28 julio 2009

Bolden: “No podremos sobrevivir si seguimos por este camino”

Así de contundente se mostraba el flamante administrador de la NASA, Charles Bolden (cuya nominación fue aprobada por el Senado el 15 de julio), en uno de sus primeros discursos al personal de la agencia el pasado día 21, en plena celebración del 40º aniversario de la llegada a la Luna.

En un emotivo discurso de una hora de duración, Bolden intentó tranquilizar a los trabajadores de la agencia espacial acerca de su futuro, pero sin ocultar que había que tomar las riendas de la organización con firmeza para reconducirla por el camino apropiado. En un momento en el que la llamada “Comisión Augustine”, nombrada por el presidente Obama, está auditando la NASA y el proyecto Constellation para decidir cuál debe ser el camino a seguir por el programa espacial norteamericano en el futuro próximo, muchos dentro y fuera de la NASA temen que esto pueda significar el fin de sus sueños de volver a la Luna en la próxima década. Los continuos problemas de desarrollo del cohete Ares I y la nave Orión, en paralelo con los retrasos y fuertes desviaciones en el presupuesto que han ido saliendo a la luz en los últimos tiempos, no hacen más que alentar las inquietudes de quienes se temen lo peor.


Por todo ello, no son pocos los trabajadores y responsables de la NASA que ven a los miembros de la Comisión Augustine (que recibe el nombre de su líder, Norman Augustine) como el enemigo, una imagen que Bolden ha intentado cambiar: “No hay que temerlos, no hay que tenerles miedo. No habría hecho bien mi trabajo como administrador si hubiera llegado a la oficina y no hubiera llamado a los directores de los centros y a los empleados para preguntarles ‘Venga, decidme qué estáis haciendo. Contadme cómo va todo. Y decidme qué creéis que tenemos que cambiar’. Habría sido una irresponsabilidad por mi parte llegar y no solicitar ese tipo de revisión. Pero como no teníamos un administrador en la NASA [se refiere al largo periodo de seis meses desde la llegada a la presidencia de Obama en el que la agencia ha estado con un administrador interino], el Presidente y la Oficina de Política de Ciencia y Tecnología decidieron que necesitábamos tener este tipo de revisión. Así que más o menos me quitaron ese peso de encima, para ser honestos. Así lo veo yo…”

Tras intentar justificar así la normalidad de la auditoría, Bolden intentó tranquilizar a su personal aludiendo a la profesionalidad del jefe de la comisión, Norman Augustine, un veterano experto en el programa espacial que ya ha trabajado anteriormente en comisiones similares, y que ha recibido varias medallas por sus servicios a su país en las áreas de la ciencia y la tecnología. “Para aquellos de vosotros que no conozcan aún a Norm Augustine, os diré que es un profesional increíble. Es un profesional del espacio. Conoce su trabajo. Lo conoce en todas sus facetas: tripulada, no tripulada, robótica, todas. Así que los que trabajéis con él podéis estar realmente seguros de que va a venir con planteamientos con los que vamos a poder vivir.”

Pero, tras este intento de tranquilizar a su gente, Bolden recordó que la situación era seria, y que el futuro no sería fácil: “¿Va a plantearnos algo que no nos resulte difícil? No. Porque, y no necesito decíroslo, todos lo sabéis mejor que yo, no podemos sobrevivir si seguimos por el camino por el que vamos en estos momentos”.

Duras palabras, que si bien no nos aclaran a los observadores externos cuál es la situación exacta dentro la NASA, sí parecen dejar claro que, sea cual sea, es seria. Muy seria. Parece que las sensaciones recibidas desde fuera en los últimos años de que algo iba realmente mal en torno al proyecto Constellation (y no me refiero sólo a los problemas técnicos, de plazos y presupuestarios, sino también a las amargas declaraciones desde el anonimato de diversos miembros de la NASA), no eran infundadas; suponiendo que todos los problemas se reduzcan sólo al Constellation, que ya es mucho suponer…

¿Y cuál es entonces el nuevo futuro de la NASA? ¿Se paralizará el programa Constellation en su totalidad? ¿Se recortará para eliminar la misión lunar pero manteniendo el desarrollo del Ares I para acceso a la órbita terrestre? ¿Se hará borrón y cuenta nueva, cambiando el programa actual por otro alternativo? Aún es pronto para decirlo, y tendremos que esperar al menos un mes para que la comisión Augustine presente sus conclusiones… y algo más para que después la Casa Blanca y la NASA elaboren sus nuevos planes en base a dichas recomendaciones. Pero entre tanto, el discurso de Bolden parece dejar todas las puertas abiertas. Aunque aludiendo a la misión a Marte como forma de ilusionar a sus empleados, la realidad de sus palabras indica que el futuro próximo de la NASA puede dirigirse por cualquier camino… vaya hacia la Luna, hacia Marte, o hacia la órbita baja de 400 km. Así, hablando de Marte, Bolden declaró que “todos nosotros tenemos que entender que todos estamos de acuerdo en que queremos llegar allí. En lo que no estamos de acuerdo es en cómo llegar. Y por eso algunos de los que estáis sentados ahí pensáis que es una pérdida de tiempo hablar de la Luna. Sé que los hay. Y hay otros de vosotros que quizás incluso decís, ‘Vale, puede que tengamos que ir a Marte, pero podemos hacerlo durante los próximos mil años, no me importa con tal de volver a la Luna’. Y hay otros de vosotros que decís ‘Oye, a mí lo que me gusta de verdad es la Estación Espacial Internacional. Así que asegurémonos de ponerla a funcionar a tope y luego ya podremos ir a la Luna o a Marte cuando sea el momento’. Todos son caminos alternativos, distintas formas de llegar donde todos queremos llegar. Así que nuestro reto para los próximos meses es averiguar cuál es el camino más efectivo, el más eficiente en costes, para llegar allí. No podemos llegar de la forma en que lo estamos haciendo ahora. (…) sí, puede que tengamos diferentes opiniones acerca de cómo llegar a ello, pero tenemos que presentarle al presidente un plan coherente para llegar hasta allí.”

