser propagandístico. Y esa propaganda se utiliza en varios frentes.

El primero y más claro es el frente político. La actividad espacial, y en especial la tripulada, es siempre utilizada políticamente por todos los gobiernos, pero quizás tiene incluso mayor impacto cuando se trata de países que inician sus actividades en ese área. Las conversaciones televisadas con los presidentes (Aznar en el caso de Duque, Lula da Silva en el de Pontes) son siempre inevitables en este tipo de misiones, en lo que, disfrazado de reconocimiento nacional a través de su máximo representante, es más bien la presentación ante la opinión pública del "espónsor" de la misión.

Pero aparte del rédito político, lo cierto es que misiones como éstas pueden tener dividendos más importantes. En ambos casos, el de Duque y el de Pontes, un país entero ha seguido con interés las evoluciones de su astronauta, interesándose por un aspecto, el del vuelo espacial, a menudo olvidado en ambos países. En ambos casos, se ha vivido un repentino interés por la actividad espacial, que indirectamente se ve reflejado en un mayor interés por la ciencia y la tecnología. Los niños de Brasil y de España tienen ahora un nuevo ídolo en el que fijarse, aparte de Ronaldinho y Fernando Alonso, uno que puede hacerles interesarse por la ciencia y la ingeniería, además de por el fútbol y las carreras. Y puede que, a la larga, esto tenga unos efectos sobre el futuro del país que bien merezcan haber invertido el dinero que ha costado pagar ese billete espacial.

Esto es, sin duda, difícil de medir. Y el posible beneficio, además, se verá a largo plazo. Pero 10 ó 20 millones de euros son en el fondo una gota de agua en el mar del presupuesto de un estado. Creo que bien merece la pena hacer esta apuesta de futuro.