Situación seria, supervivencia en peligro, clara alusión a los costes y todas las posibilidades para el futuro abiertas. Por mucho que Bolden intente ilusionar, parece que apuntan malos tiempos para la lírica… (Foto: NASA)

21 julio 2009

40 años después

"Éste es un pequeño paso para un hombre, pero un salto gigante para la Humanidad". Con estas palabras pronunciadas el día 20 de julio de 1969, el primer ser humano ponía su pie en la Luna. Este año celebramos el 40º aniversario de aquel gran hito histórico, y sin embargo, nada a nuestro alrededor parece reflejar el gran salto que, según Neil Armstrong, aquella primera misión lunar debía suponer para nuestra vida en la Tierra.

No quiero decir con esto que no se hayan producido grandes avances desde entonces, o que incluso muchos de estos avances no hayan estado en parte influidos por la actividad espacial. Pero lo cierto es que si preguntamos a los que nos rodean qué es lo que valoran como mayores saltos para la humanidad desde 1969 hasta hoy, estoy seguro de que la mayoría destacará los avances de la informática y las telecomunicaciones, pero muy pocos hablarán de la actividad espacial.


La situación es paradójica, no sólo porque, por ejemplo, esos grandes avances en las comunicaciones se los debamos en buena medida a las aplicaciones espaciales, sino porque si preguntamos a esa gente de la calle si valoran como importante la aportación de la exploración espacial a la Humanidad, la mayoría nos contestarán que sí, aunque habremos tenido que recordarles que existe para que reparen en ello. Lo que quiero decir es que, por norma general (y siempre hay excepciones), la sociedad valora positivamente la actividad espacial, considerándola de una forma vaga como algo "importante para la ciencia" aunque casi nunca se sepa muy bien cómo o para qué... pero al mismo tiempo es una actividad que pasa completamente desapercibida en nuestra vida cotidiana.

El hecho es que en nuestros actos más cotidianos utilizamos de forma casi constante las aportaciones del área espacial: cuando hablamos por teléfono con otro continente, cuando vemos la final de la NBA, al escuchar el pronóstico del tiempo para mañana o simplemente al entrar en Google Maps para ver cómo llegar a nuestro destino. Pero en todos estos casos nos pasa lo mismo que cuando encendemos la luz al entrar en casa: que nunca se nos ocurre pensar en cómo se produce la electricidad que lo hace posible.

Sí, la actividad espacial es algo cotidiano hoy en día, especialmente en su vertiente más prosaica, la de los satélites artificiales terrestres. Pero precisamente por esa cotidianeidad, ha perdido todo el encanto y el poder de atracción que tuviera en sus orígenes. Los satélites que orbitan la Tierra son hoy día tan excitantes como los petroleros que surcan los océanos: sólo saltan a las noticias cuando chocan. Y si pensamos en la vertiente humana, la situación no es muy diferente: ver a los astronautas flotando en la Estación Espacial Internacional es una imagen tan repetitiva y carente de interés, que muy pocos notarían la diferencia si algún día en su lugar nos ponen imágenes de archivo de hace 30 años en el Skylab o la Mir. Cuarenta años después de pisar la Luna y de repetir, al menos en apariencia, las mismas actividades en el espacio, algunos hasta dudan si alguna vez lo hicimos de verdad.

Sin embargo, nunca se ha hecho tanta ciencia como hoy en el espacio. Las sondas espaciales están explorando los más lejanos confines de nuestro Sistema Solar, aumentando nuestro conocimiento del mismo hasta cotas insospechadas hace unas décadas. Y las flotas de satélites científicos en órbita terrestre nos están permitiendo conocer tanto nuestro planeta como el Universo a nivel de espacio profundo de un modo que habría resultado imposible de no existir la actividad espacial.

Pero la sociedad en general permanece ajena a todo esto. Hoy, la exploración espacial tiene tanto atractivo para el ciudadano común como la microbiología: se valoran como importantes sin saber casi lo que son ni para qué sirven, y sin despertar mayor interés. Y, sinceramente, dudo que la repetición de los viajes a la Luna que se plantea la NASA para dentro de algo más de una década, Obama mediante, cambien mucho la situación. Quizás sea muy pesimista, pero hasta dudo que una misión tripulada a Marte tuviera hoy el impacto social y mediático que tuvo la llegada a la Luna, una vez que la presencia humana en el espacio se considera algo habitual y que recibimos desde hace años imágenes de la superficie marciana tomadas por robots. Aceptémoslo: en estos 40 años, la actividad espacial se ha hecho tan cotidiana que ha llegado a parecer aburrida. En el fondo, quizás sea la consecuencia lógica y natural de su madurez. (Foto: NASA)

NOTA: Este artículo de opinión fue publicado por la revista Astronomía en su número de Julio-Agosto de 2009 (nº 121-122) dentro de la sección de opinión "La Tribuna".

30 junio 2009

Eutanasia para Ulysses

No hace ni un mes que publicaba aquí un artículo sobre la sonda europea Ulysses (la misión es una colaboración ESA-NASA, pero la sonda es puramente europea) en el que contaba cómo el vehículo está agonizante desde hace casi un año, pero resistiéndose a morir gracias a los cuidados intensivos que le está aplicando el equipo de tierra. Pues bien, aunque pueda parecer un triste final para una misión de tanto éxito como ésta, especialmente después de esa casi heroica resistencia de que ha hecho gala en los últimos tiempos, hoy 30 de junio la misión llega definitivamente a su fin. Como si de una aplicación de eutanasia a un enfermo agonizante se tratara, los equipos de tierra enviarán un último comando a la sonda mediante el cual se apagará su transmisor de radio. No habrá más transmisiones desde Ulysses a la Tierra; no habrá más comandos enviados por los controladores para expulsar hidracina y evitar así su congelación en los conductos carentes de calefacción por las carestías energéticas a bordo; no habrá ya más técnicos cuidando con cariño a ese pequeño robot que surca el espacio en una ruta nunca antes seguida por ningún objeto fabricado por el hombre. Como en esas series de médicos que vemos por televisión, se suspenderá la respiración asistida, se apagarán los monitores, se desconectarán los cables, y se dejará al paciente sucumbir tranquilamente a la muerte.

¿Por qué esta decisión? Se ha tratado simplemente de adelantarse un poco a lo inevitable. Ya decíamos en el anterior artículo que el final de la misión se esperaba en cualquier momento, por agotamiento del propulsante de a bordo, después de que ya se hubiera dado por desahuciado al vehículo en varias ocasiones durante el último año, ideando después siempre algún ingenioso procedimiento mediante el cual mantenerlo operativo. Aunque no hay forma de saber si el propulsante restante en el depósito da para un año, un mes o un día, se ha decidido no esperar a esa “muerte natural” y desconectar los sistemas de la nave ante la evidencia de que ya la aportación científica que podía seguir realizando no justificaba los costes de mantener todo el soporte de tierra operativo.

El fallo del transmisor de banda X en enero de 2008, unido al descenso en el suministro eléctrico por agotamiento del RTG que lo produce, había obligado a realizar la recepción de los datos enviados por Ulysses a través de las antenas de 70 metros de diámetro de la red de espacio profundo (DSN) de la NASA, tres antenas únicas en el mundo cuyo tiempo de observación hay que repartir avariciosamente entre múltiples misiones. Pero es que además, en las últimas semanas, con la sonda alejándose cada vez más de la Tierra en su trayectoria, la cadencia de datos suministrados a través del transmisor secundario (el “bitrate”) había disminuido tanto que prácticamente resultaba inútil para aportar ningún dato de valor científico. Por todo ello, se ha decidido que no tiene sentido seguir malgastando el tiempo de observación en una misión que ya ha aportado todo cuanto podía aportar. Ulysses ha cumplido con creces la misión para la cual fue diseñada. Descanse en paz. (Imagen: ESA)

16 junio 2009

Más leña al fuego: ¿Griffin mentía?

Ayer 15 de junio, la prestigiosa revista Aviation Week reavivaba la polémica en torno a la arquitectura elegida para el programa Constellation al desvelar un informe interno de la NASA teóricamente inexistente. Se trataba de un informe solicitado por la agencia a Aerospace Corp. para evaluar los costes del sistema Ares I frente a los que tendría utilizar para la misma misión un derivado de un lanzador comercial Atlas 5 o Delta IV Heavy. Un informe que costó la nada despreciable cifra de medio millón de dólares, pero que oficialmente no existía: no sólo no se había desvelado su existencia, sino que se había negado cuando se filtraron rumores acerca del mismo. Cuando un periódico pidió a la NASA el año pasado una copia de dicho informe, se le respondió que “no se ha realizado ningún estudio de ese tipo”.

Sí que se había realizado, según revela ahora Aviation Week, pero parece que las conclusiones del informe no gustaron a los responsables de la agencia. Porque el estudio contradice las palabras tantas veces repetidas por Michael Griffin acerca de lo complicado y caro que sería adaptar un lanzador comercial para enviar astronautas al espacio. Según la NASA, el Ares I sería mucho más eficiente y económico para esta misión. Sin embargo, el informe desvelado por Aviation Week no parece decir lo mismo.


Como no he podido leerlo directamente (aún no ha sido hecho público), tengo que basarme únicamente en lo publicado por Aviation Week, que no da demasiados datos. Pero intentaré reflejarlo aquí intentando ser lo más neutral posible.

El estudio sólo contempla la opción del Delta IV Heavy como alternativa al Ares I, desechando en un principio el Atlas 5 por la mayor complicación que podría tener a priori la cualificación de sus motores de fabricación rusa para uso en misiones tripuladas (no porque no sirvan o porque no pudieran adaptarse si fuera necesario, sino principalmente por la menor disponibilidad de documentación sobre los mismos en los Estados Unidos; es decir, no desechan su validez, simplemente prefieren concentrarse para el estudio en aquello de lo que tienen más datos). Y concluye que, adaptando una de las versiones de este lanzador con una etapa superior similar a la etapa superior del actual Ares I, se tendría un lanzador con una capacidad más que sobrada para lanzar la nave Orión sin problemas de peso, por un coste inferior al del Ares I (con matices, como veremos luego).

Según el informe, el coste de desarrollo de la versión humana del Delta IV sería 2 mil millones de dólares más barato que desarrollar el Ares I. Y los costes operativos también serían menores: cada 14 misiones se ahorrarían 3 mil millones de dólares frente a las mismas misiones con el Ares. Menos dinero inicial, y menos dinero recurrente.

Uno podría preguntarse por qué la NASA siguió empeñándose en seguir adelante con el Ares I después de recibir este informe. La verdad es que sin más datos, es difícil decirlo, aunque puede haber varias causas. Primero, no sabemos cuándo se editó el informe, pero parece que posiblemente fuera el año pasado; en ese caso, la NASA podría haber pensado con bastante lógica que ya era demasiado tarde para cambiarlo todo. ¿Por qué solicitar el informe, entonces? Pues quizás para acallar voces críticas, esperando que el resultado les fuera favorable, y luego cuando se vio lo que decía el informe se decidió ocultarlo sin hacer ruido. No lo sé, ya digo que esto depende de cuándo se recibiera el informe.

De todas formas, lo del coste tiene matices. Y es que el informe reconoce que el ahorro en los costes de desarrollo sólo es real si se olvida uno del Ares V. Y es que la primera etapa del Ares I, la polémica etapa de propulsante sólido derivada de los aceleradores laterales del Shuttle, sería común con este lanzador gigante, por lo que parte de los costes incurridos en desarrollar el Ares I serían válidos para el Ares V. De esta forma, si se sumaran los costes de Ares I y Ares V frente a Delta IV y Ares V, la ventaja estaría a favor del esquema del Constellation. Si sólo consideramos el Ares I frente al Delta IV (lo único real a día de hoy), el ganador es el lanzador de Boeing.

Esto en cuanto a costes de desarrollo… pero lo cierto es que los costes operativos serían menores para el Delta IV Heavy. Y estos son los realmente importantes, pues son los que se pagan misión tras misión. Consideremos el Ares V o no, según las conclusiones del informe el Delta IV sería más barato a la larga.

¿Por qué empeñarse entonces Griffin en seguir con su esquema de lanzadores? (porque es por todos sabido que fue Griffin quien “impuso” esta arquitectura tras su llegada a la NASA, y quien la defendió a capa y espada durante todo su mandato). Dejando aparte que quizás ya fuera tarde cuando se editó el informe (que no lo sabemos; y tampoco sería excusa, pues dicho estudio debería haber sido realizado por la propia NASA antes de empezar), creo que puede haber dos razones principales: una, el mantenimiento de la carga de trabajo en los equipos actuales del Space Shuttle, por la comunalidad (finalmente no tanta, debido a los múltiples problemas) con el transbordador, frente al desvío de dicha carga de trabajo a una empresa externa. Y dos, que el esquema Ares I-Ares V favorece la misión lunar, al permitir abaratar el Ares V repercutiendo parte de los costes en el Ares I. Es decir, si conseguimos que el Ares I cueste más para que luego el Ares V cueste menos, será más fácil convencer a los políticos después para que siga adelante el Ares V que si su coste fuera mucho mayor. En el esquema actual, el Ares I allana el camino político-económico al Ares V, y eso pudo ser una baza estratégica a jugar por la NASA en su día. En cualquier caso, todo esto son conjeturas.

Sea como fuere, lo cierto es que la aparición pública de este informe no va a ayudar en nada a la NASA, ni al proyecto Constellation. Aunque el Ares I ya está en un estado lo suficientemente avanzado como para poderse considerar más o menos segura su finalización (creo yo), el resto del programa, ya seriamente amenazado con anterioridad, no va a ganar puntos con la desconfianza que esto genera hacia la agencia y el equipo responsable del Constellation. Y qué decir de Griffin, que durante años ha negado categóricamente lo que ahora dice este informe… aunque ya no esté al frente de la NASA, no me extrañaría oirle contraatacar en los próximos días. La polémica está servida. (Foto: Boeing)

10 junio 2009

Ulysses: un viaje épico

Ulysses agoniza. No en su Itaca natal (la Tierra), sino navegando por los vastos océanos espaciales, continuando su exploración hasta el final. Un final que será aún más épico que el que tuvo el personaje de la Odisea.


El 6 de octubre de 1990, la sonda europea Ulysses partía a la exploración del Sol con una esperanza de vida de 5 años. Su vida real, no obstante, se prolongaría por otros 13 años más. El 1 de julio de 2008, cuando casi había cuadruplicado su vida útil nominal, se decidió dar oficialmente la misión por terminada, al preverse un cese del funcionamiento de sus sistemas prácticamente inminente. Pese a todo, a primeros de junio de 2009 el vehículo consigue mantenerse precariamente en activo, gracias a los esfuerzos y la imaginación de los equipos de tierra.

Una misión única

La misión de la sonda Ulysses ha sido única, especialmente por la forma en la que se ha llevado a cabo: ha sido el único vehículo que ha explorado el Sol desde fuera del plano de la eclíptica, analizando el viento solar y el campo magnético de nuestra estrella a todas las latitudes.

Sobrevolar los polos solares era la única forma de poder estudiar la naturaleza del viento solar de la forma más inalterada posible. Debido al fuerte campo magnético del Sol, las partículas cargadas del viento solar ven altamente alteradas sus trayectorias. En el plano de la eclíptica, aquel en el que se mueven con pequeñas desviaciones la totalidad de los planetas del Sistema Solar, dicho campo magnético forma unos bucles que alteran de forma significativa el comportamiento del viento solar. Sobre los polos solares, en cambio, las líneas de campo son prácticamente radiales, casi líneas rectas, permitiendo a estas partículas escapar de su estrella madre de una forma mucho más “natural”, en trayectorias más sencillas que permiten estudiar mejor su origen. Por ello, y para poder estudiar ese campo magnético con una perspectiva tridimensional, los investigadores deseaban estudiar nuestra estrella desde sus polos. Lo difícil era llegar hasta allí.

Para estudiar los polos solares, había que salir de la eclíptica, y eso no es nada fácil: cualquier objeto que parte de la Tierra lo hace con una velocidad que es la suma de la aportada por el lanzador, más la velocidad aportada por la rotación de nuestro planeta, y la aportada por su traslación alrededor del Sol. Por eso todas las misiones interplanetarias (a excepción de Ulysses) se llevan a cabo mediante lanzamientos en dirección este, aprovechando ambas velocidades terrestres, la de rotación y la de traslación (que van en el mismo sentido) para sumarlas a la proporcionada por el cohete.

Pero en el caso de Ulysses sucedía todo lo contrario: si se quería lanzar un vehículo en perpendicular al plano de la eclíptica, el lanzador debería contrarrestar esas velocidades inducidas por nuestro planeta debidas a su rotación y traslación. En caso contrario, un lanzamiento en perpendicular al plano de la eclíptica terminaría convirtiéndose en una trayectoria simplemente inclinada, una vez sumadas las componentes del movimiento terrestre. Es como si una barca intentase cruzar un río con una fuerte corriente: si simplemente se rema en perpendicular a la orilla, se terminará llegando a la orilla opuesta en una trayectoria oblicua, arrastrados por el agua; para cruzar en línea recta hay que remar en parte en contra de la corriente. Por supuesto, esto requiere mucho más esfuerzo…

En el caso de la misión de la sonda Ulysses, la situación era crítica: para contrarrestar los movimientos terrestres y mandar el vehículo a los polos del Sol, no existía ningún lanzador sobre la faz de la Tierra con la potencia suficiente como para poner un solo kilogramo de masa en esa trayectoria.

Ayuda divina

Afortunadamente, existía una solución: para alcanzar los polos del astro rey no teníamos más que solicitar la asistencia del dios de los cielos, Júpiter. Una asistencia gravitatoria de este planeta gigante sí podía proporcionar la energía suficiente a nuestro vehículo para lanzarlo como una honda fuera de la eclíptica, a su trayectoria definitiva hacia los polos solares. Ésta fue la estrategia seguida.

Dieciséis meses después de su lanzamiento, Ulysses alcanzaba el punto de máximo acercamiento a Júpiter en una trayectoria cuidadosamente planificada para que la gravedad joviana la expulsase casi en perpendicular fuera del plano de la eclíptica, comenzando a “caer” hacia el Sol siguiendo su trayectoria definitiva. Entre 1994 y 1995 se lograba la primera pasada sobre los polos solares, para volver a alejarse de nuevo hasta la órbita de Júpiter y volver después en una segunda pasada que tendría lugar entre 2000 y 2001. El tercer sobrevuelo se producía entre 2007 y 2008, y con estas sucesivas extensiones de una misión inicialmente prevista para una única pasada sobre nuestra estrella, se conseguía estudiar el astro rey durante diferentes ciclos de actividad solar, proporcionando a los científicos un valiosísimo flujo de información inédita hasta entonces.

Agonía e ingenio

Pero todo tiene su fin, y por mucho que quiera estirarse, la tecnología no dura eternamente. 18 años después de su lanzamiento, aunque todos sus instrumentos seguían funcionando con normalidad, Ulysses veía acercarse su fin… por simple inanición.

Era algo que debía pasar de una forma o de otra: por el agotamiento del propulsante de su sistema de control de actitud, encargado, entre otros, de mantener siempre la sonda con su antena enfocada hacia la Tierra; o por el agotamiento de su sistema energético, un generador termoeléctrico de radioisótopos, o RTG, encargado de suministrar electricidad a todos los equipos.

El sistema de energía fue el primero en sucumbir. Obligada a operar a enormes distancias del Sol durante buena parte de su órbita, debido a la necesidad inicial de llegar hasta Júpiter para recibir la asistencia gravitatoria, Ulysses no podía confiar en los paneles solares para su suministro energético. La alternativa era el RTG, un sistema que utiliza el calor generado por la desintegración natural de un material radioactivo para generar electricidad por efecto termoeléctrico. El problema de los RTGs es que su flujo de electricidad no es constante: con el progresivo agotamiento de su combustible, el uranio, la electricidad producida decae de forma lenta pero constante desde el mismo instante de su puesta en marcha. A día de hoy, el RTG de la sonda Ulysses genera menos del 70% de su energía inicial; insuficiente para mantener plenamente operativo el vehículo.

El problema empezó a ser grave en 2002, cuando la caída en el suministro eléctrico empezó a impedir el normal funcionamiento de todos los sistemas. La solución adoptada por el equipo de controladores para mantener viva la misión fue el racionamiento, desconectando temporalmente aquellos sistemas o instrumentos que no eran imprescindibles, o cuya importancia científica no era esencial en determinadas partes de la misión. De esta forma, con una vigilancia constante del estado del vehículo, apagando unos sistemas y encendiendo otros, se consiguió mantenerlo operativo para llevar a cabo la tercera exitosa pasada sobre los polos solares, entre finales de 2007 y comienzos de 2008.

A pesar de todo, pronto la situación empezó a hacerse insostenible: a finales de 2007, en un esfuerzo por ahorrar hasta el último watio de electricidad, se decidía desactivar el transmisor principal de la nave durante los periodos en los que no había seguimiento desde las estaciones de tierra, para reactivarlo de nuevo cuando se recuperase la cobertura. Lamentablemente, el 15 de enero de 2008, mientras se llevaba a cabo una de estas operaciones, el dispositivo falló y ya no fue posible volver a encender el transmisor de banda X. Desde entonces, todas las comunicaciones han tenido que llevarse a cabo a través del transmisor secundario de banda S, con una menor capacidad de flujo de datos científicos.

Pero el fallo del transmisor tuvo otra consecuencia de aún mayor gravedad: con su desactivación desaparecía una importante fuente interna de calor, esencial a la hora de mantener un correcto control térmico dentro del vehículo. La consecuencia más crítica era la posibilidad de congelación de la hidracina en el interior de los conductos que alimentaban los motores de control de actitud de la nave. Con un suministro eléctrico bajo mínimos, los calentadores previstos al efecto no podían llevar a cabo su misión con normalidad, y la desconexión del transmisor hizo aparecer puntos fríos en dichos conductos donde podría congelarse el propulsante. La consecuencia sería la pérdida de control en la orientación de la nave, con el consiguiente desapuntado de su antena hacia la Tierra. En la práctica, significaría el fin definitivo de la misión.

Una vez más, los técnicos utilizaron su ingenio para salvar la situación: idearon un procedimiento según el cual cada dos horas se llevaban a cabo breves encendidos de los motores de control de actitud (de forma simétrica, para evitar movimientos reales del vehículo) para obligar a la hidracina a moverse en el interior de los conductos, evitando así su congelación en los puntos fríos. Lógicamente, la solución implicaba cierto desperdicio de combustible, pero era la única alternativa frente a la opción de muerte definitiva del vehículo.

Bajo constante cuidado y vigilancia por parte del equipo de tierra, Ulysses sobrevive precariamente en espera de su inevitable final, que podrá suceder ahora tanto por carencias eléctricas como, más probablemente, por el agotamiento de la hidracina de su sistema de control de actitud. A fecha de hoy, Ulysses sigue enviando valiosísimos datos científicos de esta fase de intensos mínimos en la actividad solar (un récord de los últimos 96 años) así como sobre el entorno interplanetario que va atravesando, en lo que ha sido una de las misiones científicas más fructíferas y rentables de la historia de la exploración espacial. Entre tanto, los controladores continúan con sus intensos esfuerzos de racionamiento e inventiva, en un vehículo que agoniza pero que se resiste a morir. Las conexiones del transmisor intentan mantenerse en la actualidad al mínimo imprescindible para transmitir los datos científicos más importantes, ya que cada vez que se conecta éste la temperatura en las líneas de hidracina cae bruscamente, por la caída de suministro eléctrico a los calentadores. La principal amenaza sigue siendo el agotamiento de este propulsante, al continuarse con las maniobras de expulsión de pequeñas cantidades cada dos horas para evitar su congelación. A día de hoy, finales de mayo, los técnicos no tienen forma de saber cuánta hidracina queda exactamente en el depósito, por lo que el fin de la misión por inanición de sus sistemas de control de actitud podría sobrevenir en cualquier momento. Pero lo cierto es que mes tras mes desde hace un año Ulysses se resiste a sucumbir ante lo inevitable. En fin, todo un éxito para esta sonda europea, y toda una muestra de lo que el ingenio humano puede hacer para alargar hasta cuatro veces la vida de un vehículo diseñado para durar tan sólo 5 años. (Imagen: ESA)

(Nota: el estilo de este artículo se desmarca del resto del blog porque no era éste su destino inicial; en cualquier caso, viene bien variar de vez en cuando, creo...)

29 mayo 2009

Nuevos destellos en el cielo

Hasta ahora, los aficionados a mirar al cielo en las noches estivales teníamos los satélites Iridium para disfrutar del espectáculo de sus frecuentes destellos, cuando el Sol incide sobre sus extensos paneles solares con el ángulo adecuado para reflejarlo hacia donde estamos nosotros. Estos destellos son unos viejos conocidos para los aficionados, principalmente por el hecho de ser perfectamente predecibles, de modo que siempre podemos impresionar a los amigos cuando salimos una noche de copas, con ayuda de un reloj y con conversaciones como ésta:

- Mira hacia aquella zona del cielo, ya verás…
- ¿Qué quieres que vea? Veo estrellas, como siempre, ¿qué pasa?
- Espera, espera un poco…
- ¡Halaaa! ¿Qué ha sido eso?

Efectivamente, con páginas como Heavens-Above cualquiera podemos consultar cuándo se verá un destello de Iridium por nuestra zona, y en qué parte del cielo, con qué duración y brillo, etcétera. Pues bien, tras la ampliación de la Estación Espacial Internacional con toda su plétora de paneles solares, tenemos ahora un nuevo objeto en el firmamento lanzando reflejos aquí y allá, y con un brillo que al parecer es espectacular (aún no he tenido la suerte de comprobarlo personalmente). Según leo, hasta 25 veces más brillante que Venus, o magnitud -8; una magnitud equivalente a los destellos de Iridium más intensos.

El problema es que por ahora estos destellos de la ISS no son predecibles. Sí lo son los pasos de la estación por nuestra zona, algo que también puede consultarse en la mencionada Heavens-Above, entre otras muchas páginas, pero por ahora no sabemos si en cada pasada tendremos destello o no. Lógicamente, esto depende de la posición de los paneles solares orientables de la estación y la actitud (orientación) de ésta relativa a nosotros y al Sol, y por ahora parece que los distintos parámetros en juego no se han implementado en el software que predice estos eventos. Lo cual en cierto modo hace que observar uno de estos destellos tenga aún más encanto, pues siempre serán una agradable sorpresa para quien consiga “cazarlos”.

En la foto que acompaña esta entrada podemos contemplar la secuencia de uno de estos destellos, capturado por casualidad por un astrónomo aficionado holandés que apuntaba su telescopio hacia la ISS desde el jardín de su casa. Por supuesto, no necesitamos un telescopio para contemplar el destello, que es perfectamente visible a ojo desnudo, aunque desde luego capturarlo desde un telescopio debe ser mucho más espectacular (y literalmente deslumbrante, supongo).

En fin, lo dicho: ahora que ya tenemos aquí el buen tiempo (los que vivimos en el hemisferio norte), podemos empezar a disfrutar de las noches estivales al aire libre con un motivo más para mirar al cielo. Como si hubiera pocos… (Foto: Quintus Oostendorp)

27 mayo 2009

Genio y figura

¿Os acordáis de Griffin? Sí, me refiero a Michael Griffin, el que fuera Administrador de la NASA hasta el pasado enero, y que dejó la agencia de forma un tanto sonada. Parece que ahora que por fin se ha anunciado quién será el nuevo administrador tras un largo periodo de cuatro meses con un administrador interino, deberíamos hablar más de Charles Bolden y menos de Griffin, ¿verdad? Pues sí, pero lo cierto es que si por algo ha destacado Griffin durante los cuatros años que ha estado al frente de la NASA ha sido por su capacidad para aparecer en los medios, a través de apariciones y discursos a menudo directos y de gran efectividad, incluso polémicos en ocasiones. Y ésta es una actividad que parece que no ha abandonado después de dejar la NASA.

La verdad es que desde que dejó la agencia el 20 de enero, todavía ha seguido apareciendo periódicamente en la prensa especializada, por sus frecuentes alegatos en defensa del proyecto Constellation en su configuración actual, la que él diseñó y defendió a capa y espada durante toda su estancia en la NASA. Esta misma semana ha aprovechado su incorporación a su nuevo puesto como profesor de la Universidad de Alabama en Huntsville, para conceder una entrevista al Huntsville Times en la que demuestra que sigue siendo el Griffin de siempre, y hasta se diría que siguiera al frente de la NASA. Como dice el refrán, “genio y figura hasta la sepultura”.

Por supuesto, ha aprovechado la entrevista para defender una vez más su esquema del proyecto Constellation. Pero también ha hecho una defensa más general del programa espacial, con palabras muy similares a las que ya ha utilizado años atrás: por ejemplo, recordando que el presupuesto de la NASA no llega ni al 1% del presupuesto global de los Estados Unidos, aunque la opinión pública a menudo piensa que la cifra es del orden de un 25%; y lo ha comparado con lo que se gastan los norteamericanos en pizzas, 27 millardos de dólares anuales, una cifra superior a los 18 millardos anuales que recibe la NASA. Un tema del que ya hemos hablado un par de veces en este blog, aquí y aquí.

Sinceramente, me descubro ante Griffin por su empeño y habilidad para defender sus intereses y sus ideas. Porque independientemente de lo que se piense sobre su desempeño al frente de la NASA durante estos cuatro años (para lo cual hay opiniones de diferente tipo), lo que no se le puede negar es su habilidad para hacerse oír, para recordar que la NASA existe y que realiza una importante labor, y para luchar (lamentablemente con escaso éxito) por aumentar el compromiso con la agencia por parte del gobierno y la población. Frente al bajo perfil que han mantenido habitualmente otros administradores de la NASA, grandes desconocidos para la opinión pública y cuyos nombres raras veces aparecían en la prensa, Griffin ha hecho de las relaciones públicas una parte importante de su trabajo. Y hay que reconocer que, independientemente del éxito real que haya podido tener, sabe hacerlo, no es un burócrata que aburre con discursos políticos y de cifras, sino alguien con habilidad para llegar a la gente y transmitir eficazmente las ideas. Y encima anda que no dio juego para comentar sobre él en este blog…

Por supuesto, el principal trabajo de un administrador debe ser gestionar la NASA con efectividad. Pero desde luego que es un cargo con una gran componente política, por su estrecha dependencia de la Casa Blanca y el Congreso, y por ello la capacidad del administrador para ganarse el favor de estos estamentos es de vital importancia. Si Charles Bolden tiene al menos una parte del carisma que ha sabido demostrar Mike Griffin, desde luego que será un importante añadido a su trabajo. Veremos qué tal “nos sale” este antiguo astronauta del cuerpo de Marines… (Foto: Al.com)

¿A mano o a máquina?

Curiosa imagen la que traigo hoy, aunque ni mucho menos excepcional. Es nuestro Sol, sí, pero sin una sola mancha. Como preparadito para un anuncio de detergente.


Digo que la imagen no es excepcional porque esta situación se repite periódicamente durante las fases de mínima actividad solar. Nuestro Sol sufre ciclos que van alternando fases de máxima actividad, con gran aumento en el número de manchas solares, y fases de mínimos, en las que dichas manchas llegan a caer hasta cero en ocasiones, como nos muestra esta fotografía. En la actualidad llevamos ya varios meses en fase de mínimos, y no es la primera vez que se puede contemplar un sol como lavado con Dixan. (¿Os acordáis? “¿Es nuevo? No, no: lavado con Dixan”. Qué tiempos aquellos de los anuncios de detergentes con el hombre blanco de Colón o el pique de las vecinas por ver quién tenía la ropa más blanca… ¡Qué políticamente incorrecto quedaría ahora todo aquello! Y qué contraste con los actuales anuncios llenos de batas blancas y ensayos de laboratorio…)

Bueno, sigamos con lo nuestro. La imagen resulta especialmente chocante cuando la comparamos con otras a las que estamos más acostumbrados, como ésta:


Como decía, no es la primera vez que se repite esta imagen de un Sol sin manchas en los últimos meses. De hecho, el año de 2008 se ha producido uno de los mínimos de actividad solar más bajos del siglo, teniendo que remontarnos hasta 1913 para encontrar un año con menos actividad aún. De los 366 días de 2008, en 266 pudimos contemplar un Sol impoluto, como en la fotografía. Y la cosa sigue: a 31 de marzo de 2009, llevábamos 78 días sin manchas de un total de 90.

Como sabemos, estos ciclos de actividad solar se repiten cada 11 años, y reflejan cambios en la actividad magnética en la superficie de nuestra estrella. Sobre el porqué de todo esto todavía hay muchas preguntas por responder, y es un campo de intensa investigación al que hay dedicados varios satélites astronómicos especializados. En este caso, la fotografía es del satélite europeo SOHO. Para más información sobre las manchas y ciclos solares, podéis consultar este extenso artículo en la Wikipedia. (Fotos: SOHO/MDI)

22 mayo 2009

El Cosmonauta

Los chicos de Riot Cinema Collective se han lanzado a la piscina con una propuesta interesante y orginal: “El Cosmonauta”, un proyecto de largometraje de ciencia-ficción sobre un cosmonauta ruso desaparecido en una misión ficticia a la Luna. Pasado un tiempo, su nave retorna vacía, mientras se empiezan a recibir transmisiones de radio con la voz del cosmonauta que asegura haber vuelto a la Tierra y haberla encontrado desierta…

Pero lo realmente singular de “El Cosmonauta” no es su guión, sino el esquema elegido para su financiación. Se trata del “crowdfunding”, o financiación masiva por medio de múltiples donaciones anónimas (o no tanto). A partir de tan sólo 2 euros puedes convertirte en coproductor de este interesante proyecto, lo cual te permitirá, aparte de la satisfacción de financiar el proyecto, participar en el sorteo de un traje de cosmonauta auténtico y aparecer en los títulos de crédito de la película. Y si quieres invertir más de 2 euros, tienes un montón de posibilidades adicionales para elegir, ya que cada aportación se ve recompensada con regalos de valor proporcional al dinero invertido. Como contraprestación a tu aportación puedes elegir desde pegatinas o insignias soviéticas hasta, por ejemplo, una copia firmada de mi último libro, Wernher von Braun; entre el águila y la esvástica.

Y tampoco es la financiación el único aspecto original del proyecto. Otro es que la película se realizará bajo licencia Creative Commons: su distribución será gratuita a través de Internet, y no sólo eso, sino que podrás ser libre de modificarla a tu antojo, de aportar tu propia visión de la película, y de volver a compartir la nueva versión para disfrute de toda la comunidad. Una apuesta por una visión muy diferente de la producción artística.

Por si alguno se lo está preguntando, no tengo nada que ver con el proyecto, pero los chicos de Riot Cinema Collective se pusieron en contacto conmigo en busca de apoyo y de ahí salió finalmente esta pequeña colaboración en forma de libros firmados. Esperemos que tengan mucho éxito con este ilusionante proyecto. Entre tanto, si queréis conocerlo más en profundidad o convertiros también en productores de la película por un precio módico y siempre recibiendo algo a cambio, no tenéis más que visitar su web: http://www.elcosmonauta.es/

¡Nos vemos en los cines!